Mía una de 19 años es obligada a casarse con un mafioso por culpa de su hermana gemela ella está pagando
su hermana era una drogadicta siempre estaba en problemas mano a la mujer de un mafioso y el por venganza decide casarse con ella para hacerla pagar todos los días por haber arrebatado al amor de su vida
sus padres por proteger a su princesa entregaron a mía una hija que ellos cautiva
NovelToon tiene autorización de Adri pacheco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 16
El auto frena de golpe.
Las ruedas chillan contra el asfalto.
Renzo ni siquiera espera a que el motor se apague.
Abre la puerta y baja.
Frente a él…
un edificio enorme.
Lujoso.
Vidrios oscuros…
estructura moderna…
imponente.
Pero hay algo raro.
Demasiado silencio.
Demasiado vacío.
Milo baja detrás.
—¿Es aquí, señor?
Renzo mira el celular.
La dirección coincide.
Aprieta la mandíbula.
—Sí.
Hanna baja también, mirando todo alrededor.
—No me gusta esto…
Renzo no responde.
Empieza a caminar directo hacia la entrada.
Empuja la puerta.
Abierta.
Sin seguridad.
Sin recepción.
Nada.
El eco de sus pasos resuena en todo el lugar.
—Esto está vacío… —murmura Hanna.
—No —dice Renzo—. Estuvo ocupado.
Se nota.
Pero ahora…
no hay nadie.
Dentro del edificio
—Divídanse —ordena Renzo—. Revisen todo.
Los hombres se dispersan.
Suben por las escaleras.
Otros toman el ascensor.
Renzo camina rápido.
Abre puertas.
Una.
Dos.
Tres.
Departamentos completamente amueblados…
pero vacíos.
Como si alguien hubiera estado ahí…
y se hubiera ido hace minutos.
Golpea una pared con el puño.
—¡MIERDA!
Milo
Sale del ascensor.
—Señor, los pisos de arriba están vacíos.
—Revisen todos —responde Renzo—. TODOS.
Hanna recorre el lugar.
Observa detalles.
—Renzo…
Él no escucha.
Está fuera de sí.
Renzo
Abre otra puerta de golpe.
La habitación.
La cama.
Se detiene.
Los pétalos de rosas.
Aún en el suelo.
Las sábanas desordenadas.
Su respiración se corta.
Se acerca lentamente.
Toca la cama.
Todavía tibia.
Aprieta los dientes.
—Estuvo acá…
Su voz es baja.
Peligrosa.
—Hace poco…
Milo entra.
—Señor…
Renzo no lo mira.
—Llegamos tarde.
Silencio.
Pesado.
Hanna
Entra a la habitación.
Ve todo.
Y entiende.
—Joseph…
Aprieta los labios.
—Nos adelantó.
Renzo se gira.
Sus ojos…
oscuros.
—No.
—Esto no termina así.
Agarra una de las sábanas…
la tira al suelo.
—Me la sacó de las manos.
Respira fuerte.
—Pero no se la va a quedar.
Hombres de Renzo
—¡Nada en el tercer piso!
—¡Todo limpio en el cuarto!
—¡No hay nadie!
Las voces resuenan.
Confirmando lo peor.
No hay rastro.
Renzo
Sale de la habitación.
Camina rápido.
Furioso.
Baja las escaleras.
Cada paso más fuerte que el anterior.
Llega al hall principal.
—¿Cámaras?
—No funcionan, señor —responde uno de los hombres.
Renzo sonríe.
Pero no es una sonrisa normal.
Es peligrosa.
—Claro que no funcionan…
Mira alrededor.
—Todo preparado.
Golpea una mesa.
—¡TODO PREPARADO!
Hanna se acerca.
—Renzo… escuchame…
—¡NO!
Se gira.
—Esto ya no es solo por ella.
Su voz baja.
—Esto es guerra.
Silencio.
Nadie se mueve.
Exterior
Renzo sale del edificio.
Mira hacia arriba.
Respira hondo.
Intenta controlarse.
Pero no puede.
—Joseph…
Aprieta los puños.
—Jugaste conmigo.
Sube al auto.
—Milo.
—Sí, señor.
—Quiero TODO sobre él.
—Ubicaciones.
—Movimientos.
—Contactos.
—TODO.
—Sí, señor.
Hanna se queda en silencio.
Sabe…
que esto ya cruzó un límite.
Final
Renzo mira el celular.
La foto sigue ahí.
Mía.
Dormida
Con su cuerpo cubierto con una sábana
Renzo moría de celos enojo de todo porque mía ya no era de el
Fue de otro hombre
Pero aún así la amaba demasiado