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Dueño De Todas, Esclavo De Una

Dueño De Todas, Esclavo De Una

Status: En proceso
Genre:Romance
Popularitas:4.2k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

A sus 36 años, Alessandro De Luca es el heredero del imperio de moda más importante de Italia. Dueño de una prestigiosa agencia de modelos con sedes en Milán y Colombia, vive rodeado de lujo, poder y mujeres. Es un hombre frío, arrogante y mujeriego. Ninguna mujer ha logrado conquistar su corazón.
Desde niño, su padre decidió su futuro. Lo comprometió con Bianca Conti, una reconocida modelo italiana e hija de su mejor amigo y socio de la empresa. Para Alessandro, Bianca nunca ha sido el amor de su vida, solo la mujer perfecta para mantener la imagen de la familia ante la alta sociedad.
Antes de entregarle el control absoluto del imperio familiar, su padre le impone una última condición:
—Si quieres convertirte en el único dueño del Grupo De Luca, tendrás que casarte con Bianca. De lo contrario, jamás recibirás la presidencia ni la totalidad de la herencia.
Lo que Alessandro desconoce es que Bianca nunca ha permanecido a su lado por amor. La fortuna de su familia ha desaparecido y están

NovelToon tiene autorización de liligacaño para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: Entre miradas y celos

Valentina

Estábamos sentadas en la mesa, tomando y conversando muy animadamente, cuando comenzó a sonar una canción que me encantaba.

—¡Juli, esa es nuestra canción! —dije emocionada.

—¡Vamos!

Las dos salimos de inmediato hacia la pista de baile.

La música nos envolvió por completo. Comenzamos a mover las caderas al ritmo de la canción, disfrutando cada segundo. Reíamos, cantábamos y bailábamos sin preocuparnos por nada más. Estábamos completamente perdidas en la música.

Alessandro

Estábamos sentados tomando, conversando y coqueteando con algunas modelos cuando Marco dejó de hablar de repente.

—Alessandro... no puede ser. Mira quiénes están bailando allá.

Fruncí el ceño y seguí la dirección de su mirada.

Era Juliana... y junto a ella estaba Valentina.

Las dos bailaban con una naturalidad impresionante.

No pude apartar la vista de Valentina. Se movía con una seguridad y una sensualidad que llamaban la atención de cualquiera.

—Baila demasiado bien... —murmuré sin darme cuenta.

Entonces dos modelos de la agencia se acercaron a ellas y comenzaron a bailar muy pegados.

Uno de ellos tomó a Valentina por la cintura.

Sentí algo extraño recorrerme el pecho.

No me gustó.

¿Desde cuándo me molestaba ver a una mujer bailar con otro?

Yo nunca había sido un hombre celoso.

Marco soltó una risa.

—Amigo, te la van a ganar por otro lado. Esa apuesta ya la veo perdida.

Apreté la mandíbula.

Ver a ese tipo bailándole tan cerca a Valentina hizo que la sangre me hirviera.

Ya ni siquiera prestaba atención a la mujer que estaba sentada a mi lado.

Para desquitarme respondí:

—Pues mira también a Juliana. Ese modelo no solo baila con ella... también la está besando.

Marco hizo una mueca de disgusto.

—Ella tiene su cuento con él.

—Entonces, ¿para qué te molesta?

—Porque me interesa Juliana... pero no soy hombre de una sola mujer. Prefiero no dañar la amistad.

Las canciones terminaron y todos regresaron a sus mesas.

Miré a Marco.

—¿Cómo hacemos para librarnos de estas modelos e irnos a sentar con ellas?

Marco sonrió con picardía.

—¿Y ese interés? ¿Te da miedo que te quiten a Valentina?

Le di un golpe suave en el hombro.

—No seas bobo. Solo quiero aprovechar para acercarme más.

—Listo. Yo digo que voy al baño. Después tú haces lo mismo y nos encontramos allá.

—Perfecto.

Laura me miró.

—¿A dónde vas, hermoso?

—Al baño. Ya regreso.

—Está bien.

Quince minutos después Marco llegó.

—¿Cómo te libraste de ellas?

—Les dije que venía a buscarte porque te estabas demorando.

Sonreí.

—Perfecto. Ahora pasemos por la mesa como si apenas las hubiéramos visto. Tú saludas primero a Juliana.

—Hecho.

Nos acercamos.

Desde lejos vi a Valentina riéndose mientras hablaba con uno de los modelos.

No sé por qué, pero aquella imagen volvió a despertarme esos molestos celos.

Marco fue el primero en hablar.

—¡Juli!

Juliana levantó la mirada.

—¡Marco!

Valentina también volteó y nos vio.

Las dos se pusieron de pie para saludarnos.

Juliana saludó primero a Marco y luego a mí con un beso en la mejilla.

—Qué sorpresa encontrarlos por acá.

—Sí... qué coincidencia —respondí con una sonrisa.

—¿Y con quién vienen? —preguntó Juliana.

—Solo nosotros dos. Vinimos a tomar algo y pasar el rato.

—Entonces quédense con nosotros.

En ese momento los demás modelos también nos saludaron con amabilidad.

Valentina sonrió.

—Hola, Marco. Hola, señor De Lucca.

—Hola, chicos —respondimos en general.

Todos comenzaron a hacernos espacio.

—Siéntense.

—Gracias.

Aproveché y me acomodé justo entre Valentina y uno de los modelos.

Marco, por supuesto, se sentó al lado de Juliana.

Valentina me miró.

—¿Le molesta si me siento aquí?

—Para nada.

Me regaló una sonrisa preciosa.

Esos pequeños hoyuelos que aparecían en sus mejillas la hacían aún más hermosa.

Seguimos conversando entre todos.

Las modelos no dejaban de coquetearnos a Marco y a mí, mientras los demás hablaban y bromeaban.

Después de un rato giré hacia Valentina.

—¿Entonces están celebrando que eres la nueva imagen de la campaña?

Ella sonrió orgullosa.

—Sí. Hay mucho que celebrar.

Luego me miró fijamente.

—¿Y usted, señor De Lucca? ¿Qué está celebrando?

Me acerqué un poco a su oído.

—Haber encontrado a una mujer tan linda como usted.

Ella soltó una pequeña risa y respondió también en voz baja.

—Esos coqueteos no funcionan conmigo.

Su respuesta me hizo sonreír.

Definitivamente era una mujer diferente.

Seguimos conversando entre risas y miradas cómplices.

En ese momento comenzó otra canción.

La miré.

—¿Bailamos?

Aceptó sin dudar.

Marco hizo lo mismo con Juliana.

La tomé suavemente de la cintura.

Era bastante más baja que yo, incluso usando botas, así que tuve que inclinarme un poco para hablarle.

Ella rodeó mi cuello con los brazos.

Mientras bailábamos, de vez en cuando acomodaba discretamente su falda, que era un poco corta y tendía a subir.

—Bailas demasiado bien.

Sonrió.

—Usted tampoco se queda atrás.

—Digamos que sé defenderme... pero a usted se nota que le apasiona bailar.

—Me fascina.

Levanté el rostro para mirarla.

—No me hable tan cerca... porque después no respondo.

Ella estalló en una carcajada.

Seguimos bailando entre bromas y sonrisas.

Por alguna razón, tenerla entre mis brazos se sentía demasiado bien.

De repente Juliana se acercó.

—Amiga, acompáñame al baño.

Valentina me miró.

—Permiso, jefe. Ya regresamos.

—Claro.

Las vi alejarse mientras una sonrisa se dibujaba sola en mi rostro.

Valentina

Apenas entramos al baño, Juliana cerró la puerta y me miró fijamente.

—Bueno... ahora sí dime qué está pasando entre tú y el jefe.

Solté una risa.

—¿De qué hablas?

—No te hagas. ¿No me digas que ya caíste en sus encantos?

—Claro que no.

—¿Ah, no? Entonces explícame por qué se miran de esa manera.

Negué con la cabeza mientras retocaba un poco mi maquillaje.

—Estás viendo cosas donde no las hay.

—No, señorita. Él te mira como si quisiera devorarte con los ojos... y tú tampoco eres indiferente.

Sonreí nerviosa.

—Los tragos ya te están haciendo efecto.

—Desde que te pidió disculpas ya no te parece tan insoportable.

Suspiré.

—Bueno... debo admitir que desde ese día se ha portado muy bien conmigo. Además... es simpático.

Juliana soltó una carcajada.

—¿Ves? Ya cambiaste el discurso.

—Eso no significa nada.

—Amiga, tú tampoco ayudas. Sin darte cuenta eres muy coqueta.

—¡Yo no soy coqueta!

—No lo haces a propósito. Son tus gestos, tu sonrisa y la forma en que miras. Cualquiera pensaría que estás coqueteando.

Las dos reímos.

Luego Juliana habló con tono más serio.

—Aprovecha.

La miré sorprendida.

—¿Qué?

—El jefe está completamente interesado en ti.

—¿Estás loca? Se te olvida que tiene prometida.

—Ese ya es problema de él, no tuyo. Además, si conocieras a bianca entenderías por qué te lo digo. Es antipática, grosera y bastante fastidiosa.

Solo sonreí.

—También se te olvida que yo volví con Dani.

Juliana hizo una mueca.

—Ni me lo recuerdes. Después de todo lo que te hizo...

Guardé silencio.

—Dale un poquito de su propia medicina. ¿Cuántas veces te ha fallado él? Siempre termina echándole la culpa al alcohol.

Negué con la cabeza.

—¿Y tú, sabiendo cómo es Alessandro, me pides que me meta con un hombre así?

—No te estoy diciendo que te enamores. Solo que disfrutes, bailes y te diviertas un poco. Además, seamos sinceras... Alessandro es guapo, exitoso y se nota que está encantado contigo.

Sus palabras me dejaron pensativa.

Quizá era el efecto de los tragos...

O quizá, en el fondo, tenía razón en una cosa.

Alessandro me parecía un hombre demasiado simpático... y cada vez me costaba más ignorar la forma en que me hacía sentir.

Terminamos de retocarnos el maquillaje.

Antes de salir, Juliana volvió a acercarse a mi oído.

—Piénsalo... porque créeme, tú no le eres nada indiferente a Alessandro.

La miré sonriendo y, sin responder, regresamos juntas a la mesa.

1
Genesis Paez
Que historia tan mala, pura habladera de paja
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