“Salvé al alfa más peligroso del reino…
y ahora dice que soy suyo.”
Aren Solaris es un omega sanador que nunca creyó en el amor.
Pero todo cambia cuando salva a un hombre que no debía sobrevivir.
Darian Valerius.
El alfa más temido del reino.
Frío. Poderoso. Peligroso.
Y ahora completamente interesado en el omega que lo salvó.
Pero Aren no es un omega común.
Su presencia calma incluso a los alfas más salvajes…
y hay quienes están dispuestos a capturarlo a cualquier precio.
Porque algo antiguo está despertando.
Un destino que une a la vida… y la muerte.
Y Darian ha tomado una decisión peligrosa:
Proteger a ese omega.
Porque si alguien intenta llevárselo…
tendrá que enfrentarse primero con el alfa más peligroso del reino.
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Capítulo 20 El camino hacia el santuario
El cielo comenzaba a aclararse cuando el grupo dejó el palacio.
El amanecer apenas iluminaba el horizonte, pero el ambiente estaba cargado de tensión.
El patio interior estaba lleno de movimiento.
Soldados preparando caballos.
Guardias revisando armas.
Elric hablaba con Caelum cerca de la puerta principal.
Aren Solaris observaba todo en silencio.
Era extraño.
Había vivido en ese palacio durante años.
Había tratado heridas.
Había visto batallas.
Pero ahora lo abandonaba.
Y no sabía si volvería.
—¿Estás listo?
La voz de Darian lo sacó de sus pensamientos.
El alfa estaba ya montado en su caballo.
Su vendaje era visible bajo la armadura ligera.
Aren levantó una ceja.
—No deberías montar con esa herida.
Darian sonrió levemente.
—No deberías seguir recordándomelo.
—Es médicamente relevante.
—Lo sobreviviré.
Aren suspiró.
—Eso espero.
Caelum se acercó a ellos.
—Debemos movernos ahora.
Darian asintió.
—Antes de que regresen.
Elric montó también.
—El camino al santuario es largo.
—¿Cuánto?
—Dos días si vamos rápido.
Darian miró hacia el bosque oscuro.
—Entonces no debemos perder tiempo.
El grupo salió del palacio poco después.
Las puertas se cerraron detrás de ellos con un sonido pesado.
Aren no miró atrás.
El bosque era denso.
Los árboles altos bloqueaban gran parte de la luz del amanecer.
Los caballos avanzaban con rapidez por un sendero antiguo.
Caelum iba al frente.
Darian cabalgaba al lado de Aren.
Elric cerraba la formación.
Durante un tiempo…
Nadie habló.
El sonido de los cascos sobre la tierra húmeda era lo único que rompía el silencio.
Finalmente Darian habló.
—Los Cazadores nos están siguiendo.
Aren lo miró.
—Eso era predecible.
—Sí.
—¿Cuántos?
Darian respondió sin mirar atrás.
—Muchos.
Aren suspiró suavemente.
—Eso es inconveniente.
Darian soltó una pequeña risa.
—Empiezo a pensar que esa palabra es tu forma de describir el desastre.
Aren respondió con calma.
—Es eficiente.
Elric habló desde atrás.
—No están lejos.
Caelum asintió.
—Lo sé.
Darian frunció el ceño.
—Entonces debemos movernos más rápido.
Pero en ese momento…
Aren sintió algo extraño.
Una sensación familiar.
Como un eco.
—Deténganse.
Los caballos se detuvieron inmediatamente.
Darian lo miró.
—¿Qué ocurre?
Aren observaba el bosque.
—Hay algo aquí.
Caelum frunció el ceño.
—¿Cazadores?
Aren negó lentamente.
—No.
—¿Entonces qué?
Aren cerró los ojos por un segundo.
La sensación era débil.
Pero estaba allí.
—Esto…
Sus ojos se abrieron.
—Es el santuario.
Caelum lo observó con sorpresa.
—¿Cómo lo sabes?
Aren dudó.
—No lo sé.
Pero el camino frente a ellos…
Le parecía conocido.
Como si lo hubiera recorrido antes.
Darian lo observaba con atención.
—Eso no es un recuerdo normal.
Aren respondió con calma.
—Eso parece.
Caelum miró el camino.
—Si realmente lo recuerdas…
Entonces el santuario no está lejos.
Elric asintió.
—Quizás medio día.
Darian volvió a mirar el bosque.
—Eso significa que debemos llegar antes de que ellos lo hagan.
El grupo avanzó durante horas.
El bosque se volvió más denso.
Las ruinas antiguas comenzaron a aparecer entre los árboles.
Piedras cubiertas de musgo.
Restos de columnas rotas.
Aren observaba todo con una sensación creciente de familiaridad.
Finalmente…
Llegaron.
El santuario Solaris.
Era enorme.
Un edificio antiguo de piedra blanca.
Las paredes estaban cubiertas de enredaderas.
Pero aún conservaba una presencia imponente.
Elric susurró:
—Pensé que estaba destruido.
Caelum negó.
—Nunca lo estuvo.
Aren desmontó lentamente del caballo.
Sus ojos recorrían el lugar.
El aire se sentía diferente.
Más cálido.
Más vivo.
Darian lo observaba.
—¿Qué sientes?
Aren respondió en voz baja.
—Hogar.
El silencio cayó.
Caelum abrió las grandes puertas de piedra.
El interior estaba lleno de polvo y luz.
Los vitrales antiguos dejaban pasar rayos de sol que iluminaban el suelo.
Aren caminó lentamente hacia el centro.
Cada paso hacía que los recuerdos fragmentados regresaran.
Un niño corriendo por ese mismo lugar.
Una voz suave.
Una mano en su cabeza.
"Debes vivir."
Aren cerró los ojos.
Darian lo observaba en silencio.
—Estás recordando.
Aren asintió.
—Sí.
Pero en ese momento…
El suelo del santuario comenzó a brillar.
Un símbolo antiguo apareció bajo los pies de Aren.
Luz plateada.
Elric retrocedió.
—El círculo Solaris…
Caelum habló con asombro.
—Está reaccionando a él.
La luz se intensificó.
Darian frunció el ceño.
—¿Qué está pasando?
Aren no respondió.
Su mente estaba llena de imágenes.
Antiguas.
Mucho más antiguas que su vida.
Una guerra.
Un dios caído.
Un campo lleno de almas.
Una figura cubierta de sombras.
Y otra figura…
De luz.
La luz de Aren.
Y la oscuridad…
Darian.
Aren abrió los ojos de golpe.
Respiraba con dificultad.
Darian dio un paso hacia él.
—¿Qué viste?
Aren lo miró.
Sus ojos estaban diferentes.
Más profundos.
—Tú.
El silencio cayó sobre el santuario.
—¿Yo?
Aren respondió con voz baja.
—Te vi.
—¿Dónde?
—En una guerra.
Darian frunció el ceño.
—Eso no tiene sentido.
Aren dudó.
—Tal vez sí.
Elric miraba el círculo brillante.
—El santuario está despertando memorias antiguas.
Caelum susurró.
—Las memorias del linaje.
Aren respiró lentamente.
—No era solo una guerra.
Darian lo observó.
—Entonces ¿qué era?
Aren respondió con una voz casi inaudible.
—Una guerra de dioses.
El silencio fue total.
Darian sostuvo su mirada.
—Eso es imposible.
Aren no apartó los ojos de él.
—En esa visión…
Hizo una pausa.
—Tú eras el dios de la muerte.
El silencio se volvió pesado.
Elric murmuró.
—Las antiguas leyendas…
Caelum habló con voz baja.
—La dualidad perdida.
Darian lo miró.
—¿Qué significa eso?
Caelum respondió lentamente.
—El dios de la vida…
Miró a Aren.
—Y el dios de la muerte.
Elric terminó la frase.
—Siempre renacen juntos.
El silencio llenó el santuario.
Darian miró a Aren.
—Eso es absurdo.
Aren sostuvo su mirada.
—Tal vez.
Pero el círculo Solaris seguía brillando.
Y algo en el aire…
Decía que aquello no era una simple leyenda.
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