Xie Lin desde pequeña fue educada para ser una dama, una buena esposa y madre. Pero ella tenía otros intereses y en secreto entrenaba su cuerpo para el combate y el uso de la espada. Su vida cambia cuando es elegida para ser la consorte del príncipe heredero y al saber que este, ama a otra mujer, le propone un trato: si ella logra entrar a las fuerzas militares y volverse general, él la dejará libre de ese matrimonio.
Pero, obligada a tener un hijo, ella cumple, con la promesa de que, unirse a las tropas del emperador y cuando la guerra inicia, ella logra su objetivo con grandes méritos, pero, el príncipe heredero, ahora emperador, no la quiere dejar ir.
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Capitulo 22
El trayecto hacia las minas fue silencioso. El frío calaba hasta los huesos, pero Lin no permitía que sus hombres encendieran antorchas; el resplandor sería una señal demasiado clara para los exploradores del Khan. Tras un largo trayecto, llegaron finalmente a la entrada de la vieja mina.
La entrada estaba parcialmente bloqueada por rocas antiguas cubiertas de musgo congelado. Lin desmontó y se acercó a la pared de piedra, acariciando la superficie fría.
—Capitán —llamó en voz baja.— preparen la pólvora, en cuanto el Khan y sus solados atraviesen esa cueva, la haremos colapsar.
—General —el Capitán se acercó con duda— no es por ser pesimista, pero, ¿cree que de verdad el Khan venga a este lugar?, él debe saber que las minas no son estables. Además el General Wei ha dicho que las tropas del Khan no se han movido.
—estoy segura que si, ha de saberlo, pero, el Khan no es alguien que se quede quieto por mucho tiempo. Les aseguro que si van a ese campamento, el Khan no estará allá.— ese campamento debe de ser solo una distracción.
Sus soldados se quedaron en silencio un momento, pero, si de algo estaban seguros, es que General no esta equivocada, después de todo, ella llevo a la victoria a sus tropas durante la guerra. Lin no solo una guerrera agil y fuerte, también era buena anticipando los planes de sus enemigos.
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Mientras sus hombres trabajaban en silencio reforzando preparando la pólvora y colocando las cargas en lugares estratégicos, Lin se alejó un momento hacia un saliente que miraba hacia el sur, en dirección al palacio. Pensó en Jian y en la calidez de los brazos de Xen. Por un segundo, el peso de la armadura le pareció insoportable, pero lo sacudió de inmediato.
De pronto, un silbido rompió el silencio. Era la señal de sus exploradores.
—¡Vienen! —susurró el vigía desde la penumbra.
A lo lejos, una hilera de sombras se movía como una serpiente oscura sobre la nieve. No traían luces, lo que confirmaba la sospecha de Lin: buscaban el factor sorpresa. El Khan del Hielo no era un tonto; sabía que el Paso de la Serpiente sería una opción perfecta para una trampa de sus enemigos y estaba apostando todo a este camino olvidado.
—A sus posiciones —ordenó Lin, desenvainando su espada con un siseo metálico—. Que nadie ataque hasta que yo dé la orden. Quiero que el túnel esté lleno de sus hombres antes de que se den cuenta de que han entrado en una tumba.
El sonido de los cascos de los caballos enemigos sobre la piedra suelta empezó a retumbar. Lin se colocó el casco, ajustando la correa. En su mente, una última frase se repitió como un mantra: «Volveré, Xen. Por ti y por Jian».
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Las primeras figuras emergeron de la oscuridad de la noche, siluetas imponentes que avanzaban con cautela. No eran una masa desorganizada; esta era una fuerza de élite, moviéndose con precisión. Y justo como Lin había predicho, el Khan del hielo venía junto a ese grupo de soldados.
—¿Acaso la General puede ver el futuro?... —murmuró uno de sus capitanes, con los ojos muy abiertos.
El hombre que lideraba esas tropas no era otro que el temido Khan del Hielo, una leyenda viva de la guerra. Su presencia era imponente, un hombre alto y fornido, con una mirada afilada.
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El Khan detuvo su caballo justo en la entrada de la mina, su mirada penetrante barriendo la oscuridad antes de que sus soldados comenzaran a desmontar y a prepararse para entrar a pie. No mostraba prisa, sino una calculada anticipación. Parecía percibir el peligro en el aire, pero su arrogancia no le permitía retroceder.
Lin vio su oportunidad. Si el Khan entraba, la trampa se cerraría no solo sobre su vanguardia, sino sobre el propio líder enemigo. Eso podría terminar la guerra de un solo golpe.
Con una señal de mano, ordenó a sus arqueros estar listos, así como a los encargados de detonar la pólvora. No dispararían aún. Los hombres del Khan comenzaron a internarse en la mina, sus pasos resonando y el brillo de sus armaduras de hielo reflejándose en las húmedas paredes. La atmósfera se volvió opresiva, cargada con la promesa de la violencia.
El Khan, con un grupo selecto de sus guerreros más leales, también se adentró en el oscuro vientre de la montaña. Sus ojos, como fragmentos de hielo, escudriñaban cada sombra. El silencio se prolongó hasta volverse insoportable, roto solo por el goteo constante del agua y el roce de la piedra bajo las botas de los invasores.
De repente, cuando el grueso de la vanguardia del Khan ya estaba profundamente dentro del primer túnel, Lin dio la orden.
—¡ahora! — el Capitán tal y como Lin le había dado las instrucciones.
Un estruendo se escucho en lo alto de aquellas montañas y dentro, las paredes se sacuden haciendo eco, el túnel empieza a colapsar, el Khan y los soldados que habían entrado, dan la vuelta para volver, pero las rocas cubren su camino. Solo los que aún estaban cerca de la entrada logran salir, pero, son recibidos con una lluvia de flechas, algunos caen, otros buscan desesperadamente un refugio. La sorpresa fue total. Gritos de dolor y sorpresa resonaron en el túnel, el Khan como último método de escape, ordenó adentrarse más al túnel, donde los explosivos no lograron hacer efecto. Pero eso justo ahí donde otra sorpresa les esperaba. Las antorchas que Lin había mantenido ocultas se encendieron, revelando a sus cuarenta soldados apostados en posiciones ventajosas, dominando los pasajes.
El Khan, aunque sorprendido, reaccionó con la velocidad de un felino. Desenvainó su espada, un arma forjada en acero oscuro que parecía exudar un frío antinatural, y con un rugido que hizo vibrar la montaña, cargó hacia la posición más cercana de los hombres de Lin. Sus guardias personales formaron una pared de escudos a su alrededor, mientras los arqueros de Lin continuaban su asalto.
Esto no era la aniquilación pasiva que Lin había planeado inicialmente. Esto era una batalla, cuerpo a cuerpo, dentro de las entrañas de la tierra, con el mismísimo Khan del Hielo liderando la carga. La trampa se había activado, pero el ratón era mucho más peligroso de lo que había previsto, aun así, ella no estaba dispuesta a rendirse.
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Qué Lin obtenga esa información del anciano y sepa a quién se enfrenta /Left Bah!/
Ojalá Lin no lo de por muerto o le dará más adelante una sorpresa /Grievance/
ya estoy intrigada