Nací entre lujos, rodeada de poder, creyendo que el amor sería el único territorio donde nadie podría obligarme.
Me equivoqué.
Mi padre decidió mi destino con una firma.
Mi esposo selló mi condena con su desprecio.
Y yo… yo aprendí demasiado tarde que no todos los cuentos de hadas comienzan con una boda.
y que incluso en jaulas doradas se puede morir lentamente.
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capitulo 15 lo que no se ve
El apartamento estaba en penumbra, no por descuido ni por abandono, si no por costumbre.
Antonio Valderrama nunca encendía todas las luces cuando estaba allí, decía que la claridad excesiva era innecesaria.
Que lo importante no necesitaba exhibirse.
Mónica lo sabía, como sabía tantas cosas sobre él.
Estaba de pie junto a la ventana, envuelta en una bata de seda negra, observando las luces distantes de la ciudad.
Esperándolo, como cada noche lo hacia, el había comprado ese apartamento para ella, para ellos... Ese era su refugio, su secreto, su nido de amor.
La cerradura sonó, y su corazón respondió antes que su cuerpo.
Antonio entró sin prisa, llevaba un traje oscuro corbata floja y una expresión ilegible.
Pero Mónica percibió algo distinto, algo tenso algo mal contenido.
—Llegaste tarde.
Su voz fue suave, cálida, envolvente.
—Tuve asuntos que resolver.
Antonio dejó el maletín sobre la mesa.
Sin mirarla.
Mónica se giró lentamente.
—Siempre tienes asuntos.- respondió haciendo pucheros.
Antonio aflojó el nudo de la corbata.
—No empieces.
Ella sonrió levemente, una sonrisa peligrosa.
—¿Empezar qué? - su respuesta tenía un doble sentido, Pero Antonio ni se fijó.
—Esa conversación que termina en reproches.
—No son reproches.
Se acercó, despacio para envolverlo en sus brazos.
—Son recordatorios.
Antonio la miró por fin y sus ojos… No tenían paciencia.
—No estoy de humor Mónica...
Mónica lo estudió Con atención.
Con esa intuición que las amantes desarrollan cuando aman a hombres emocionalmente mutilados.
—¿Qué pasó?
—Nada.
—Antonio.- insistió.
Se detuvo frente a él.
—¿Qué pasó?
Antonio suspiró con irritación contenida.
—¿Desde cuándo eres terapeuta?
—Desde que aprendí a leerte.
Sus miradas chocaron.
Antonio se apartó, camino hacia la cocina y se sirvió whisky lo bebió de un trago.
—Regresé antes.
—lo se Anto, no me dejaste terminar de disfrutar mis vacaciones.
—ese no es el problema Mónica.
—¿y que es entonces?
Antonio guardó silencio, demasiado tiempo y Mónica lo entendió, porque el silencio de Antonio nunca era vacío, era información.
—Renata.
No fue pregunta fue afirmación.
Antonio apretó la mandíbula confirmación suficiente.
—¿Qué hizo ahora?- Renata siempre hacia un berrinche cuando Antonio viajaba.
—Nada.
Mónica frunció el ceño.
—tu No reaccionas así por “nada”.
Antonio caminó hacia la ventana, tenso.
—Ese maldito Villavicencio.
El nombre cayó cargado de veneno.
Mónica sintió el golpe, y todo comenzó a encajar, Antonio no se llevaba bien con ese hombre.
—¿Adrián?
Antonio soltó una risa seca.
—¿Cuántos Villavicencio crees que frecuentan mi casa?
—¿Qué pasa con él?
Antonio guardó silencio, luego habló.
—La mira demasiado.
El aire cambió mónica no reaccionó de inmediato.
no debía, no cuando algo tan revelador acababa de salir de los labios de Antonio Valderrama.
—¿A quién?
preguntó suavemente, aunque ella ya conocía la respuesta.
Antonio no respondió, y no hacía falta.
—Renata… - insistió buscando su confirmación.
Pero solo obtuvo un Silencio pesado que lo confirmo.
—No seas ridículo.
Intentó sonar despreocupada.
—Ella es tu esposa.- le recordó para tratar de calmarlo.
—Por contrato.- le recordó
—Exacto.
Se acercó lentamente.
—Entonces ¿qué importa?
Antonio giró y sus ojos… ardían con algo inesperado.
—Eso mismo quisiera saber.
Mónica sintió un nudo helado formarse en su estómago porque había algo en aquella mirada.
algo que no le gustó nada.
pero absolutamente nada.
—¿Te molesta?
preguntó con aparente calma.
Antonio bebió otro trago.
—Me irrita.
—y No es lo mismo.
—no, es agotador...
—Antonio…
Mónica lo observó con una intensidad peligrosa.
—¿Estás celoso?
El silencio fue inmediato, brutal, antonio la miró fríamente.
—No digas estupideces Mónica, como voy a estar celoso por una mujer que no me interesa.
Mónica se acercó lentamente, su voz se volvió sedosa, apaciguadora.
—Antonio…
Sus dedos rozaron su pecho.
—No te preocupes por Adrián.- obto por cambiar de persona y centrar la atención en el medio hermano de su amado.
Antonio frunció el ceño.
—el Solo quiere molestarte
—Siempre lo ha hecho.- respondió algo monótono.
Sus manos subieron lentamente por su torso.
—Provocar. Desestabilizar, eso es a lo que se dedica...
Antonio la miró.
—No significa nada.
—y No lo es.
Sus labios casi tocaron su mandíbula.
—Olvídate ya de ese par.
La frase cayó suave, pero calculada.
Antonio guardó silencio.
Y Mónica supo que había acertado porque Antonio Valderrama odiaba sentirse vulnerable y ella acababa de ofrecerle una salida elegante.
—Ven…
susurró.
Esta vez Antonio no se apartó, se dejó llevar por sus caricias...
La noche avanzó entre sombras y respiraciones entrecortadas.
Entre deseo antiguo, entre costumbre, pero incluso entre sus brazos… Antonio estaba distante.
Su mente lejos, Y Mónica lo sintió, en cada pausa.
en cada silencio, en cada caricia ausente.
Cuando todo terminó… Antonio se levantó a toda prisa, sin ternura sin mirarla.
—¿Ya te vas?- pregunto desconcertada
La voz de Mónica fue baja, demasiado baja y con un deje de melancolía.
—Debo estar alerta Moni...
—Antonio…
—No puedo quedarme.
Tomó su camisa.
—No esta noche.
Termino de vestirse y se marcho, sin un beso.
sin una caricia, no hubo promesa.
solo distancia, frialdad y ausencia.
La puerta se cerró confirmando que Antonio se había marchado y el silencio fue devastador.
Mónica permaneció inmóvil en la cama,la seda negra desordenada, la respiración irregular, los ojos ardiendo, pero no de tristeza de algo mucho más oscuro.
—Renata Soler…
susurró.
El nombre se deslizó cargado de veneno porque ahora lo veía con claridad, renata no solo tenía el apellido perfecto, la posición perfecta la vida perfecta.
Ahora empezaba a alterar a Antonio, a inquietarlo.
a perturbarlo.
Y eso… eso sí era imperdonable.
Sus dedos se cerraron sobre las sábanas.
—Ojalá te haga añicos… Renata.
murmuró con odio contenido
Sus ojos brillaron con una furia silenciosa.
—Que te destruya tan profundamente…
—y se asegure que jamás vuelvas a ser feliz...