Gael Eryx Valcázar lo tiene todo: poder, dinero y control absoluto sobre su mundo… hasta que ella aparece.
Naelith Corvane, una chica recién graduada con grandes sueños, entra a trabajar en la empresa equivocada… o tal vez en la correcta.
Lo que empieza como una simple oportunidad se convierte en un juego peligroso de secretos, ambición y emociones que ninguno puede controlar.
Porque en un mundo donde todo tiene un precio… enamorarse puede ser el error más caro.
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Capítulo 15: Lo que no puede ignorar
La llamada no terminó cuando colgó.
Permaneció.
No en el sonido, ni en el dispositivo que volvió a reposar sobre su escritorio con la misma precisión de siempre, sino en algo más profundo, más difícil de ocultar. Para cualquiera que lo observara sin atención, Gael Eryx Valcázar no había cambiado. Su postura seguía siendo recta, su expresión controlada, su presencia tan firme como en cualquier otro momento del día. Pero había una diferencia.
Sutil.
Casi imperceptible.
Pero real.
Naelith Corvane la notó sin buscarlo. No porque esperara algo en particular, sino porque ya había aprendido a reconocer esos pequeños cambios, esas variaciones mínimas que rompían la perfección de su control. No preguntó, no intervino, no hizo ningún gesto que indicara que había percibido algo fuera de lo habitual. Pero lo registró.
Y lo guardó.
Porque en ese lugar, entender sin hablar era, muchas veces, más importante que preguntar.
El resto de la jornada continuó con una normalidad que no era del todo auténtica. Gael retomó sus tareas, respondió correos, revisó documentos, dio instrucciones con la misma precisión de siempre. Nadie habría dicho que algo había alterado su equilibrio. Nadie… excepto alguien que estuviera observando más allá de lo evidente.
Porque el control no se había perdido.
Pero sí se había tensado.
Y eso era suficiente.
El tiempo avanzó con una lentitud distinta, marcada por una sensación que no terminaba de desaparecer. No era urgencia visible, ni tampoco una presión externa clara. Era algo interno, contenido, como si cada minuto que pasaba estuviera siendo medido bajo una lógica que nadie más podía percibir.
Fue cerca del final de la jornada cuando ese cambio dejó de ser solo una sensación.
Gael se levantó de su escritorio sin previo aviso, tomando su teléfono y su abrigo con un movimiento preciso, pero ligeramente más rápido de lo habitual. No dio explicaciones al resto del equipo, no anunció su salida como solía hacer en otras ocasiones. Simplemente se dirigió hacia la salida.
Pero antes de irse…
Se detuvo.
Naelith sintió su presencia antes de verlo.
Cuando levantó la mirada, él ya estaba ahí, observándola con esa misma intensidad contenida que parecía no abandonarlo nunca. Pero esta vez, había algo distinto en sus ojos.
Algo más urgente.
No habló de inmediato.
Y ese pequeño retraso…
Lo decía todo.
Finalmente, su voz rompió el silencio.
Baja.
Controlada.
Pero más directa que nunca.
Tenía que irse.
No fue una explicación completa.
No dio detalles.
Pero esta vez…
No fue suficiente para dejarlo ahí.
Naelith sostuvo su mirada unos segundos, sin invadir, sin cuestionar, pero sin apartarse tampoco. Había algo en ese momento que no encajaba con la dinámica habitual, algo que no pertenecía completamente al ámbito laboral.
Y fue entonces cuando lo dijo.
No como una confesión.
Sino como una información necesaria.
Había sido su padre.
El nombre no tardó en aparecer.
Kaelion Valcázar.
No era solo una figura familiar.
Era una presencia.
Una que, incluso sin estar ahí, tenía peso.
Había pedido que regresara a casa.
Urgente.
La palabra no fue enfatizada.
No hizo falta.
Porque en la forma en que fue dicha…
Ya tenía todo el significado necesario.
El silencio que siguió fue distinto.
Más corto.
Más claro.
Naelith no hizo preguntas.
No pidió explicaciones.
Pero asintió.
Porque entendía.
No el contexto completo.
—
Pero sí la importancia.
Gael la observó un segundo más, como si evaluara algo que iba más allá de ese momento, algo que no estaba directamente relacionado con la situación, pero que, de alguna forma, se había vuelto relevante.
Y luego se fue.
—
Sin mirar atrás.
El espacio que dejó se sintió más amplio.
Más vacío.
Pero no en el sentido habitual.
—
Era otra cosa.
Como si algo que normalmente permanecía oculto…
Se hubiera hecho visible por un instante.
La noche cayó con rapidez, y con ella, la distancia.
Pero la llamada…
No desapareció.
Porque no había sido solo una interrupción.
Había sido un recordatorio.
De algo que Gael no podía controlar.
Y eso…
Era lo único que realmente importaba.
Mientras tanto Gael se dirigió a su auto y lo puso en marcha, rumbo a la casa familiar, que su padre lo llame en horario de trabajo lo puso en alerta, algo le decía que no era buena idea ir a esa casa, pero las órdenes de su padre eran ley, y aunque el fuera el que estaba a cargo ahora de la empresa, con una sola orden él podía perderle todo.
Y así se perdió en sus pensamientos hasta llegar hasta que sin darse cuenta, había llegado a la residencia Valcázar y el sabía q no era el final del caminó sino el comienzo.