NovelToon NovelToon
EL DESCONOCIDO EN MI ALMOHADA

EL DESCONOCIDO EN MI ALMOHADA

Status: Terminada
Genre:Fantasía épica / Mundo de fantasía / Viaje a un mundo de fantasía / Completas
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

El Desconocido de mi Almohada es una historia de amor, misterio y autodescubrimiento que te hará cuestionar los límites entre la realidad y la fantasía.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 1

Dicen que el cerebro no es capaz de inventar rostros. Que cada persona que aparece en tus sueños es alguien que te cruzaste en la calle, alguien que te vendió un café o que viste de reojo en el metro hace diez años. Si eso es cierto, mi subconsciente tiene una memoria fotográfica aterradora, porque el hombre que me espera cada noche al cerrar los ojos no se parece a nadie que yo haya conocido en este lado de la realidad.

Me desperté con el sabor de la sal en los labios y el calor de una mano que ya no estaba.

Eran las 6:30 de la mañana. El despertador de mi iPhone todavía no había empezado su tortura diaria con ese tono de "Arpegio" que ya odio. Me quedé inmóvil, mirando el techo de mi habitación en Madrid. Las sábanas de hilo egipcio estaban perfectamente estiradas, excepto por el hueco que mi cuerpo ocupaba. Todo en mi vida era así: planchado, simétrico, bajo control.

—Valeria, vuelve a la tierra —me susurré a mí misma, frotándome la cara.

Pero mi mente seguía en esa playa de arena negra donde lo había dejado hace apenas unos segundos. En el sueño, él no hablaba mucho. No necesitaba hacerlo. Tenía los ojos rasgados, profundos, de un color café tan oscuro que casi se confundía con el negro, y una forma de mirarme que me hacía sentir que yo era la única estructura sólida en un mundo de humo. Era coreano. Lo sabía por la forma en que pronunciaba mi nombre, con una cadencia suave, arrastrando la "r" de una manera que me erizaba la piel.

Me levanté y caminé descalza hasta el baño. El mármol frío me ayudó a aterrizar. Al mirarme al espejo, vi lo que todo el mundo veía: una mujer de veintiocho años con el pelo castaño ligeramente revuelto, una piel cuidada y esa chispa de "éxito" que te da trabajar doce horas al día en una de las mejores agencias de marketing de la ciudad.

—Tienes una vida increíble, Valeria —me dije, repitiendo el mantra que mis amigas me soltaban cada viernes entre copas de vino—. Tienes un ascenso a la vuelta de la esquina, un piso en el centro y a Marcos.

Marcos. Mi novio desde hace tres años. Un hombre que era, sobre el papel, el partido perfecto: arquitecto, deportista, puntual y terriblemente predecible. Anoche habíamos cenado sushi y habíamos hablado de la hipoteca. Fue una cena agradable. Fue... correcta.

El problema es que "correcto" ya no era suficiente.

Mientras me duchaba, intenté retener los detalles del sueño antes de que se evaporaran, como siempre pasa con la luz del día. Esta vez había sido diferente. Él llevaba un abrigo largo, gris oscuro, y estábamos frente a una estructura de madera antigua, un portal que parecía sacado de una película histórica.

—Encuéntrame —me había dicho justo antes de que el mundo empezara a temblar por el inicio de mi vigilia—. No falta mucho.

Salí de la ducha y me vestí mecánicamente. Elegí un traje de chaqueta azul marino y una camisa blanca. Mi armadura para la oficina. Mientras me ponía los pendientes, mi teléfono vibró sobre la mesilla. Era un mensaje de Marcos.

“Buenos días, Val. Me he dejado el cargador en tu casa. ¿Te veo luego para cenar? Hay un sitio nuevo de hamburguesas que tiene buenas críticas.”

Hamburguesas. Otra vez lo seguro. Otra vez lo fácil. Le contesté con un "Claro, nos vemos luego" y un emoji de corazón que me pareció la mentira más grande que había escrito en la semana.

El trayecto al trabajo fue lo de siempre: gente con cara de sueño, el olor a café quemado en el metro y el sonido metálico de los frenos. Pero yo no estaba allí. Estaba buscando entre la multitud unos ojos rasgados. Buscaba ese abrigo gris. Me sentía como una loca, una de esas personas que pierden el contacto con la realidad, pero el sentimiento era tan físico, tan real en mi pecho, que me costaba respirar.

Al llegar a la oficina, mi jefa, Elena, me llamó a su despacho. Elena es una mujer que desayuna cristales; no pierde el tiempo con saludos innecesarios.

—Valeria, siéntate —dijo sin levantar la vista de su monitor—. Sabes que el cliente de Seúl, la tecnológica Han-Guk, está dando problemas con la nueva campaña. No entienden nuestra visión europea y nosotros no entendemos su mercado.

Se me paró el corazón por un segundo. Seúl.

—Sí, estoy al tanto —logré decir, intentando que no me temblara la voz.

—He decidido que alguien tiene que ir allí —continuó ella, girando por fin su silla—. Alguien que tenga tacto, que sea impecable y que no se deje amedrentar por los coreanos. He pensado en ti. Serían tres meses.

Tres meses. A diez mil kilómetros de distancia. Lejos de Marcos, lejos de mi cama vacía, lejos de mi rutina de gimnasio y cenas programadas.

—¿Cuándo saldría el vuelo? —pregunté.

Elena sonrió por primera vez. Sabía que no iba a decir que no.

—El lunes. Tienes el fin de semana para hacer las maletas y despedirte. Valeria, esto es el ascenso que querías. No lo estropees.

Salí de su despacho caminando sobre nubes, pero no eran nubes de alegría profesional. Eran nubes de miedo y de una esperanza absurda que me daba vergüenza admitir. ¿Y si mi subconsciente no estaba loco? ¿Y si ese "encuéntrame" era una instrucción real?

Esa tarde, cuando quedé con Marcos, todo me pareció extrañamente lejano. Él hablaba sobre el material de las encimeras que quería poner en "nuestro futuro piso" y yo solo podía pensar en que el hombre de mi almohada nunca hablaba de encimeras. Él hablaba del sonido del viento entre los pinos y de cómo la luz de la luna cambiaba el color de mis ojos.

—¿Me estás escuchando, Val? —Marcos me tocó la mano. Su piel estaba tibia, real, sólida. Debería haber sido reconfortante.

—Me voy a Corea, Marcos. Por tres meses —solté de golpe.

Su cara fue un poema. Confusión, enfado, resignación. Discutimos, por supuesto. Me dijo que era una locura, que podíamos haber esperado al próximo año, que nuestro plan de vida se iba a retrasar. Pero mientras él hablaba de "planes" y "tiempos", yo me sentía cada vez más desconectada de él. Me di cuenta de que llevaba años viviendo la vida de otra persona. Una vida que me habían dicho que era la buena, pero que me quedaba pequeña, como un zapato de un número menos que te acaba haciendo sangre.

Esa noche, cuando por fin me quedé sola en mi cama, el silencio era total. Las maletas estaban a medio hacer en un rincón. Estaba agotada, pero tenía miedo de dormir. Tenía miedo de que, ahora que por fin iba a ir hacia él, él decidiera no aparecer.

Cerré los ojos. El sueño no tardó en llegar.

Esta vez no había playa ni templos. Estábamos en una calle moderna, llena de luces de neón y carteles en un idioma que yo no entendía pero que me resultaba familiar. Llovía, pero no nos mojábamos. Él estaba allí, apoyado en una pared de cristal. Esta vez no sonreía. Tenía una expresión de urgencia.

Se acercó a mí y, por primera vez, sentí el roce de sus labios en mi frente. Fue un contacto tan leve que parecía el aleteo de una mariposa, pero el calor que desprendió me quemó por dentro.

—Ya casi estás aquí —susurró en mi oído—. Pero ten cuidado, Valeria. El hombre que conoces aquí no es el que encontrarás allí. La realidad tiene bordes afilados.

Me desperté de golpe, sudando, con el corazón martilleando contra mis costillas. Miré el reloj. Eran las 4:00 de la mañana. Me levanté, caminé hacia la maleta y saqué el vestido que pensaba ponerme para la cena de despedida con mi familia. En su lugar, metí un jersey de lana grueso y el abrigo más cálido que tenía.

Si la realidad tenía bordes afilados, estaba dispuesta a cortarme con tal de saber si él era algo más que una sombra en mi almohada.

Faltaban cuarenta y ocho horas para mi vuelo a Seúl. Y por primera vez en mi vida, no tenía un plan. Solo tenía un nombre que no sabía escribir y una promesa que me habían hecho en sueños.

1
The Wolf 🥀🐺🍃
una historia que se parece a mi vida mi ....me pasó lo mismo con mi ahora esposo y dejé de soñarlo cuando xfin lo conocí y extrañaba a el chico de mi sueños 😭😭....veamos k pasa .
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play