"El Renacer de Beaumont" no es simplemente una historia de fantasía y romance; es una deconstrucción profunda del tropo de la "villana de novela" que desafía la idea del destino prefijado. La trama sigue a Elena Vega, una estratega brillante de nuestro mundo moderno que despierta en el cuerpo de Elaria de Beaumont, la antagonista destinada a morir en una serie de eventos trágicos dentro de un universo ficticio. En la narrativa original, Elaria estaba condenada a ser una marioneta sacrificable en un juego de poder, destinada a caer ante la "heroína", una chica llamada Aria que, obsesionada con los tropos de las novelas de romance, intentaba forzar un guion que no existía en la realidad.
La historia comienza con la transición de Elaria. A diferencia de otras protagonistas que aceptan su destino con resignación, Elaria de Beaumont utiliza su mente analítica, propia de una experta en teoría de juegos y estrategia, para diseccionar el imperio de Heliodor. Se da cuenta rápidamente
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CAPÍTULO 16: El Primer Encuentro y el Error del Guion El Plan de la "Protagonis
Aria caminaba por los relucientes pasillos de mármol de la Academia Real de Magia sosteniendo un pesado montón de libros contra su pecho. Su largo cabello lavanda claro se mecía con una suavidad perfecta y sus enormes ojos rosa brillaban con una determinación absoluta bajo su eterna sonrisa dulce.
En su vida pasada, ella había completado todas las rutas de este juego otome en dificultad máxima. Sabía exactamente qué diálogos elegir, qué eventos activar y cómo hacer que el Príncipe Heredero cayera rendido a sus pies. Ser una plebeya con magia de luz era el inicio clásico de la ruta del amor verdadero.
Y el momento de activar el primer "Evento de Encuentro Sincronizado" (CG) acababa de llegar.
Al doblar el pasillo principal, Aria divisó a sus objetivos. Caminando con una elegancia imponente, el Príncipe Lysander Valerius avanzaba flanqueado por Lady Elaria de Beaumont. Aria apretó los libros contra su pecho, respiró hondo y aceleró el paso. El guion dictaba que ella debía tropezar torpemente contra el pecho del príncipe, los libros caerían al suelo, sus miradas se cruzarían y la magia del destino comenzaría a actuar.
—¡Ah! —exclamó Aria con una voz aguda y angelical, fingiendo perder el equilibrio justo cuando estaba a un milisegundo de chocar contra Lysander.
La Ley de la Gravedad (y de la Apatía)
Lo que Aria no calculó fue que el Lysander de esta realidad no era un personaje plano de un videojuego. Entrenado desde los diez años para detectar cualquier amenaza física o mágica, y con sus reflejos agudizados por su constante interacción con Elaria, el príncipe reaccionó por puro instinto militar.
En lugar de sostener a la chica indefensa entre sus brazos, Lysander dio un paso lateral, fluido y perfecto, esquivándola por completo como si evitara un charco de agua.
Aria, impulsada por su propio peso forzado, no encontró ningún pecho real donde apoyarse. Pasó de largo y terminó cayendo de rodillas al suelo con un golpe seco. Los libros salieron volando en todas direcciones, esparciéndose por el mármol.
El pasillo quedó en un silencio sepulcral. Los nobles que caminaban cerca se detuvieron, estupefactos.
Lysander se sacudió una mota de polvo invisible de su uniforme imperial azul, sin siquiera agacharse a mirar a la chica en el suelo. Sus ojos azules, gélidos y distantes, se fijaron en Aria con una mezcla de profunda sospecha y aburrimiento absoluto.
—Qué movimientos tan erráticos para alguien admitida en la academia —comentó Lysander, con una voz tan fría que congelaría el desierto—. Si tu control del maná es tan deficiente como tu equilibrio, dudo que pases de la primera semana, plebeya.
El Disfrute de la Villana
Aria se quedó congelada en el suelo, con los ojos rosa abiertos de par en par. Esto no es lo que decía la guía del juego, pensó, entrando en pánico mutuo. El príncipe heredero debía disculparse, recoger sus libros y sonreírle con ternura. ¿Por qué la miraba como si fuera un insecto molesto?
Al levantar la vista, Aria se topó con los ojos agudos y oscuros de Elaria de Beaumont.
Elaria dio un paso al frente, cruzándose de brazos. En su cuello, el zafiro estelar del Emperador Saint Valerius captó la luz del pasillo. La heredera de los Beaumont observó la escena con una sonrisa traviesa y juguetona, la viva imagen de una villana que acababa de encontrar un juguete nuevo muy divertido. Elena Vega, desde el fondo de su mente, estaba riéndose a carcajadas. El intento de forzar el cliché romántico había sido patético.
—Vaya, Su Alteza —dijo Elaria, con un tono arrastrado, sofisticado y cargada de una fingida indignación aristocrática—. Parece que las reformas de la junta escolar traen especímenes muy... pintorescos este año. Tirarse a los pies del príncipe heredero en el primer día es una estrategia bastante desesperada, incluso para los de tu clase.
Aria apretó los puños contra el suelo, intentando activar su segunda carta: la mirada de lástima. Lágrimas perfectamente ensayadas brillaron en sus ojos rosa.
—Yo... lo lamento mucho, Lady Elaria, Príncipe Lysander... —sollozó Aria, proyectando su voz para que los demás la oyeran—. Solo fue un accidente. Soy una plebeya y estos libros de magia avanzada son muy pesados... No quería molestar a la nobleza...
—Si son tan pesados, debiste usar un hechizo de levitación básico de primer año —replicó Elaria, cortando su actuación con una frialdad quirúrgica—. A menos, claro, que tu entrada a esta academia haya sido un error de la administración. Levántate y limpia tu desastre. Estás estorbando el paso de la familia real.
Un Tablero Destruido
Lysander no esperó a que Aria respondiera. Extendió su brazo hacia Elaria, ignorando por completo la figura de la heroína en el suelo.
—Vámonos, Elaria. No perdamos el tiempo con distracciones irrelevantes. La ceremonia de apertura está por comenzar —sentenció el príncipe.
—Como desees, mi príncipe —respondió Elaria, apoyando su mano en su brazo.
Antes de avanzar, Elaria miró de reojo a Aria una última vez. La chispa de Magia Universal en sus ojos oscuros le envió un mensaje silencioso a la heroína: Sé quién eres, sé lo que buscas, y este mundo ya no te pertenece.
La Pareja Dorada continuó su camino, dejando a Aria sola en el suelo, rodeada de sus libros y de las miradas de burla de la baja nobleza. Aria vio desaparecer el cabello rubio de Lysander y el vestido oscuro de Elaria al fondo del pasillo. El pánico en su pecho se transformó en una fría comprensión: el juego otome que ella conocía estaba completamente roto, y la villana de la historia era mil veces más peligrosa de lo que los programadores jamás diseñaron.