Diodora vive en Hermich, un pueblo pobre y olvidado, donde a veces un pan al día es todo lo que hay para sobrevivir. Entre las artesanías que vende, guarda un secreto que nadie debe conocer; recuerda otra vida, con conocimientos imposibles para este mundo.
Un día, un comerciante le ofrece un saco de fertilizante. Pero lo que Diodora descubre es mucho más que eso; cacao, un tesoro desconocido capaz de cambiar el destino de su familia y abrir un futuro nuevo. Sin embargo, un solo error bastaría para que la acusen de bruja y la condenen al fuego.
Y mientras lucha por mantener su secreto, un hombre misterioso aparece dispuesto a protegerla... Siempre y cuando comparta con él lo que nunca nadie ha probado, el chocolate.
¿Hay un mundo donde no exita el chocolate?
Junto a Diodora, volverá a nacer el postre más aclamado de todos los tiempos.
NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 15
Ambos habían entrado a la habitación. Diodora se encargó de guardar las cartas y dejar el maletín en el mismo lugar. El ambiente estaba pesado, no de miedo, sino de esas palabras que todavía no sabían cómo pronunciar.
— Daya me explicó quiénes son… —empezó Diodora.
— ¿Qué más te dijo? —preguntó Valtor, tenso.
— Que eres líder del Priorato... —respondió con calma.
Valtor bajó la mirada. Esperaba odio o rechazo, pero ella continuó
— Ahora recuerdo… Hace un año el Priorato iba a investigarme, pero algo los detuvo. Un silbido. ¿Fuiste tú?
— Sí. Yo nunca mandé a investigarte. Estaba en Hermich por otras razones.
— Bien.—dijo ella, sentándose en la cama. Él hizo lo mismo, dejando entre ambos una distancia tan grande como su pasado— Te escucho.
Valtor tomó aire, intentando tomar un valor que raramente necesitaba.
— Hace más de un año, mi familia vivía en guerra por el trono. Los atentados eran cada vez más frecuentes contra mis hermanos. Mi padre ordenó que protegiera a Daya hasta que el conflicto se resolviera. Busqué el lugar más olvidado del reino… Hermich. Le pagué a Thomas para que fingiera ser nuestra familia. Daya se acostumbró a esa vida… Y yo también, cuando te conocí.
Diodora lo miraba sin interrumpirlo, con una serenidad natural.
— Y luego… —susurró ella.
— Luego mi hermano me mandó a llamar. Nuestro padre había muerto, envenenado por su propio consejero. Valerius tomó el poder y sustituyó a todos. No confía en nadie más que en sí mismo. Yo debía regresar con Daya. Pero cuando le hablé de ti, se negó… Solo me permitiría volver contigo si cumplía con lo que me pedía durante un año.
— ¿Matar mujeres inocentes? —preguntó ella, con voz contenida.
Valtor apretó los puños.
— No. Solo aquellas que sacrificaban vidas y amenazaban al reino, las que realmente hacían brujería. Antes de juzgar, siempre investigo. O al menos… Lo hacía.
Diodora entrecerró los ojos.
— ¿Por qué no lo hiciste conmigo?
Él tragó saliva, la culpa atravesándole el pecho.
— No estaba aquí cuando te trajeron. Cuando regresé, el Prior ya había recibido órdenes. Mi hermano dijo que, si lo hacía, sería libre para ir contigo. No investigué más. Estaba desesperado para ir a tu lado... Tenía miedo de encontrarte y que ya no me amaras. Incluso, de que te enamorarás de otro hombre.
Diodora respiró hondo. Su voz tembló apenas.
— Nunca lo hice. Todos los días pensaba que volverías. Tabatha me molestaba con cada hombre que se me acercaba que tuviera algún parecido tuyo. Sí, tuve propuestas. Pero mi corazón no tuvo espacio para otro. Era tuyo.
Valtor la miró, con el rostro lleno de anhelo y dolor.
— Diodora… ¿Aún me quieres?
Ella sostuvo su mirada. Ya no había inocencia, sino una mujer que había aprendido a amar sin depender.
— Si el amor sobrevive incluso a ver tan de cerca la oscuridad, sí. Te sigo queriendo. A pesar de todo.
— Diora... —susurró él, arrodillándose frente a ella, besando sus manos— ¿Te quedarás conmigo?
Ella acarició su rostro, suave, como quien se despide de un sueño.
— Valtor… Sabes que no puedo. No ahora.
— ¿Por qué? Sé que fallé, pero puedo hacer las cosas bien esta vez.
— No se trata de ti.—dijo con voz firme— Se trata de mí. Mi familia me espera, y yo necesito encontrarme de nuevo. Si me quedo, lo estaré haciendo por algo más que no es amor. Y no quiero eso para ninguno de los dos. Además, tu pueblo no aceptará una mujer como yo, tienen la idea de que sigo siendo una bruja.
Él bajó la mirada. Su respiración era un susurro.
— ¿Me dejaras ir?— preguntó ella.
— No puedo obligarte a nada. Tu, mi Diodora, eres libre, aunque la mayor parte de mi no quiera dejarte ir.
— Te prometo que escribiré. No porque me lo pidas, sino porque también te extrañaré. Además... Leí tus cartas, las que nunca enviaste.
Valtor se sorprende al punto de que se sonroja por primera vez. Él se voltea al sentir sus mejillas arder
— Leíste mis cartas…
— Tres de ellas. Unas de las cosas que me hizo enamorar de tí fue tu manera de expresarte en cada línea... Lamento sí no debía leerlas.
— Eran tuyas.—dijo él— Solo las guardé para que nadie supiera que aún te amaba— Valtor frunce un poco el ceño— En tu viaje, déjame acompañarte. No quiero que te pase nada.
— Está bien. —dijo ella, sin mirarlo— Pero prométeme que cuando lleguemos, me dejarás ir.
Él asintió, pero no se marchó de inmediato. Había muchas cosas que quería decirle a Diodora, preguntas que le atraviesa en la garganta, sobre Tabatha, sobre Hermich, sobre todo lo que habían sucedido en el año de ausencia. Sin embargo, un golpe en la puerta interrumpió aquel frágil hilo de conexión que empezaba a renacer entre ellos.
— Mi lord, el rey desea verlo. —anunció el sirviente desde afuera.
Valtor chasqueó la lengua, irritado. No respondió de inmediato. Diodora, al notar su molestia, posó una mano sobre su brazo.
Su toque bastó para detener la furia que había en sus ojos. Él respiró hondo, le lanzó una última mirada acariciando su rostro y salió del cuarto con calma.
Al llegar al salón del trono, Valerius conversaba con uno de sus consejeros.
Cuando vio a su hermano, sonrió sin humor.
— Ah, ya llegaste. ¿Viste lo que has causado con tu acción? —dijo, cruzando las manos tras la espalda.
Valtor no respondió. Su mirada, fría y contenida, fue suficiente para que Valerius dejara la ironía y exhaló con brusquedad.
— El pueblo exige justicia.—continuó el rey— Quieren enjuiciar a la mujer. No aceptan que una bruja siga libre en Dorkar.
El silencio entre los dos se volvió pesado.
Valerius lo observó directamente y, con un tono más bajo, añadió.
— ¿Qué harás, hermano? Porque, aunque mi palabra es ley… Tú siempre encuentras la forma de romperla.
Valtor dio un paso al frente donde sonrió con maldad. Dice con una calma peligrosa
— De acuerdo. Si el pueblo quiere ver el juicio de la bruja... Lo verán esta noche.