Alessia Ferrer acepta casarse con el heredero de una familia rival para investigar la muerte de su hermano.
Lo que no esperaba descubrir es que su nuevo esposo también está buscando al asesino… y que ambos podrían estar viviendo con el enemigo dentro de sus propias familias.
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Juego de Sombras
La noche caía lentamente sobre la mansión Ferrer. Las luces del jardín iluminaban tenuemente el patio central, proyectando sombras alargadas que se movían con el viento. Alessia permanecía junto a la ventana de su despacho, observando cómo la ciudad comenzaba a apagarse, pero su mente estaba lejos de descansar.
Cada nombre en los documentos, cada pista sobre Gabriel y sus antiguos socios, era un rompecabezas que debía resolver antes de que alguien más tomara ventaja. Su compromiso con Thiago ya no era solo una formalidad; se había convertido en un vínculo estratégico que podía definir su futuro y el de su familia.
Un golpe suave en la puerta la sobresaltó. —Adelante —dijo sin volverse.
Thiago entró, ajustándose el traje. Sus pasos eran silenciosos, pero su presencia llenaba la habitación.
—Recibí una llamada —dijo, con voz grave—. Alguien vio a Matteo Rinaldi cerca del puerto esta tarde.
Alessia arqueó una ceja. —¿Qué hacía allí?
—Eso es lo que necesitamos descubrir. Pero no fue casualidad. Estaba buscando algo… o a alguien.
—¿Crees que tiene relación con la muerte de Gabriel? —preguntó Alessia.
Thiago asintió. —Sí. Y si quiere mantener el control, debemos adelantarnos.
Ambos se miraron en silencio. El entendimiento era mutuo: no podían confiar en la suerte ni en terceros. Cada movimiento debía ser calculado, cada paso estratégico.
—Vamos —dijo Thiago finalmente—. Te mostraré lo que he descubierto en el puerto.
Alessia lo siguió hasta el garaje. Dos autos negros los esperaban, perfectamente alineados. El aire fresco de la noche los golpeó al salir, pero ninguno se inmutó. Mientras conducían hacia el puerto, Alessia repasaba mentalmente todos los riesgos: Matteo Rinaldi era conocido por ser astuto, despiadado y meticuloso. Si estaban allí, la tensión no sería solo por una simple visita.
Al llegar al puerto, las luces amarillas iluminaban los contenedores, pero las sombras de los barcos proyectaban figuras que se movían con sigilo. Thiago bajó primero, seguido por Alessia, ambos con pasos firmes y cautelosos.
—Allí —susurró Thiago, señalando a un hombre que manipulaba documentos entre dos contenedores. Alessia reconoció la figura: Matteo Rinaldi.
—Parece concentrado —dijo ella—. ¿Qué hacemos?
Thiago sacó un pequeño dispositivo de su bolsillo. —Lo primero es recopilar información sin ser vistos. Después actuaremos.
Se movieron como sombras entre los contenedores, acercándose lo suficiente para escuchar la conversación sin ser detectados. Matteo hablaba por teléfono, mencionando nombres y números, y las palabras que Alessia captó la hicieron tensarse: "Gabriel… Ferrer… deuda pendiente… entrega mañana."
—¿Entrega mañana? —susurró Alessia, alarmada.
Thiago frunció el ceño. —Eso significa que alguien planea mover información valiosa o peligrosa muy pronto. Y no podemos permitir que lo haga sin intervenir.
Ambos se ocultaron detrás de un contenedor, observando los movimientos de Matteo y sus acompañantes. La adrenalina aumentaba con cada segundo, y Alessia sentía que el pulso le latía en las sienes.
—Thiago… esto se está volviendo más grande de lo que imaginábamos —dijo, susurrando.
—Lo sé —respondió él—. Y la noche apenas comienza.
Entonces, un ruido sutil rompió el silencio. Un contenedor cercano se movió, y una figura apareció entre las sombras. Alessia contuvo la respiración. Era alguien que no habían esperado: un antiguo aliado de Gabriel, con una mirada que mezclaba sorpresa y preocupación.
—No deberían estar aquí —dijo el hombre, su voz apenas audible—. Esto es demasiado peligroso.
—Lo sabemos —contestó Alessia, con firmeza—. Pero necesitamos respuestas.
El hombre los observó por un momento antes de asentir. —Entonces siganme. Pero cuidado… lo que van a descubrir no es lo que esperan.
Mientras los tres se adentraban entre los contenedores, Alessia comprendió algo: cada paso que daban los acercaba a la verdad… pero también al riesgo. Lo que parecía un simple movimiento de documentos era solo la punta del iceberg.
En algún lugar de la oscuridad, Matteo Rinaldi los vigilaba sin saber que sus movimientos ya estaban siendo anticipados. La guerra de sombras apenas comenzaba, y la batalla no sería solo por poder, sino por la información que podía cambiarlo todo.
Alessia miró a Thiago, y ambos compartieron un entendimiento silencioso: no podían fallar. Porque esta vez, cada error tendría consecuencias irreversibles.