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MAS ALLA DE LA TORMENTA

MAS ALLA DE LA TORMENTA

Status: Terminada
Genre:Casarse por embarazo / Reencuentro / Embarazo no planeado / Completas
Popularitas:220
Nilai: 5
nombre de autor: Cecilia Ruiz Diaz

Más allá de la tormenta es la historia de Juan Manuel, un hombre noble y humilde que se enamora de Adela, una joven que trabaja en una casa de placer, Pero la vida no los deja estar juntos. todo cambia cuando nuestro protagonista recibe una herencia de su padre y por vueltas del destino, se casa con Elena, una joven un poco rebelde y de ciudad, que debe adecuarse a la vida en el campo.

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CAPITULO 16: LA TORMENTTA

CAPÍTULO 16: LA TORMENTA.

Por la noche, durante la cena el calor parecía más agobiante. A Elena le habían enseñado que era de mala educación, pero no le importo, decidió abanicarse mientras comían.

-Esta sopa está más deliciosa que la del almuerzo.- comento Elena, siempre hablándole a María -¿Qué contiene?-

-Receta secreta.- respondió la mujer bromeando.

Luego trajo una fuente repleta de carne hervida, verduras de todo tipo y dijo que se llamaba "Puchero". Acepto que María le sirva un plato, Pero vio que era tan abundante que no sabía por dónde comenzar a comer. Solo observaba el plato.

-¿Es que solo piensa alimentarse con sopa y torta frita?- dijo Juan Manuel en tono duro y sarcástico a la vez, al ver que no probaba bocado.

-Solo lo estoy observando para ver si puede gustarme.- respondió la joven esposa mirando frío y directo.

-Sería extraño que no le guste, ya que está hervido en el líquido de la "deliciosa" sopa que acaba de tomar.- profeso él sin abandonar el sarcasmo.

Ella lo quedó mirando muy ofendida por la burla y dispuesta a contra atacar.

-¿Qué harás con el baúl que trajiste y dejaste ahí en la sala, Manuelito?- pregunto rápido, María para apaciguar las aguas.

-Por ahora lo dejaré ahí, que nadie lo abra.- respondió él -Cuando la otra parte este finalizada ya veremos.-

-Esta bien, Pero ¿Que contiene?- volvió a preguntar la mujer.

-No lo sé. Florentina, la mujer que atiende la casa en Madrid dijo que puso algunas cosas de mi... Padre, pero nunca lo abrí.- respondió -Aunque no sé aún porque me las dio.-

-Porque tal vez era su padre.- acoto Elena en tono sarcástico también, para vengarse.

-Sí... Un padre que no conocí.- recalco él.

-Y quizás está sea una buena forma de conocerlo, ¿no cree?- contraataco ella.

-Veo que es una "NIÑA" a la que le gusta opinar de lo que no sabe.-

María lanzó un suspiro de cansancio, mientras los veía discutir. No importa lo que hiciese, a estos dos les gustaba pelear. Aunque ella aprovechaba que lo hacían para ocultar lo que en realidad sentían.

Esa noche se levantó un gran viento, con relámpagos muy estridentes, que alumbraban toda la habitación como si fuese de día. Escuchaba los árboles crujir con el movimiento y cada tanto algún trueno fuerte la hacía saltar de la cama. Muy asustada, se tapó con la sábana hasta la cabeza y comenzó a rezar con fervor. Hacia días que no se sentía tan sola, recuerdo como su adorada ranita acariciaba su cabello hasta que se dormía.

Rezaba y rezaba sin cesar, hasta que en un momento, todo quedó calmo y comenzó a escuchar una suave lluvia golpear contra la ventana. Y allí, por fin, cerró los ojos y logro descansar.

Al otro día, al despertar, seguía lloviendo. No podía salir afuera, así que le pregunto a María si la podía ayudar con la comida. Peló y cortó papa, zanahorias y otras verduras.

A la hora del almuerzo comió el estofado que ayudó a preparar. Era diferente al de su país, Pero lo probó sin chistar. quería demostrarle a su esposo que no era la niñita mimada y malcriada que él creía. Igual, aunque le parecía un poco fuerte, le gustó.

Por la tarde, salió a la galería de la casa para ver la lluvia caer, que no cesaba. Se sentía aburrida, lo bueno era que el calor aguante había parado y los obreros no estaban trabajando, entonces, se respiraba paz libre de ruido.

Al atardecer, Juan Manuel llegó todo mojado, chorreado de agua. Rápidamente, las otras dos mujeres fueron a su socorro.

-Deberías ir a tu casa, Raúl está igual o peor que yo.- le dijo a Carito.

La muchacha se tapó con una sábana para no mojarse tanto y salió lo más rápido que pudo hacia su casa.

Juan Manuel se quitó el tapado, y Elena no pudo evitar quedarse ahí parada, recorriendo el cuerpo bien formado de su esposa, de se dejaba notar bajo la camisa mojada y pegada a su musculatura bien armada.

-Y si ahora te vas a la casa de Carito y Raúl te mojadaras otra vez.- dijo María mientras esperaba que se quitará la ropa con una toalla en la mano.

-¡Oh! ¡Olvidé la comida en el fuego!- exclamó la mujer y le dio la toalla a Elena -Toma, señora.-

Elena tomó la toalla y se la quedó mirando mientras se marchaba. Al darse vuelta, Juan Manuel se había quitado la camisa y dejado su cuerpo al descubierto. Comenzó a observar esa figura tan masculina, sus pectorales duros y tensos, cubiertos por suaves y finos bellos rubios, admiro sus brazos, que se rodeaban por músculos marcados y se veían firmes. Su respiración se aceleró. Nunca había visto el torso desnudo de un hombre. Aunque rápidamente reaccionó al darse cuenta que se quitaría el pantalón también y volteo de inmediato.

-No debería trabajar...- comento algo nerviosa y trago saliva -En días como estos.-

-¿Y que quiere? Los animalitos tienen que atenderse... ¿Me da la toalla?- y ella se la alcanzó estirando la mano, sin voltear, muy ruborizada. Sabía que a sus espaldas, él estaba completamente desnudo -Además, se nos escaparon tres corderos.- respondió.

-Pobrecillos, estarían asustados. Son muy tiernos y lindos, aunque solo los he visto de lejos.- comento Elena.

-Puede darse vuelta, ya he colocado el pantalón.- le comunicó Juan Manuel y ella volteó,pero aún seguía sin camisa y se pasaba la toalla por el cuerpo. ¡No podía apartar la mirada de él!-¿Por qué no se acerca al corral para verlos?-

-Tuve la intención...- confesó algo distraída -Pero no sabía si usted me daría permiso.- continuo.

-¿Permiso?- pregunto él sorprendido -Usted puede hacer aquí lo que desee, menos acercarse a los obreros, claro, Pero por precaución.-

Juan Manuel la miro por un segundo en silencio, mientras se colocaba la camisa. Sabía que lo observaba sin disimulo, algo de esta situación lo gratifico. Hizo un paso hacia ella, pero está reaccionó e hizo uno para atrás, luego lo miro a la cara.

-Muchas gracias, señor, Placeres...- dijo rápidamente nerviosa -Quieto decir Juan Manuel.- y salió prácticamente corriendo del lugar.

Esa noche en la cama, Elena no dejaba de pensar en el extraño momento con Juan Manuel ¿Qué le había pasado? ¿Qué era ese nuevo sentimiento que le había sufrido muy adentro suyo?

Con Pedro nunca le había pasado algo semejante. Cerraba los ojos y solo recordaba el pecho del hombre, con esos delicados bellos, imagino poder tocarlos y sentir su suavidad, sentía una gran gratificación que recorría todo su cuerpo, hasta su pecho, se sentía inquieta. Tuvo que abanicarse para controlar su respiración acelerada.

Al día siguiente, amaneció sin lluvias, aunque el sol no asomaba. De igual manera se sentía entusiasta. Si la lluvia había parado, muy pronto podría enviar las misivas que había escrito, aunque no les había puesto fecha y le tenía que agregar lo de la lluvia.

Cuando entro a la cocina, encontró a María y Carito cuchicheando acaloradas, algo que llamo su atención

-¿Que sucede?- pregunto curiosa, luego de saludarlas.

-Señora... Es que con este tema de la lluvia, ayer tendríamos que haber ido al pueblo...- decía María.

-Se nos terminó el té...- la interrumpio Carito -y el café también.-

-Pero no es para tanto.- respondió ella con gracia.

-Señora ¿Que desayunara? ¿Solo agua?-

Elena quedó pensando, ya que la leche no era una de sus infusiones favoritas cuando estaba sola.

-¿Y por qué no prueba...- comenzó a decir Carito -Digo ¿El mate cocido?-

-¿Mate cocido? No creo...- estaba por decir Elena.

-No, no. Es con el mate, pero se cuela la yerba y se toma como si fuese un té... - explico la mujer -Es más suave que el mate común y le puedo asegurar que es, como usted dice, "Una delicia".-

-Bueno, está bien - acepto con una sonrisa, sabía que esas mujeres se esperaban solo para que ella esté bien.

María tomó una olla con agua, la puso al fuego con yerba dentro, luego la paso a un jarro más chico común colador y por último a un pocillo más pequeño.

Elena estaba sentada frente al recipiente con líquido verde.

-Bueno, directo al grano.- dijo, tomo la cuchara, le puso dos terrones de azúcar y lo probó.

Ambas mujeres la miraban fijo como esperando su veredicto. Las miro saboreando su infusión.

-Es un poco... áspero al paladar, Pero... No me desagrada.- respondió y las mujeres festejaron -Aunque tampoco es una delicia, María.- continuo con gracia, mientras agarraba una de sus adoradas tortas fritas.

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