"Antes de la leyenda, existió una verdad oculta entre las sombras del bosque. María Clara solo buscaba sanar con sus brebajes, pero una premonición de muerte y un amor prohibido marcaron su destino para siempre
Precuela de la novela amor sobrehumano
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Capitulo 15 - La familia de Leandro es atacada por vampiros
En la casa de Soledad, el silencio de la noche era arrullado por el amor.
—Tía... ¿cómo era mi mamá? —preguntó Luciana mientras se acurrucaba bajo las mantas.
—Era hermosa y noble, mi cielo. Te amaba más que a nada —respondió Soledad con una caricia—. Ella siempre está contigo, aunque no puedas verla.
Luciana cerró los ojos, pero una duda quedó flotando en su mente infantil: ¿Quién será mi papá?
Un gesto de nobleza en la Mansión Pérez
Mientras tanto, Salvador no podía quitarse de la cabeza los relatos de Adela sobre su amiga "pobre" del bosque. Sin saber por qué, sentía una conexión extraña con esa historia.
—Toma este dinero, Adela —dijo entregándole un sobre abultado—. Quiero que se lo des a tu amiga para lo que la niña necesite. Ese bosque es peligroso y quiero que estén a salvo.
—Es muy noble de su parte, señor —respondió Adela conmovida.
Al quedarse solo, Salvador suspiró. Cada vez que escuchaba sobre ellas, el recuerdo de María Clara lo asaltaba como un fantasma. Es imposible que sea ella, se repetía, intentando acallar su corazón.
La tragedia de los Soriano
En la Casa Soriano, la cena familiar fue interrumpida por un golpe seco en la puerta. Marcela, pensando que era su hijo Leandro, abrió con una sonrisa que se congeló al instante.
—¿Quiénes son ustedes? —alcanzó a preguntar antes de que las bestias se abalanzaran sobre ella.
Los gritos desgarraron la paz del hogar. Fernando corrió a la sala solo para presenciar el horror: dos monstruos drenaban la vida de su esposa. Antes de poder reaccionar, él también fue derribado.
—¡Escóndete, Bibiana! —rugió Fernando con su último aliento.
La joven se ocultó bajo su cama, temblando y ahogando sus sollozos, pero el olfato de los vampiros era infalible. Sintiéndola como una presa fácil, la arrastraron hacia afuera.
—No las drenen del todo —ordenó uno de los atacantes—. El Jefe quiere nuevos súbditos.
Minutos después, los cuerpos inertes de la familia fueron cargados velozmente hacia la guarida, dejando tras de sí un rastro de sangre y una casa vacía. Cuando Leandro llegó, esperando un regaño por su tardanza, solo encontró el eco de la muerte en las paredes manchadas. Su grito de dolor se perdió en la inmensidad del bosque.
La persistencia del mal
En la guarida, el Jefe de los Vampiros recibió a los nuevos convertidos con satisfacción, pero su obsesión seguía siendo la misma.
—Han pasado cinco años y las hijas de la hechicera no aparecen —gruñó—. Sigan buscando. Tarde o temprano, esas humanas me darán el brebaje para caminar bajo el sol, aunque tenga que arrancárselos de las manos.
El encuentro inminente
A la mañana siguiente, ajena al peligro, Soledad partió hacia el pueblo.
—Quédate aquí, Luciana. Haz tus tareas y no le abras a nadie —le advirtió antes de irse.
Pero la curiosidad de la pequeña era más fuerte. En cuanto se quedó sola, sus pies la llevaron de nuevo hacia la espesura del bosque.
Mientras tanto, en la Mansión Pérez, Salvador tomó una decisión que cambiaría todo.
—Adela, quiero ir contigo hoy —dijo con firmeza—. Me gustaría conocer a esa amiga tuya y a su sobrina.
Adela se quedó sin palabras. El secreto que Soledad tanto había protegido estaba a punto de quedar expuesto ante los ojos del hombre que lo originó todo.