Akiro llevaba una vida aburrida, refugiándose en novelas BL e isekai… hasta que es invocado por error a un mundo de magia, dragones y aventureros.
Sin habilidades especiales ni destino heroico, deberá sobrevivir usando su ingenio y conocimientos de su antiguo mundo.
Mientras se adapta a esta nueva realidad y conoce el fascinante funcionamiento de la magia y la alquimia, Akiro empieza a notar algo inquietante: Kael, un aventurero experimentado, parece prestarle demasiada atención.
Entre batallas, malentendidos y momentos incómodamente cercanos, Akiro intentará negar unos sentimientos que jamás pensó vivir.
Después de todo… esto solo debía ser una historia, no su realidad.
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Capitulo 15 :Cuando el nombre duele más que la distancia
El cielo estaba cubierto por nubes grises cuando los grupos se separaron.
No era una tormenta, pero el aire se sentía pesado… como si el mundo supiera que algo se estaba rompiendo.
Kael avanzaba al frente de su equipo, la capa oscura ondeando a su espalda. Su expresión era la de siempre: seria, contenida, firme.
Pero por dentro… era un caos.
Haz lo que quieras.
Las palabras que había dicho sin pensar le ardían en el pecho como una herida abierta.
Apretó la empuñadura de su espada con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
—Idiota… —murmuró entre dientes—. ¿Por qué dijiste eso…?
Cada paso lo alejaba más de él.
De Akiro.
Pronunciar su nombre en su mente le provocó una punzada inesperada.
Era la primera vez que lo hacía sin darse cuenta… sin protegerse.
—Akiro… —susurró, casi sin voz.
Su pecho se contrajo.
Recordó su mirada confundida.
La forma en que sus labios temblaron al escuchar esas palabras frías.
La manera en que se quedó quieto… como si no supiera cómo defenderse de algo que no entendía.
—No quise… —apretó los dientes—. No quise herirte.
Pero el arrepentimiento llegaba tarde.
Mientras tanto, al otro lado del Valle Gris, Akiro caminaba con pasos pequeños y desordenados.
La niebla rodeaba el sendero, y los árboles retorcidos parecían observarlo en silencio. Normalmente se habría maravillado con ese paisaje extraño y mágico… pero ahora no veía nada.
Tenía el pecho apretado.
—Estoy bien… —dijo en voz baja, más para convencerse que para los demás.
Mireya lo miró de reojo.
Akiro sonreía… pero sus ojos no.
—No tienes que fingir —dijo ella con suavidad—. Duele cuando alguien importante te empuja lejos.
Akiro bajó la mirada, apretando el borde de su ropa.
—Yo… no entendí —confesó—. Pensé que había hecho algo mal.
Su voz se quebró apenas, pero suficiente.
Leon frunció ligeramente el ceño.
—Kael te miraba como si fueras su mundo —dijo—. Ese tipo de personas no se alejan porque dejan de sentir… sino porque sienten demasiado.
Akiro se detuvo.
—¿Sentir… demasiado?
Se llevó una mano al pecho.
—Entonces… —susurró— ¿por qué duele tanto?
Nadie respondió de inmediato.
La respuesta estaba en el silencio.
La noche cayó rápido.
El campamento era pequeño, apenas una fogata luchando contra la oscuridad. Las llamas iluminaban el rostro de Akiro, resaltando su expresión cansada y vulnerable.
Estaba sentado, abrazando sus rodillas.
El mundo mágico que tanto lo había fascinado ahora se sentía enorme… y solitario.
—Este mundo… —murmuró—. Pensé que ya no me sentiría solo aquí.
Cerró los ojos.
No puedo protegerte siempre.
La voz de Kael volvió, clara, hiriente.
—Yo no necesito que me proteja siempre… —susurró Akiro—. Solo… quería que se quedara.
Sus ojos se humedecieron, y una lágrima silenciosa cayó sobre su rodilla.
No se limpió.
No se dio cuenta de que la niebla se movía de forma antinatural a su alrededor.
En otro punto del valle, Kael se detuvo en seco.
Su pecho se apretó de repente, como si algo invisible lo jalara.
—…Akiro.
Lo dijo en voz alta esta vez.
Dulce. Cargado de arrepentimiento.
—Por favor… —susurró, cerrando los ojos—. No tengas miedo. No te alejes de mí.
Abrió los ojos con determinación.
—Aunque sea tarde… —añadió—. Aunque tenga que romper las reglas… voy a volver contigo.
Apretó la espada.
El viento sopló entre los árboles, llevando su nombre a través del valle.
Como si el mundo mismo respondiera
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Dos corazones latiendo al mismo ritmo… separados solo por el miedo.