Ella renace en otra época, decidida a priorizarse a si misma y a no enamorarse para no sufrir.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
** Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Invitado 2
Regina se quedó inmóvil.
En silencio.
Mirando la escena como si hubiera ocurrido demasiado rápido para procesarla.
[Espera.. ¿Qué…?]
Pero no lo dijo en voz alta.
No pudo.
Los sirvientes comenzaron a moverse.
El equipaje fue traído.
Las instrucciones se dieron.
La casa… cambió.
Porque ya no era solo su espacio.
Y Regina seguía ahí.
De pie.
Sin palabras.
Con una sensación clara en el pecho..
Había perdido el control de la situación.
Completamente.
Lo miró.
Y esta vez… no pudo evitar hacerlo.
Con una mezcla de incredulidad y desconcierto.
[¿Cómo…? ¿Cómo había pasado esto?]
¿Cómo había permitido esto?
¿Cómo había llegado a ese punto… sin siquiera darse cuenta?
Y, por primera vez desde que había decidido cerrar su corazón…
Regina tuvo un pensamiento completamente ilógico.
Pero inevitable.
[Los Darcy… deben tener algún tipo de magia.]
No podía explicarlo de otra forma.
Porque ella no era así.
No dudaba.
No se quedaba sin palabras.
No reaccionaba de esa manera ante nadie.
Nunca.
Y sin embargo…
Ahí estaba.
En su propia casa.
Con un hombre que la hacía estremecerse sin tocarla.
Que la descolocaba sin esfuerzo.
Que rompía su equilibrio… solo con estar presente.
Regina inhaló profundamente.
Intentando recuperar algo.
Cualquier cosa.
[Es solo temporal.. Es por trabajo.. No significa nada.]
Pero las palabras…
No se sentían tan firmes como antes.
Y mientras el sonido del equipaje siendo instalado en su casa llenaba el silencio…
Regina entendió algo que no le gustó en absoluto..
Esta vez…
No iba a ser tan fácil mantener la distancia.
Tal como él mismo había dicho que estaba cansado, Regina actuó de inmediato.
Eficiente.
Ordenada.
Precavida.
—Lleven la cena a la habitación del Lord Darcy.. Y estén atentas por si necesita algo.
Su tono no dejaba espacio a dudas.
Era atención adecuada para un invitado.
Nada más.
Nada menos.
Pero en el fondo…
Había una intención muy clara.
Que no saliera.
Que descansara.
Que se quedara en su habitación.
Y, sobre todo…
No tener que verlo.
Cuando terminó de dar instrucciones, Regina no fue a su dormitorio.
No.
Fue directo a la oficina.
Su refugio.
El lugar donde todo tenía lógica.
Donde nada escapaba a su control.
Tomó un libro.
Se sentó.
Y comenzó a leer.
O al menos… lo intentó.
Porque su mente no estaba completamente en las páginas.
Estaba atenta.
Escuchando.
Esperando el sonido de pasos que no llegaban.
[Probablemente ya está descansando.. eso es bueno]
Y esa idea… la tranquilizó un poco.
Minutos después..
—Lady Sallow.
La voz.
Cercana.
Demasiado cercana.
Regina levantó la vista de golpe.
Y ahí estaba.
Nelson Darcy.
De pie, en la entrada de su oficina.
Su cabello oscuro aún húmedo, como si acabara de bañarse, cayendo ligeramente desordenado sobre su frente.
La imagen… no ayudaba.
En absoluto.
—Lord Darcy —respondió, intentando mantener la compostura.
Pero por dentro…
Otra vez.
Ese pensamiento absurdo.
[Tiene magia.. eso debe ser.. o algun poder mistico]
No podía explicarlo de otra forma.
Porque esto no era normal.
No para ella.
Recordó vagamente una novela que había leído alguna vez.
Sobre vampiros.
Sobre cómo, con solo mirar, podían paralizar a los humanos.
Casi soltó una pequeña exhalación.
[No es un vampiro.. Pero… algo tiene.]
Algo que no entendía.
Y que claramente no controlaba.
—Espero no interrumpir —dijo él, avanzando con naturalidad.
Regina negó de inmediato.
—No…
Pero sí.
Sí la estaba interrumpiendo.
Interrumpiendo su intento de mantenerse a salvo.
Nelson se acercó a una de las estanterías.
Observó los libros con interés genuino.
No fingido.
Eligió uno.
Y, sin dudar..
Se sentó.
A su lado.
En el sofá.
Regina se quedó completamente inmóvil.
Mirándolo.
Con una mezcla de sorpresa… y algo cercano al horror.
—¿Qué está haciendo?
No lo dijo.
Pero su expresión lo gritaba.
No quería eso.
No quería cercanía.
No quería compartir espacio.
No quería sentir.. Eso.
Intentó volver al libro.
Bajó la mirada.
Pero era imposible ignorarlo.
Estaba ahí.
Demasiado cerca.
Podía sentir su presencia.
El leve calor que parecía acompañarlo.
El sonido suave de las páginas al pasar.
Todo.
Demasiado.
Y lo peor…
Era que él parecía saberlo.
No de forma evidente.
Pero sí… consciente.
Porque, poco a poco…
Se acercaba.
No de golpe.
No de forma invasiva.
Pero lo suficiente.
Centímetro a centímetro.
Como si probara límites invisibles.
Como si esperara ver hasta dónde ella lo permitiría.
Regina tensó los hombros.
Apenas.
Intentando no reaccionar.
Intentando no moverse.
Pero por dentro…
Todo estaba en alerta.
[Esto no es normal.. No debería estar pasando.. No debería afectarme.]
Apretó ligeramente el libro entre sus manos.
Sin leer realmente.
Solo… sosteniéndose.
Y mientras el silencio se instalaba entre ambos, cargado de una tensión que Regina no sabía cómo manejar…
Solo pudo pensar una cosa..
Definitivamente… Ese hombre tenía algo.
Y no estaba segura de querer descubrir qué era.