Lyhia era una lectora que gritaba a la pantalla: «¡Este tirano es un padre de mierda!» hasta que tropezó con un cable y ¡pum! Despertó como Alice Sigrid, la niña de siete años que en la novela termina con la cabeza rodando por culpa del mismo tirano.
Plan perfecto; escapar antes de que papá Draven afine la guillotina familiar. Pero sorpresa, un sistema le regala puntos por soltar chismes mentales .
Lo peor; sus pensamientos son un megáfono invisible. Alice planea fugas épicas mientras piensa «¡Huyo esta noche, adiós palacio de locos!».
Resultado: todo falla “por casualidad”, mamá la abraza más fuerte y papá la mira como si fuera su posesión más preciada.
Chismes que salvan vidas, pensamientos que la condenan y un tirano que, contra todo pronóstico, empieza a parecer… ¿humano?
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Capítulo 16
La mañana siguiente llegó con una calma engañosa. El jardín donde solían tomar los alimentos en una luz cálida, allí en la mesa se encontraba Seraphina sentada junto a sus hijos. El desayuno ya había pasado, y ahora el almuerzo trancureia en relativa tranquilidad... o almenos en apariencia. Seraphina sostenía los cubiertos con elegancia. pero su mente estaba lejos, completamente sumergida en lo que había pasado la noche anterior. Apenas probaba la comida, moviendo los alimentos sin realmente prestar atención. Alice, sentada a su lado la observaba de reojo mientras picaba pequeños trozos de fruta, y Silas, frente a ellas, comía con postura recta y movimientos medidos, como si incluso en un momento tan cotidiano siguiera bajo inspección. Fue Alice quien rompió el silencio.
—Madre… —llamó primero con tono suave. No hubo respuesta. Seraphina no reaccionó, y Alice frunció un poco el ceño inflando levemente las mejillas y volvió a intentarlo —. Madre.
Séraphina parpadeo, como si regresará de muy lejos, y giró el rostro hacia ella. —¿ Sí, cariño?
—¿En qué tanto piensas? —pregunto Alice , mirándola fijamente con curiosidad.
—Solo... en asuntos triviales. No es nada...—respondió ella.
—Mm...Bueno... por cierto, madre.¿Algunaa vez has Estado en... mm... en el valle de Tharvessia? Es un territorio de frontera... dicen que es peligroso allí.
Seraphina se quedó en silencio por un momento, pensativa. Su mirada se suavizó ligeramente mientras buscaba en su memoria.
—De hecho… sí, solía ir con mi madre a recoger hierbas medicinales. Pero eso fue antes de casarme con tu padre.
Alice se inclino un poco más hacia ella, interesada.
—¿Y no recuerdas haber salvado a alguien allí? No sé... ¿algún hombre moribundo?.
Seraphina soltó una pequeña risa, suave, y alzó la mano para acariciar la cabeza de la niña con ternura. —Últimamente estás muy curiosa —dijo con una sonrisa— . Y no cariño, no recuerdo haber hecho algo así... o bueno, no lo sé. Hace unos años, tu abuelo y yo tuvimos un accidente al regresar a la capital. Recibi un golpe fuerte en la cabeza y... perdí parte de mis recuerdos. Así que no sabría responderte con seguridad, querida.
Alice hizo un pequeño puchero de inmediato, volviendo a su plato mientras pinchaba la fruta con un poco más de fuerza innecesaria. —Es una lástima... —murmuró. Seraphina la observó con la misma sonrisa suave, sin notar del todo el trasfondo de su reacción, y entonces su atención cambio hacia su hijo.
—Silas—llamó con voz tranquila, pero firme—más tarde saldré un momento. Nesecito que en mi ausencia cuides bien de tu hermana en el palacio, ¿de acuerdo?
Silas dejó los cubiertos antes de asentir.—Si, madre.
Alice levanto la cabeza de inmediato, con expresión ofendida. —No nesecito cuidados, madre. Puedo cuidarme muy bien yo sola.
Silas giró apenas el rostro hacia ella, y aunque su expresión seguía siendo seria, había un ligero toque de ironía en su mirada.—¿Ah, sí? —comentó él con calma—. Con esa estatura ... Me pregunto cómo planeas hacerlo.
Alice lo miro con los ojos entrecerrados, claramente molesta. —Me agradabas más cuando no hablabas.
Silas no respondió de inmediato, pero una leve curva casi imperceptible apareció en sus labios. —Y a mí me sorprende que puedas hablar tanto sin decir nada útil.
—¡Oye! —replicó Alice , enderezandose en su asiento.
—Es una observación —añadió él, encogiendose de hombros.
—¡Pues yo observó que eres un pesado!—Y yo observó que eres ruidosa.
—¡Y tú aburrido!.
—Y tú una pequeña imprudente.
—¡Y tú...!—Alice se detuvo, buscando algo más que decir, claramente frustrada.
" Maldito Moscoso, ¿cómo se atreve? "
Seraphina los observaba en silencio, con una pequeña sonrisa que esta vez no ocultó. Había algo... extrañamente reconfortante en esa discusión tan simple, tan infantil. Por un momento, el peso de todo lo demás pareció alejarse. Sin embargo, la calma volvió a romperse cuando varias personas comenzaron a acercarse a ellos. El sonido de los pasos coordinados llamó la atención de los tres, y pronto un grupo de sirvientes y guardias se detuvo a una distancia respetuosa. Al estar frente a Seraphina, todos se inclinaron en una reverencia perfecta. La sonrisa de ella desapareció lentamente, siendo remplazada por una expresión más seria y confusa.
—¿Qué es esto? —preguntó. En ese momento, una figura familiar se adelantó entre ellos. Era el sirviente personal que siempre acompañaba a Draven, con una sonrisa amplia y perfectamente calculada. Se inclino profundamente antes de hablar.
—Gran princesa consorte —dijo con voz respetuosa—, etapa son los sirvientes y guardias reales que su Majestad ha elegido personalmente para usted, y sus pequeñas altezas reales. Ellos se encargarán de su cuidado y estarán completamente bajo sus órdenes.
Seraphina no respondió de inmediato. Sus ojos recorrieron al grupo frente a ella, evaluandolos sin ocultar del todo su sorpresa... no era algo habitual en Draven , no de esa manera. Alice y Silas también habían dejado de discutir, ambos observando la escena con atención curiosas pero en silencio esta vez.
" ¿Qué busca con esto exactamente? " —se preguntó Seraphina.
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El despacho Imperial se mantenía en su orden impecable, con la luz del día entrando de forma tenue a través de los altos ventanales. Draven estaba sentado tras su escritorio, revisando uno de los tantos memoriales acumulados, pasando las páginas con calma pero sin perder detalle. Su expresión era la de siempre; seria , y concentrada. Frente a él, de pie y en absoluto silencio , se encontraba su guardia real, esperando instrucciones. El unido sonido que había era el del papel al moverse... eso era lo único que rompia la quietud, hasta que Draven habló finalmente sin levantar la vista.
—Dime... ¿qué ha estado haciendo el gran general desde que su llegada al palacio?
El guardia inclino levemente la cabeza antes de responder.
—Respondiendo a su alteza. El general Malakor solo ha venido al palacio en dos ocasiones dese la liberación de la concubina real. Sin embargo, según lo investigado, en estos últimos días ha estado frecuentando con insistencia un lugar conocido como la casa de las rosas rojas.
Draven dejó de repasar las páginas. Su mirada se detuvo un instante sobre el documento antes de alzarla apenas, frunciendo ligeramente el ceño.
—¿La casa de las rosas rojas...? —preguntó él con interés
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y si como dijeron los secuestradores el emperador es tan tonto sabiendo en el peligro que está su familia no les a proporcionado seguridad 😡
unnn algo no cuadra con el hermano🤔
ojalá esta vez lo plane vien