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Wishcalia

Wishcalia

Status: En proceso
Genre:Héroes / Mujer fuerte/hombre frágil / Amor-odio
Popularitas:216
Nilai: 5
nombre de autor: Ana Rosa Yosef Osca

Wishcalia es una mujer de carácter férreo: fuerte, dominante y acostumbrada a que nadie le doble la voluntad.
Al conocer a Alexander, un amor profundo e inesperado nace entre ellos. Se casan, forman una hermosa familia y llenan su hogar de risas y hijos. Juntos parecen invencibles.
Sin embargo, la armonía se quiebra cuando su suegra empieza a manipular y sembrar conflictos con sus intrigas. Como si eso no fuera suficiente, el primer amor de Alexander reaparece con una pasión renovada, removiendo viejos sentimientos y poniendo a prueba los límites de su matrimonio.
Entre celos, secretos familiares y deseos del pasado que resurgen con fuerza, Wishcalia deberá usar toda su fuerza y astucia para proteger lo que más ama. Porque en esta historia, incluso la mujer más poderosa puede verse obligada a luchar por su felicidad.

NovelToon tiene autorización de Ana Rosa Yosef Osca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La resolución

La resolución de la jueza llegó exactamente ocho días después de la audiencia preliminar. Wishcalia recibió la notificación en su oficina a las 10:17 a.m. Abrió el documento con manos firmes, aunque su corazón latía con fuerza.

La jueza había decidido:

Denegaba la solicitud de custodia compartida presentada por Elena Montenegro.

Mantenía las visitas supervisadas de la abuela, pero solo una vez al mes, con presencia obligatoria de uno de los padres o un profesional designado por el tribunal.

Ratificaba la orden de alejamiento contra Camila por seis meses más.

Ordenaba a Elena abstenerse de cualquier contacto indirecto con los niños a través de terceros y advertía que cualquier violación podría resultar en suspensión total de visitas.

Wishcalia leyó el fallo dos veces. Una sonrisa lenta y victoriosa se dibujó en sus labios. No era una victoria absoluta, pero era suficiente. Elena había perdido terreno importante.

Inmediatamente llamó a Alexander.

—Ganamos —dijo sin preámbulos—. La jueza rechazó la custodia compartida. Las visitas quedan muy limitadas y supervisadas.

Alexander soltó un suspiro de alivio al otro lado de la línea.

—Gracias a Dios. ¿Cómo te sientes?

—Aliviada —respondió Wishcalia—. Pero esto no termina aquí. Elena va a estar más furiosa que nunca. Necesitamos estar preparados.

Esa tarde, Wishcalia llegó temprano a casa. Quería darle la noticia a Alexander en persona y celebrar con los niños. Encontró a Mateo y Sofía jugando en el salón. Se arrodilló y los abrazó con fuerza.

—Mis amores, tengo una buena noticia. Vamos a poder seguir tranquilos en casa.

Alexander llegó poco después. Cuando Wishcalia le mostró el documento, él la tomó en brazos y la besó con intensidad.

—Eres increíble —murmuró contra sus labios—. Gracias por luchar tan duro por nosotros.

Esa noche prepararon una cena especial. Los niños comieron felices, ajenos a la batalla legal que acababa de librarse. Mateo contó con orgullo que había dibujado un retrato de toda la familia “para que mami lo cuelgue en su oficina”. Sofía insistía en sentarse en las piernas de Wishcalia.

Después de acostarlos, Wishcalia y Alexander subieron al dormitorio. Ella cerró la puerta y se giró hacia él con una mirada que él ya conocía bien: la mirada de quien toma el control.

—Esta noche —dijo con voz baja y ronca— quiero celebrar que seguimos juntos. Que nadie nos ha podido separar.

Se quitó la blusa lentamente, dejando al descubierto su piel y la lencería negra que sabía que lo volvía loco. Se acercó a Alexander, lo empujó contra la cama y se subió sobre él. Sus manos recorrieron su cuerpo con posesión absoluta. Lo besó con fuego, mordiéndole el labio inferior mientras sus caderas se movían contra las de él.

Alexander gimió, rindiéndose por completo. Wishcalia marcó el ritmo desde el principio: fuerte, exigente, dominante. Sus uñas se clavaron ligeramente en los hombros de él mientras se movía encima, reclamando cada centímetro de su cuerpo y su alma. Alexander repetía su nombre como una plegaria, entregándose sin reservas.

Cuando ambos alcanzaron el clímax, fue intenso y liberador. Wishcalia se derrumbó sobre su pecho, respirando agitada.

—Eres mío —susurró contra su piel sudorosa.

—Siempre —respondió él, abrazándola con fuerza—. Solo tuyo.

Sin embargo, la calma no duró.

Al día siguiente, Elena llamó a Alexander. Wishcalia estaba en la misma habitación y le hizo una seña para que pusiera el altavoz.

—Hijo… —la voz de Elena sonaba quebrada, pero Wishcalia detectó el veneno debajo—. He recibido el fallo. ¿Estás contento? ¿Contento de que esa mujer haya logrado apartarme de mis nietos?

—Mamá, no es apartarte —respondió Alexander con cansancio—. Es proteger a mi familia. Si respetas las reglas, podrás verlos.

Elena soltó una risa amarga.

—Reglas… Siempre sus reglas. Algún día, Alexander, vas a abrir los ojos y te darás cuenta de que estás casado con una dictadora. Y ese día será demasiado tarde.

Wishcalia tomó el teléfono con calma.

—Elena, si quieres ver a tus nietos, respeta el fallo del juez. Si intentas algo más, la próxima vez no serán visitas supervisadas. Serán cero visitas. ¿Entendido?

Elena colgó sin responder.

Wishcalia dejó el teléfono sobre la mesa y miró a Alexander.

—Va a intentar algo. Lo siento en los huesos.

Dos días después, el “algo” llegó.

Wishcalia estaba en una reunión cuando su teléfono vibró con mensajes de la niñera:

“Señora, Doña Elena está aquí. Dice que viene a ver a los niños aunque sea solo cinco minutos. Trajo regalos y está insistiendo. Los niños la vieron por la ventana y están emocionados.”

Wishcalia se levantó de inmediato.

—No la dejes entrar. Dile que si no se va en tres minutos, llamo a la policía por violar el fallo judicial. Voy para allá.

Condujo a toda velocidad. Cuando llegó, Elena estaba todavía en la puerta, hablando con la niñera. Mateo y Sofía miraban desde la ventana del salón con caritas ilusionadas.

Wishcalia bajó del auto y caminó directamente hacia su suegra.

—Elena, estás violando el fallo del juez. Vete ahora.

Elena se giró con una sonrisa falsa.

—Solo quería ver a mis nietos un momento. ¿Tan cruel eres que ni eso me permites?

—Cruel es usar a tus nietos para atacar a su madre —respondió Wishcalia con voz fría y firme—. Vete. Ahora. O llamo a la policía.

Elena miró hacia la ventana donde los niños observaban. Por un segundo, su expresión se suavizó. Luego endureció de nuevo.

—Esto no va a quedar así, Wishcalia. Algún día mis nietos sabrán la clase de mujer que eres.

Se dio la vuelta y se fue, pero no antes de dejar una bolsa de regalos en el suelo.

Wishcalia entró a la casa, abrazó a sus hijos y les explicó con palabras simples que la abuela tenía que respetar ciertas reglas. Luego llamó a su abogado para reportar la violación.

Esa noche, después de que los niños se durmieran, Wishcalia se sentó en la terraza con una copa de vino. Alexander se unió a ella.

—Mi madre está fuera de control —dijo él con tristeza.

—Tu madre está desesperada —corrigió Wishcalia—. Y las personas desesperadas cometen errores. Cuando cometa uno grande, estaré lista.

Se giró hacia él y lo besó con intensidad. Lo llevó adentro y esa noche volvió a tomar el control total. Sus movimientos fueron posesivos, casi agresivos, como si necesitara reafirmar que nadie le quitaría lo que había construido.

Alexander se entregó por completo, susurrando su nombre una y otra vez.

Mientras yacían exhaustos, Wishcalia miró el techo y pensó en Elena, en Camila y en todas las sombras que aún acechaban.

La guerra no había terminado.

Solo había entrado en una nueva fase.

Y Wishcalia estaba más fuerte y determinada que nunca.

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