dioses, vampiros y amor
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capitulo 14
El aire en el JNC se sentía eléctrico. El confinamiento no había roto a Usui; lo había afilado. Salió de las celdas de castigo con una energía agresiva, moviéndose con una precisión depredadora que hacía que los reclutas de menor rango se apartaran a su paso. Había decidido que sus sentimientos eran una debilidad sistémica que debía extirpar, e ignoraba cualquier pensamiento que no fuera táctico.
El Regreso al Campo
Takahiro, sin embargo, no le devolvió el mando. La siguiente misión de reconocimiento fue liderada por Yaquimura. Durante el trayecto, Alfred y Yaquimura intentaron romper el hielo.
—¿Cómo fue abajo, hermano? —preguntó Alfred con cautela.
—Silencioso —respondió Usui con voz cortante—. Lo que este equipo necesita: menos charla y más disciplina.
Mizuki y Minori también intentaron integrarse, sintiéndose mucho más ligeros, como si la gravedad ya no les afectara de la misma forma. Pero Usui apenas les dirigía la palabra. Su atención estaba, a su pesar, clavada en la parte trasera del transporte, donde Eduard —con su característico cabello negro alborotado y esa sonrisa de quien sabe que es atractivo— hablaba animadamente con Shion.
La Sombra de Afrodita
Eduard, sintiendo una conexión que no lograba explicar, rodeó los hombros de Shion con el brazo. Ella no lo apartó.
—Te he visto en mis sueños, Shion —murmuró Eduard, con un tono que mezclaba la curiosidad con una vulnerabilidad genuina—. Es confuso. He hablado con William y Ana; ellos también tienen esos flashes. Pero tú siempre estás ahí, nítida, como si fueras la única constante en un mar de estática. ¿Por qué duele tanto recordarte?
Shion le dedicó una sonrisa triste, una que Usui vio desde lejos y que le quemó las entrañas.
—¿Sabes qué eres, Eduard? —preguntó ella.
—No —confesó él—. Solo sé que mi cuerpo se siente como si fuera a estallar y que tú tienes las respuestas.
—Cuando sepas qué eres, ven a buscarme —sentenció Shion—. Entonces te contaré lo que necesites saber. Mientras tanto, el conocimiento es solo una carga más pesada que esas armas que llevas.
Ecos del Olimpo
Mientras Eduard se alejaba confundido, Shion se perdió en el tiempo. Recordó a Eduard en el Olimpo: el Hijo de Afrodita. Un príncipe de cabellos azabache que pasaba sus días seduciendo musas y bebiendo vino ambrosíaco en su trono de marfil. Recordó la vez que ella entró en sus estancias, derribó su copa de oro y lo sacó a rastras hacia el campo de entrenamiento.
"La belleza no te salvará de los Titanes, pequeño dios", le había dicho ella entonces, mirándolo desde arriba con esos ojos grises. Eduard, a pesar de ser la definición misma de la belleza divina, se había sonrojado por primera vez en su inmortalidad. Ella le enseñó a pelear, a amar la fragilidad de los humanos y a ser algo más que un adorno en la corte de su madre.
El Choque en el Presente
La misión fue insultantemente fácil. Los instintos divinos de Mizuki, Minori, Alfred y Yaquimura estaban despertando; se movían en una armonía perfecta, como si sus cuerpos recordaran batallas de hace mil años.
Al regresar al complejo, el grupo se dividió. Yaquimura, ahora el oficial al mando, fue a entregar los informes. Usui, degradado y frustrado, caminaba por el pasillo de entrenamiento cuando vio a Shion de espaldas, distraída frente a un ventanal.
El impulso fue más fuerte que su voluntad. Quería molestarla, romper esa calma que ella mantenía mientras él se caía a pedazos por dentro. Se acercó en silencio y puso una mano en su hombro.
En un parpadeo, el mundo giró.
Shion reaccionó con una velocidad que dejó a Usui sin aire. En un movimiento fluido de defensa personal mejorada, lo tomó de la muñeca, giró su cuerpo y lo proyectó contra el suelo con una fuerza sísmica. Antes de que Usui pudiera procesar el impacto, Shion estaba encima de él, inmovilizándolo.
Un cuchillo de Shion presionaba su garganta; al mismo tiempo, Usui sintió la punta de otro puñal contra sus costillas.
Shion, al darse cuenta de quién era, soltó un suspiro y sus ojos carmesí volvieron gradualmente al gris.
—Lo siento... —dijo ella, pero no se quitó de encima de inmediato.
Usui se quedó mudo. A esa distancia, con la luz del pasillo perfilando su rostro, pudo observar cada detalle: la curva de sus labios, la intensidad de sus ojos grises, el calor de su aliento contra su piel. Sintió el peso del cuerpo de Shion contra el suyo, la presión de sus senos y la firmeza de sus piernas. El desdén que ella le había mostrado antes se transformó en una tensión física insoportable.
Su resolución de "odiarla" y "apartarse" se desmoronó. Estaba atrapado bajo ella, y por un segundo, no quiso que Shion se levantara nunca.
Shion se puso en pie rápidamente, recuperando su máscara de frialdad y dejándolo allí, tirado en el suelo, con el corazón martilleando contra sus costillas.