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PACTO DE SANGRE Y CENIZAS

PACTO DE SANGRE Y CENIZAS

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Mafia / Traiciones y engaños
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Andy GZ

En un mundo donde la superficie de la civilización es solo una máscara para las guerras de castas entre Alfas, Betas y Omegas, la ciudad de Chicago se convirtió en el tablero de ajedrez más sangriento del siglo XXI. La obra narra la colisión de dos linajes destinados a destruirse: la Bratva Volkov, liderada por el implacable y territorial Valerius, y la dinastía Moretti, cuyo último heredero, Dante, fue entrenado como un arma de precisión conocida como "El Fénix".

Lo que comenzó como un matrimonio forzado para evitar una guerra total, se transformó en una devoción absoluta que desafió las leyes de la mafia. A través de traiciones familiares, conspiraciones científicas de la Red Zero y el acecho de padres que veían en sus hijos simples herramientas de poder, Valerius y Dante forjaron un vínculo inquebrantable que mezcló el aroma del roble quemado con vainilla negra

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Capítulo 13: El Asedio de las Sombras

La noche en Chicago no era oscura, sino de un azul eléctrico y gélido. En lo alto de la Torre Volkov, el aire estaba tan cargado de tensión que el aroma a roble quemado de Valerius y la vainilla negra de Dante se entrelazaban en una atmósfera densa, casi inflamable. El silencio del ático era artificial; sabían que en las sombras del asfalto, a cientos de metros bajo sus pies, los motores de la traición ya estaban en marcha.

Dante terminaba de ajustar los cierres de un chaleco táctico que Valerius le había entregado de su armería privada. Se movía con la precisión de un depredador que recupera su hábitat. Ya no había cadenas, solo el peso reconfortante de dos Berettas en sus caderas y su inseparable daga de obsidiana envainada en el antebrazo.

—Si Enzo entra por los conductos de ventilación del nivel 40, quedará atrapado en la zona de fuego cruzado —dijo Dante, desplegando un mapa holográfico de la torre sobre la mesa de cristal—. Pero él no es tan estúpido. Usará el equipo de la Red Zero para hackear los ascensores de carga.

Valerius lo observaba mientras cargaba los cargadores de su rifle de asalto. La visión de Dante —su Omega, su enemigo, su obsesión— armado hasta los dientes y planeando la defensa de la fortaleza rusa, le provocaba un escalofrío que no era de miedo, sino de una posesividad salvaje.

—Que entre —gruñó Valerius, su voz vibrando con la autoridad de un Alfa que reclama su territorio—. Esta torre ha sido el orgullo de los Volkov por tres generaciones. Si mi hermano o el tuyo creen que pueden profanarla y salir con vida, es que han olvidado lo que significa la palabra venganza.

De pronto, las luces del ático parpadearon y se tiñeron de un rojo carmesí. Las alarmas silenciosas vibraron en sus dispositivos de muñeca. El hackeo había comenzado.

—Están aquí —susurró Dante.

El primer estruendo no vino de las puertas, sino de los ventanales reforzados. Tres granadas de aturdimiento rompieron el cristal blindado con cargas de demolición controladas, inundando la estancia de un humo blanco y un ruido ensordecedor. Cuatro sombras tácticas de la Red Zero descendieron en rápel desde el techo, con sus visores infrarrojos brillando como ojos de insecto en la penumbra.

Dante no esperó a que el humo se disipara. Se lanzó al suelo, rodando detrás del sofá de cuero, y abrió fuego. Dos disparos, dos hombres caídos antes de que pudieran tocar el suelo. A su lado, Valerius se movía como una fuerza imparable; no buscaba cobertura, buscaba el choque. El Alfa interceptó al tercer mercenario en el aire, estrellándolo contra la columna de mármol donde horas antes Dante había estado encadenado. El sonido del cráneo rompiéndose contra la piedra fue seco y definitivo.

—¡Izquierda, Valerius! —gritó Dante.

Un cuarto hombre apuntaba al pecho del ruso. Dante lanzó su daga con una trayectoria curva perfecta; el metal negro se hundió en la garganta del atacante justo antes de que este pudiera apretar el gatillo. Valerius apenas miró el cadáver a sus pies; su mirada se cruzó con la de Dante en medio del humo. Había una comunicación silenciosa, una sincronía que desafiaba años de odio entre sus familias.

Pero el ataque principal estaba por llegar. Las puertas del ascensor privado se abrieron con un chirrido metálico. Enzo Moretti salió de la cabina, flanqueado por diez hombres armados. No vestía traje táctico, sino un abrigo de lana largo, con la arrogancia de quien cree que ya ha ganado la partida.

—Hermanito... Valerius... —la voz de Enzo resonaba con un eco burlón—. Qué escena tan conmovedora. El perro de los Moretti y el lobo de los Volkov lamiéndose las heridas en el mismo nido. Papá se avergonzaría de ver cómo has caído, Dante.

Dante salió de su cobertura, con el arma levantada y el rostro manchado de hollín y sangre ajena. —El único que debería avergonzarse eres tú, Enzo. Vendiste nuestra sangre a mercenarios extranjeros porque no tienes las pelotas para liderar a los Moretti por ti mismo.

—Lideraré sobre tus cenizas, Dante —Enzo hizo una señal y sus hombres abrieron fuego.

El ático se convirtió en un infierno de plomo. Valerius agarró a Dante por el hombro y lo empujó hacia el pasillo que conducía a la armería, cubriéndolo con su propio cuerpo mientras devolvía las ráfagas de balas. Sentir el calor de Valerius, su aroma a roble quemado mezclado con el olor acre de la pólvora, hizo que Dante sintiera una oleada de adrenalina pura. No estaban luchando por sus familias; estaban luchando por el derecho a decidir quién los mataría.

—¡Necesitamos llegar a la sala de servidores para bloquear el edificio! —rugió Valerius sobre el estruendo—. ¡Si Enzo toma el control total, activará la autodestrucción!

—¡Ve tú! —respondió Dante, cambiando el cargador de su Beretta con una mano mientras la otra lanzaba una granada cegadora hacia el grupo de Enzo—. ¡Yo los entretendré! ¡Es a mí a quien quiere!

—¡Ni de broma te dejo solo con él! —Valerius lo acorraló contra la pared por un segundo, su mirada gris quemando la de Dante—. Me debes una vida, ¿recuerdas? No pienso dejar que un Moretti de segunda clase me robe el placer de cobrarme esa deuda. ¡Caminamos juntos o morimos juntos, pero no te vas de mi vista!

Dante sonrió, una expresión feroz y hermosa que cortó el aliento del Alfa. —Entonces vamos a enseñarle a mi hermano cómo pelean los verdaderos dueños de esta ciudad.

Espalda con espalda, el Alfa y el Omega se abrieron paso a través del pasillo. Era una danza de muerte perfecta: Valerius aportaba la fuerza bruta y el fuego de cobertura, mientras Dante se movía como una sombra, eliminando amenazas en los ángulos muertos. Por primera vez en la historia de Chicago, el acero ruso y el fuego italiano no se chocaban para destruirse, sino para forjar algo nuevo.

Al final del pasillo, la puerta de la sala de servidores se cerró tras ellos. Fuera, los hombres de Enzo golpeaban el metal, pero dentro, en el silencio de los ordenadores parpadeantes, Valerius y Dante se miraron. Estaban heridos, rodeados y marcados como traidores, pero en ese momento, eran lo más vivo que habían estado en toda su existencia.

1
YRUM
excelente 👍🏻
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