Reencarné dentro de la novela que más amaba, pero no como la heroína. Soy la hija del duque más temido y odiado del imperio — un personaje que ni siquiera debería existir. No conozco mi final, pero sí sé una cosa: protegeré a mi familia aunque el mundo entero se ponga en mi contra.
NovelToon tiene autorización de Cintya Flores para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Preparación
Faltaban dos semanas para el cumpleaños del Emperador.
La mansión lo sentía antes de que nadie lo dijera. Sheins empezó a revisar los protocolos de etiqueta con una frecuencia que sugería que los consideraba insuficientes. Kein aumentó las rondas de seguridad sin que nadie se lo pidiera. Lody Venson apareció de la capital con un maletín lleno de documentos y esa expresión de alguien que trae información que no va a gustarle a nadie y lo sabe perfectamente.
Nazaria observó todo esto con atención.
«El ambiente cambia cuando se acerca algo importante», pensó. «Las personas se mueven diferente. Hablan diferente. Las conversaciones tienen más capas.»
«Esto es lo que se siente cuando la política se acerca de verdad.»
—Señorita.
Era Sheins, en la puerta del salón de estudios, con la puntualidad de reloj que lo caracterizaba.
—Hoy la clase es diferente.
Nazaria cerró el libro que estaba leyendo.
—¿Diferente cómo?
—Protocolo de corte. —Sheins entró al salón y dejó sobre la mesa una pila de documentos con la serenidad de alguien entregando una sentencia—. Lo que se dice. Lo que no se dice. Cómo se dice lo que no se puede decir directamente. Cómo se escucha lo que no dicen pero quieren que escuches.
«La clase de política real», pensó Nazaria. «La que Sheins ha estado esperando el momento correcto para dar.»
—Empecemos —dijo.
Sheins la miró con algo que en otra persona habría sido una sonrisa.
—La señorita nunca pide que le explique por qué necesita aprender algo.
—Porque confío en que si usted considera que lo necesito, lo necesito —dijo Nazaria.
«Y porque ya sé por qué», pensó. «Pero eso no se lo digo.»
Sheins se sentó frente a ella.
—En la corte imperial —comenzó—, nadie dice lo que piensa directamente. Todo tiene una capa por encima. La pregunta de un noble sobre la salud de su padre no es una pregunta sobre su salud. Es una evaluación de cuánto poder tiene el ducado si el duque falla. El cumplido de una dama sobre su vestido no es un cumplido. Es una medición de cuánto gastó el duque en presentarla y qué dice eso sobre sus recursos actuales.
—¿Y cómo se responde a eso?
—Con la misma moneda. Con amabilidad perfecta que no revela nada. Con respuestas que suenan como respuestas pero son en realidad preguntas.
—¿Me puede dar un ejemplo?
Sheins la miró fijamente.
—Alguien se acerca y le dice: «Qué sorpresa tan agradable que el Duque Ainsworth haya traído a su hija. No sabíamos que existía.»
Nazaria consideró eso un momento.
—Respondo: «Mi padre es un hombre muy reservado con las cosas que aprecia. Lo entenderán cuando tengan algo que merezca la misma reserva.»
Sheins no dijo nada por un momento.
—Eso es exactamente correcto —dijo finalmente—. No confirma nada. No niega nada. Pone al interlocutor en posición defensiva sin agredirlo.
«Bien», pensó Nazaria. «Esto es lo que me gusta. El ajedrez con palabras.»
—¿Y si alguien menciona directamente la reputación de mi padre? —preguntó—. Diciendo que es el duque más temido del Imperio.
—¿Cómo respondería? —preguntó Sheins.
Nazaria pensó un segundo.
—Respondería: «Sí. Yo también lo encuentro impresionante.»
Sheins parpadeó.
Luego, por primera vez en meses de clases juntos, soltó una carcajada breve y completamente inesperada.
—Eso también funciona —admitió.
......................
Rame entró al salón una hora después, cuando la clase había terminado y Nazaria estaba sola repasando sus notas.
Se sentó frente a ella sin preguntar, como era su costumbre. Invierno, que había decidido desde hacía días que donde estuviera Nazaria era donde debía estar él, levantó la cabeza desde el rincón donde dormía, evaluó a Rame con sus ojos celestes, y volvió a dormir.
—Sheins me dijo que vas a la corte en dos semanas —dijo Rame.
—Sí.
—¿Estás nerviosa?
Nazaria lo pensó honestamente.
—Estoy preparada —dijo—. Que es diferente a no estar nerviosa.
Rame asintió despacio, como si eso tuviera sentido para él de una manera más profunda que la conversación.
—¿Qué pasa en ese evento? En el archivo de Sheins leí que el cumpleaños del Emperador es el evento político más importante del año.
«Sheins le está dando acceso a los archivos», pensó Nazaria sorprendida. «Sheins que protege esos archivos como si fueran sus propios hijos.»
«Rame realmente le impresionó.»
—Es donde todos se muestran —dijo—. Las alianzas, el poder, el dinero, las ambiciones. Todo en una misma sala con música y vestidos bonitos por encima.
—¿Y tú qué vas a hacer ahí?
«Sobrevivir. Observar. No cambiar nada que no deba cambiarse todavía», pensó Nazaria.
—Voy a conocer personas —dijo en cambio—. Y voy a escuchar mucho más de lo que voy a hablar.
Rame la miró durante un momento con esa concentración que ponía cuando estaba procesando algo.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Ya lo estás haciendo.
—¿Por qué a veces pareces mucho mayor de lo que eres?
El silencio que siguió fue de los más largos que había habido entre ellos.
«Porque lo soy», pensó Nazaria. «Porque viví una vida entera antes de esta y llegué aquí con el peso de todo eso.»
«Pero eso no te lo puedo decir.»
—Porque crecí rápido —dijo en cambio—. Las circunstancias no me dieron mucho tiempo para hacerlo despacio.
Rame la miró durante un momento.
—Yo también —dijo finalmente, en voz baja.
«Ya lo sé», pensó ella. «Y eso es exactamente lo que nos hace entendernos sin necesitar explicar demasiado.»
—Cuando vuelva de la corte te cuento todo —dijo Nazaria, volviendo a sus notas.
—¿Todo?
—Todo lo que pueda contarse.
Rame aceptó eso con un asentimiento y sacó el libro que traía bajo el brazo.
Se quedaron en silencio los dos, leyendo cada uno lo suyo, con Invierno dormido en el rincón y la luz de la tarde entrando por las ventanas del salón.
«Momentos como este», pensó Nazaria mirando la página sin leerla realmente, «los voy a recordar cuando todo se complique.»