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Bajo La Piel Del Látigo

Bajo La Piel Del Látigo

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Romance
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda G

Catrina no nació cruel; la forjaron a golpes de desprecio y una traición devastadora de su tío, quien le arrebató las tierras de su padre y su inocencia. Hoy, es "La Generala", la mujer que gobierna el pueblo con puño de hierro y cuyo corazón parece de piedra volcánica.

​La paz armada de su mundo se altera con la llegada de Máximo, un joven heredero acostumbrado a los lujos de la capital y a que el mundo gire a sus pies. Castigado por su abuelo para "hacerse hombre" en la hacienda vecina, Máximo llega con arrogancia, pero se estrella contra la realidad de un pueblo que no le teme a su apellido. El destino los obliga a convivir cuando una amenaza externa pone en riesgo las tierras de ambos. Mientras Máximo descubre que la vida es más que fiestas, Catrina se enfrenta a un dilema: ¿puede el amor de un "niño mimado" sanar las cicatrices de una traición familiar, o terminará él siendo una víctima más de su sed de venganza?

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capitulo 15

​La calma de la noche anterior había sido un espejismo. El amanecer trajo consigo la noticia de que tres de los mejores sementales de Catrina habían sido marcados con ácido en el potrero sur, un mensaje silencioso y cruel de los matones de Elías que operaban en las sombras. El hedor a piel quemada y el sufrimiento de los animales habían hecho estallar la frágil paz en "El Renacer".

​En el despacho, el aire era tan espeso que costaba respirar. Catrina caminaba de un lado a otro como un felino enjaulado, su mano derecha descansando permanentemente sobre la culata de su pistola. Máximo, por su parte, estaba apoyado contra la mesa de caoba, con el rostro encendido por una mezcla de impotencia y frustración.

​—¡Se acabó el juego de las cámaras y los abogados, Máximo! —gritó ella, girándose con una violencia que hizo que su trenza azotara su espalda—. ¡Están torturando a mis animales! Mientras tú redactas correos y llamas a tus contactos, ellos están derramando sangre. Esta noche voy a buscar al capataz de Elías y le voy a enseñar cómo marcamos aquí a los traidores.

​—¡Y eso es exactamente lo que Elías está esperando! —replicó Máximo, separándose de la mesa y plantándose frente a ella—. ¡Es una provocación de manual! Quieren que salgas de tu terreno, que pierdas el control. Si vas armada a buscar venganza, te convertirás en el monstruo que ellos dicen que eres. ¡Usa la cabeza, Catrina!

​—¡No me hables de usar la cabeza cuando tú no tienes ni idea de lo que es ver a tu gente y a tu tierra sangrar! —Catrina se acercó, invadiendo su espacio, con el pecho subiendo y bajando con una respiración errática—. Sigues siendo un niño rico que cree que el mundo se soluciona con una firma. Pero aquí, en el barro, la justicia tiene otro sabor. ¡Apártate de mi camino!

​—¡No me voy a apartar! —Máximo la tomó por los brazos, sujetándola con una fuerza que ya no era la de un extraño, sino la de alguien que se sentía con el derecho de protegerla de sí misma—. No voy a dejar que te destruyas por un estúpido impulso de sangre. Te necesito entera, Catrina. ¡Te necesito aquí!

​—¡Suéltame! —forcejeó ella, golpeando el pecho de él con las palmas de las manos. Sus ojos estaban inyectados en sangre, una mezcla de rabia, dolor y una fatiga acumulada de años—. ¡No eres nadie para decirme qué hacer! ¡Vete a tu ciudad, vete con tu abuelo! ¡No perteneces a este infierno!

​—¡Pertenezco a donde tú estés! —rugió él, acortando la distancia final.

​El Estallido

​La discusión murió en la garganta de ambos. Se quedaron allí, jadeantes, con los rostros a milímetros de distancia. La rabia que los había consumido durante semanas, esa fricción constante entre el hielo de la capital y el fuego del llano, se transformó de pronto en algo mucho más peligroso. Los insultos se convirtieron en una atracción gravitacional insoportable.

​Fue Máximo quien rompió la última barrera. La tomó por la nuca, hundiendo los dedos en su cabello oscuro, y la atrajo hacia sí con una desesperación que no pedía permiso. Catrina, lejos de apartarse, soltó un gruñido que fue mitad protesta y mitad rendición, y lo rodeó con los brazos, atrayéndolo hacia ella con la misma ferocidad con la que montaba a sus caballos.

​El beso fue un choque de trenes. No hubo delicadeza, ni romance de película; fue un beso cargado de desafío, de sudor y de la adrenalina de la batalla. Sabía a sal, a la amargura del licor de la noche anterior y a una necesidad que ambos habían intentado enterrar bajo capas de orgullo y odio. Era la colisión de dos mundos que se habían odiado tanto que solo podían unirse mediante la explosión.

​Máximo la empujó contra la pared del despacho, derribando un par de libros de la estantería en el proceso. Catrina respondió con la misma intensidad, mordiéndole el labio inferior hasta sacarle sangre, reclamando su dominio incluso en la entrega. En ese beso, Máximo le decía que ya no era su juguete, y Catrina le gritaba que, a pesar de todo, él era el único que había logrado verla de verdad.

​La Huida del Sentimiento

​De pronto, como si hubiera tocado un cable de alta tensión, Catrina se puso rígida. El contacto de las manos de Máximo en su cintura, la forma en que él la miraba con una adoración que iba más allá del deseo físico, la aterrorizó.

​Ella lo empujó con una fuerza bruta, separándose de él con tal violencia que Máximo tuvo que sostenerse de la silla para no caer. Catrina retrocedió hasta el rincón opuesto del despacho, llevándose una mano a la boca, con los ojos abiertos de par en par, como si acabara de cometer un crimen imperdonable.

​—¡Fuera! —gritó ella, con la voz temblando. Ya no era la voz de la Jefa; era la voz de alguien que acababa de ver un abismo—. ¡Lárgate de aquí, Máximo!

​—Catrina, espera... —él intentó acercarse, con el labio partido y la mirada confundida—. No finjas que esto no estaba pasando.

​—¡No estaba pasando nada! —chilló ella, buscando frenéticamente su pistola en la mesa para sentir algo sólido, algo que conociera—. Esto es un error. Un maldito error de una noche de fiebre. Tú no eres para mí, y yo no soy para nadie. ¡No me mires así!

​—¿Cómo? ¿Con la verdad? —Máximo se enderezó, recuperando la compostura a pesar del caos interno—. Tienes miedo, Catrina. Por primera vez en tu vida, tienes miedo de algo que no puedes matar con una bala. Tienes miedo de sentir que alguien puede quererte sin querer tu tierra.

​—¡Yo no necesito que me quieran! —replicó ella, y por primera vez, Máximo vio una lágrima correr por su mejilla antes de que ella la limpiara con furia—. Necesito poder. Necesito respeto. El amor es para los débiles, para los que tienen tiempo de soñar. Yo solo tengo tiempo de sobrevivir.

​Catrina caminó hacia la puerta y la abrió de par en par, señalando el pasillo con un gesto que no admitía réplica. Su rostro volvía a convertirse en esa máscara de piedra, pero sus manos, ocultas tras su espalda, temblaban incontrolablemente.

​—Vuelve a tu habitación. Mañana Elías volverá a atacar, y necesito que seas el abogado de la ciudad, no... esto. Si vuelves a tocarme, te juro que no vivirás para contar cómo sabe mi boca.

​Máximo la miró durante un largo minuto. Comprendió que el muro que ella acababa de levantar era mucho más alto que el de cualquier propiedad. Pero también sabía que el beso había dejado una grieta que ya no se podía sellar.

​—Puedes esconderte detrás de tu pistola todo lo que quieras, Jefa —dijo él, pasando a su lado con una calma letal—. Pero ese beso no fue de odio. Y lo sabes.

​Máximo salió al pasillo, dejándola sola en la penumbra del despacho. Catrina cerró la puerta y se apoyó contra ella, dejándose deslizar hasta el suelo. Se llevó los dedos a los labios, sintiendo todavía el calor de los de él. Estaba asustada. Estaba furiosa. Pero sobre todo, estaba viva, de una forma que el odio nunca le había permitido estar. La discordia había sembrado su semilla, y ahora, el heredero de cristal y la reina del llano sabían que su mayor enemigo no era Don Elías, sino lo que acababa de nacer entre ellos en medio de la rabia y el polvo.

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valeska garay campos
se lee interesante 🤔👀
Silvia Chena
ES BUENÍSIMA LA NOVELA
Lobelia ❣️
👍👏
Silvia Chena
Algún problema va a traer, esa mina
Lobelia ❣️
muy bueno 👍👍
Lobelia ❣️
☺️👍👍🥰
Lobelia ❣️
me gusta sigues 👍👍
Celina Espinoza
gracias por compartir tu historia 🥰
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