Hace veinte años, ella le salvó la vida. Hoy, él por fin la encontró... pero ella no recuerda quién es. Mientras el pasado vuelve para destruirlos, Adrián deberá luchar contra quienes hicieron todo para separarlos. Porque esta vez, pase lo que pase... no piensa perderla otra vez.
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Capítulo 15: La verdad equivocada
El silencio dentro del escondite era absoluto.
Nadie se atrevía a hablar.
Emma observaba el rostro de Adrián mientras él seguía sosteniendo la fotografía con las manos temblorosas.
La frase escrita en el reverso parecía desafiar todo lo que habían descubierto hasta ese momento.
"Alekséi no es el verdadero enemigo."
Emma dio un paso hacia él.
—¿Eso... eso es todo lo que dice?
Adrián respiró profundamente.
—No.
Hay más.
Todos se acercaron alrededor de la pequeña mesa de madera.
Petrov observaba la fotografía con una mezcla de sorpresa y preocupación.
Adrián continuó leyendo lentamente.
—"Si llegaste hasta este lugar, significa que Alekséi fracasó... pero también que alguien mucho más peligroso sigue oculto entre las sombras."
Viktor frunció el ceño.
—¿Alguien más?
Adrián siguió leyendo.
—"No confíes en las apariencias. Durante años todos mirarán hacia el hombre equivocado mientras el verdadero responsable mueve las piezas desde lejos."
Emma sintió un escalofrío.
Todo comenzaba a cambiar otra vez.
—Entonces... ¿Alekséi también fue utilizado?
Petrov negó lentamente.
—No exactamente.
Alekséi hizo cosas imperdonables.
Pero eso no significa que fuera el único responsable.
Durante muchos años sospeché que alguien lo estaba financiando.
Alguien con mucho poder.
Adrián levantó la vista.
—¿Por qué nunca lo dijiste?
—Porque nunca tuve pruebas.
Y en este juego... las sospechas matan.
Emma volvió a mirar la fotografía.
Era una imagen sencilla.
Ella y Adrián jugaban en el jardín de la antigua mansión Volkov.
Los dos reían.
Nada hacía pensar que poco tiempo después sus vidas cambiarían para siempre.
—Éramos felices...
Susurró.
Adrián sonrió con tristeza.
—Aunque yo casi no lo recuerde...
Me gusta pensar que sí.
Emma levantó lentamente la vista.
—¿Vos también perdiste recuerdos?
Él tardó unos segundos en responder.
—No los perdí.
Mi mente decidió esconderlos.
Durante años tuve pesadillas.
Después dejaron de aparecer.
Creí que las había superado.
Pero desde que volviste...
Todo está regresando.
Emma sintió un fuerte dolor en el pecho.
Sin pensarlo, tomó la mano de Adrián.
Él la miró sorprendido.
Ella tampoco entendía por qué lo había hecho.
Solo sintió que era lo correcto.
Petrov sonrió discretamente.
Durante veinte años había esperado volver a verlos juntos.
Viktor comenzó a revisar el resto del escondite.
Había mapas, documentos antiguos y varias cajas cerradas.
Sobre una repisa encontró una agenda de cuero.
—Señor.
Tal vez quiera ver esto.
Adrián tomó la agenda.
En la primera página había una fecha.
12 de octubre.
Debajo, una frase escrita con tinta negra.
"Hoy confirmé que nos están observando desde dentro de la empresa."
Pasó varias hojas.
En todas había anotaciones similares.
"Uno de los directores desapareció."
"La reunión fue cancelada sin explicación."
"Alguien filtró nuestros movimientos."
Emma observó las páginas.
—Mi papá sabía que había un traidor.
Petrov asintió.
—Y nunca logró descubrir quién era.
De pronto, uno de los escoltas entró corriendo.
—¡Señor Volkov!
Todos giraron al mismo tiempo.
—Encontramos algo afuera.
Salieron rápidamente de la cabaña.
La lluvia había cesado.
Uno de los vehículos negros estaba estacionado junto al sendero.
El escolta abrió el baúl.
Dentro había varias cajas metálicas.
Viktor levantó una de ellas.
—No son armas.
Adrián abrió otra.
Estaba llena de antiguos expedientes.
Todos llevaban el sello de la familia Volkov.
Emma tomó uno al azar.
En la tapa podía leerse claramente:
PROYECTO LEGADO
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
—Otra vez esa palabra...
La misma que aparecía en el diario de mi padre.
Adrián abrió el expediente.
Las primeras hojas habían sido arrancadas.
Solo quedaba una página intacta.
En el centro había una lista de nombres.
Algunos estaban tachados con tinta roja.
Otros tenían una cruz al lado.
Y uno estaba rodeado por un círculo.
Emma acercó la linterna.
Su respiración se detuvo.
El nombre marcado era el suyo.
No decía Emma Rossi.
Decía:
Emilia Volkov – Fase final pendiente.
Nadie alcanzó a decir una palabra.
Porque, en ese mismo instante, el sonido de un motor comenzó a escucharse entre los árboles.
Un helicóptero sobrevoló el bosque.
Un potente reflector iluminó directamente la cabaña.
Y una voz amplificada por un altavoz rompió el silencio.
—Entréguennos a Emilia... o nadie saldrá vivo de este bosque.
El reflector del helicóptero recorrió el bosque como una enorme espada de luz.
Los árboles quedaron iluminados por completo.
Emma levantó la vista, cegada por la intensidad del foco.
El ruido de las hélices hacía temblar las ramas.
—¡Todos a cubierto! —ordenó Viktor.
Los escoltas reaccionaron de inmediato.
Dos de ellos llevaron a Emma detrás de una gran roca, mientras los demás apuntaban sus armas hacia el cielo.
El helicóptero dio otra vuelta sobre la cabaña.
La voz volvió a escucharse por el altavoz.
—¡Tienen un minuto para entregar a Emilia Volkov!
—¡No disparen! —ordenó Adrián a sus hombres—. Todavía no sabemos quiénes son.
Viktor tomó unos binoculares y observó la aeronave.
Su expresión cambió.
—No tienen insignias.
Cubrieron la matrícula.
Vinieron preparados para que nadie los identifique.
Adrián apretó los dientes.
Todo estaba demasiado organizado.
No era una improvisación.
Alguien llevaba mucho tiempo siguiendo cada uno de sus movimientos.
Emma seguía abrazando el expediente del Proyecto Legado.
No podía dejar de mirar la hoja donde aparecía su nombre.
—¿Qué significa "Fase final pendiente"? —preguntó con la voz quebrada.
Petrov negó lentamente.
—No lo sé.
Pero nunca había escuchado ese nombre hasta hoy.
Adrián tomó el expediente y revisó las páginas restantes.
Solo encontró códigos, fechas y varias firmas ilegibles.
Entonces una de ellas llamó su atención.
Había un sello parcialmente borrado.
Solo podían leerse dos palabras.
...Fundación Helios.
—¿Helios? —murmuró.
Viktor se acercó.
—Nunca escuché ese nombre.
Petrov, en cambio, quedó inmóvil.
Su rostro perdió el color.
—No...
Eso no puede ser...
Emma lo miró preocupada.
—¿Usted la conoce?
El anciano respiró hondo.
—Hace muchos años escuché ese nombre en una conversación entre Alexander y Victoria.
Ellos creían que la Fundación Helios no existía realmente.
Era el nombre que utilizaba una organización secreta para mover dinero y comprar voluntades.
Adrián levantó la vista.
—¿Una organización?
—Sí.
Y si ese sello aparece en ese expediente...
Entonces Alekséi nunca trabajó solo.
El helicóptero descendió unos metros más.
Las ráfagas de viento levantaban hojas y polvo por todo el bosque.
Uno de los hombres abrió la puerta lateral de la aeronave.
Llevaba un megáfono.
—¡Última advertencia!
¡Entréguennos a Emilia!
Adrián dio un paso al frente.
—¡Si la quieren, van a tener que pasar por mí!
El hombre soltó una risa.
—Eso ya lo sabíamos.
De repente, varias luces comenzaron a encenderse entre los árboles.
Emma abrió los ojos con sorpresa.
—¿Qué es eso?
Viktor maldijo por lo bajo.
—Nos rodearon...
Más de veinte hombres vestidos de negro salían lentamente de entre la vegetación.
Todos estaban armados.
Todos avanzaban hacia la cabaña.
Los escoltas de Adrián formaron un círculo de protección alrededor de Emma.
La tensión era insoportable.
Bastaba un solo disparo para desatar una masacre.
En medio del silencio, Petrov dio un paso adelante.
—Déjenme hablar con ellos.
Adrián lo detuvo.
—Es demasiado peligroso.
—Ellos me conocen.
Tal vez podamos ganar tiempo.
Sin esperar una respuesta, el anciano levantó las manos y caminó unos metros.
Uno de los hombres armados lo reconoció de inmediato.
—¡Es Petrov!
Otro respondió:
—Creíamos que había muerto.
Petrov los miró con firmeza.
—Todavía están a tiempo de bajar las armas.
Ninguno se movió.
El hombre del megáfono habló nuevamente.
—Iván...
No compliques las cosas.
Entreganos a la heredera.
Petrov sonrió con tristeza.
—Después de veinte años...
¿Todavía creen que voy a traicionar a esta familia?
El hombre permaneció en silencio unos segundos.
Luego respondió:
—Entonces no nos dejás otra opción.
Levantó lentamente la mano.
Era la señal para atacar.
Antes de que pudiera bajarla, un disparo resonó en el bosque.
¡Bang!
Todos giraron al mismo tiempo.
Pero nadie había sido alcanzado.
La bala había impactado contra el reflector del helicóptero.
La luz principal explotó en cientos de fragmentos.
La oscuridad volvió a cubrir el lugar.
—¿Quién disparó? —gritó Viktor.
Nadie respondió.
Un segundo disparo destruyó otra de las luces de la aeronave.
El piloto perdió estabilidad.
El helicóptero comenzó a elevarse apresuradamente.
Los hombres armados miraban confundidos hacia todas partes.
No entendían de dónde provenían los disparos.
Emma escuchó una voz detrás de ella.
Una voz femenina.
—No se muevan.
Todos giraron sobresaltados.
Sobre una enorme roca, oculta entre las sombras, una mujer sostenía un rifle de precisión.
Llevaba una capucha negra que ocultaba parte de su rostro.
Solo podían verse sus ojos verdes.
Los mismos ojos que Emma veía cada mañana cuando se miraba al espejo.
La desconocida bajó lentamente el arma.
Miró fijamente a Emma.
Y, con una sonrisa llena de emoción, pronunció una sola palabra:
—Emilia...
Emma sintió que el tiempo se detenía.
Aquella voz...
La conocía.
Aunque habían pasado veinte años.
Con lágrimas cayendo por su rostro, dio un paso al frente y apenas pudo susurrar:
—¿Mamá...?
La mujer cerró los ojos un instante.
Una lágrima recorrió su mejilla.
—Sí, mi amor...
Por fin te encontré.
Continuará...