Me desperté aturdida en un lugar desconocído y después de una serie de acontecimientos me di cuenta que habia reencarnado en una novela, pero mi personaje no existia
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capitulo 16
REY DE ELDRADOR
—¿Cómo…?
Mi mano temblaba sobre el brazo del trono.
—¿Cómo es que esos malditos los encontraron…?
El salón estaba en silencio.
Solo nosotros.
Solo la verdad.
La máscara se había roto.
—Ese mocoso…
Escupí las palabras.
—Debí matarlo.
Caminé de un lado a otro.
La rabia hervía en mi sangre.
—Debí matarlo cuando lo secuestramos.
El recuerdo seguía vivo.
Un niño pequeño.
Cabello blanco.
Ojos llenos de odio.
—No dejarlo en ese maldito pueblo.
Apreté los dientes.
—Y esa maldita princesa…
Golpeé el trono.
—¡¿CÓMO ESCAPÓ?!
Los sirvientes temblaron.
—La tenía bien escondida.
Encerrada.
Lejos del mundo.
Lejos de sus padres.
Lejos de todos.
—Esos inútiles…
Respiré pesado.
—No se supone que la tuvieran recluida.
Silencio.
Frío.
Peligroso.
—Ahora está con ellos otra vez.
Mis ojos se oscurecieron.
—Esto es peligroso.
Muy peligroso.
Porque si hablaba…
Si decía la verdad…
Todo terminaría.
El trono.
El poder.
Mi vida.
Giré lentamente.
Miré a mi hijo.
El príncipe heredero.
Sentado.
Relajado.
Como si nada importara.
Inútil.
—Tú.
Su sonrisa arrogante no desapareció.
—Sí, padre.
—Inútil.
Su sonrisa tembló apenas.
—Serás útil al menos una vez en tu vida.
Se enderezó.
—¿Qué desea?
Me acerqué.
—Enamórala.
Silencio.
—¿Perdón?
—A la princesa.
Mis ojos se clavaron en los suyos.
—Haz que se enamore de ti.
Su sonrisa volvió.
Lenta.
Segura.
—No se preocupe, padre.
Se levantó.
Orgulloso.
—Tengo a todas las mujeres a mis pies.
Arrogante.
Estúpido.
Perfecto.
Pero luego dudó.
—Aunque…
Frunció el ceño.
—Es incómodo.
—¿Qué cosa?
—Están cubiertos.
Gruñó.
—No sé cómo es su rostro.
Sonreí.
Frío.
—No importa.
Me acerqué más.
—Las mujeres no se enamoran con los ojos.
Puse mi mano en su hombro.
—Se enamoran con mentiras.
Silencio.
—Haz lo que mejor sabes hacer.
Sus ojos brillaron.
—Entiendo.
Sonrió.
—La haré mía.
No.
No la haría suya.
La haría…
Nuestra prisionera otra vez.
Y esta vez…
No escaparía.
AMARA
La puerta se abrió.
Y él entró.
Aurelian.
Incluso sin armadura.
Incluso sin anunciarse.
Llenaba la habitación.
Mateo, que estaba sentado entre mis padres, se tensó apenas… pero no se apartó de ellos. Eso me dijo mucho. Demasiado.
Mis padres, que segundos antes le hablaban con una ternura que jamás les había visto, cambiaron.
Se volvieron reyes otra vez.
Serios.
Peligrosos.
Antiguos.
—Duque Aurelian —saludó mi padre.
Aurelian inclinó la cabeza.
—Su Majestad.
Nos sentamos.
El aire estaba cargado.
Pesado.
Mi padre no dio rodeos.
—Ya lo sé todo.
Silencio.
Aurelian no habló.
Pero sus ojos se endurecieron.
—Sé lo que ese hombre hizo.
Su voz era calma.
Pero debajo…
Había fuego.
—Y te ayudaré a derrocarlo.
Mateo me miró.
Luego miró a Aurelian.
Luego a mi padre.
Estaba entendiendo.
Mi madre levantó las manos.
Y se quitó el velo.
Su cabello cayó como una cascada negra.
Sus ojos verdes brillaron bajo la luz.
Ya no era la figura misteriosa cubierta.
Era una reina.
Mi reina.
Mi madre.
Mi padre hizo lo mismo.
Cabello rojo.
Ojos rojos.
Imponentes.
Aurelian los observó.
Analizando.
Aceptando.
Entendiendo el peso de la alianza.
No eran aliados débiles.
Eran reyes que habían esperado años para destruir a su enemigo.
Y ahora…
Tenían la oportunidad.
Se habló de planes.
De tiempos.
De aliados.
De traiciones.
De sangre.
Cuando todo terminó…
Cuando Mateo fue llevado por sirvientes a descansar…
Cuando Aurelian salió a preparar su parte…
Me quedé sola con ellos.
Con mis padres.
Por primera vez…
En dos vidas.
Mi madre fue la primera en acercarse.
Su mano tembló cuando tocó mi rostro.
—Mi niña…
Su voz se rompió.
—Perdóname.
Negué.
—No fue tu culpa.
Nos sentamos.
Y les conté todo.
Todo.
El secuestro.
La venta.
La esclavitud.
El dolor.
Mateo.
Mi Mateo.
La guerra.
Aurelian.
Cuando terminé…
El silencio fue absoluto.
El rostro de mi padre era una máscara.
Pero sus ojos…
Ardían.
—Lo pagarà.
No lo dijo alto.
Lo dijo como una promesa.
Mi madre lloraba en silencio.
—Sufriste sola…
Tomé su mano.
—Ya no.
Sonreí apenas.
—Ahora estamos juntos.
Pero en el fondo…
Sabía la verdad.
La guerra que venía…
No sería entre reinos.
Sería entre monstruos.
Y yo…
Había despertado al peor de todos.
pensó que podría pero ya demostró Aurelian su potencial y que Amara no es una muñeca de decoración allá gobernará como igual a Aurelian no será una muñeca de adorno