Verónica se casó enamorada. No imaginaba la pesadilla qué sería ese matrimonio. Después de años de maltratos toma una decisión qué cambiará su destino.
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Capítulo 14
Estoy sentado detrás del escritorio de mi oficina. Intento prestar atención a lo que mi abogado y amigo me explica, pero me es imposible.
Me siento furioso con la actitud de Verónica. No puedo creer que mi esposa me haya denunciado por violencia doméstica.
- ¡Carajo, Rodrigo! Parece que le hablo a la pared. Esto es grave. La prensa no va a tardar en enterarse y será un escándalo.
- ¿Acaso crees qué no lo entiendo?
- Si lo entiendes, no te preocupa.
- ¡Por supuesto qué me preocupa! ¡Maldición, Saúl!- golpeo el escritorio con el puño cerrado.
- Más vale que comiences a controlar tus arranques, esto no puede suceder delante del juez.
- Deja de decirme lo qué puedo hacer. Entiendo qué mi situación es complicada, pero Verónica no me va a ganar.
- Fácil no la tienes.
- Usa el tema del suicidio. Busca declararla loca.
- Eso nos va a servir solo al principio. Necesito qué me cuentes toda la verdad. Los médicos qué la atienden van a llegar a la raíz de su intento de suicidio y sí tú la llevaste a ese estado, no tenemos muchas oportunidades de ganar.
- Podemos sobornar al juez. No es cómo qué no lo hayamos hecho antes.
- Sabes qué no estoy de acuerdo con tus maneras de actuar.
- Es mi vida la qué está en juego y si tú vas a representante es únicamente porque no puedo representarme a mí mismo. Así qué vas a hacer lo qué yo te diga.
- Visto está qué no tengo opción.
- Has entendido perfectamente. Ahora escucha: Sí, he golpeado a Verónica más de una vez y ha sido porque se lo merece. Cómo su marido qué soy y cabeza de mi hogar, es mi deber corregirla. No me importa lo qué digan las leyes y la quiero de vuelta. No voy a darle el divorcio y tampoco van a castigarme por cumplir con mi deber.
La expresión de Saúl muestra su inconformidad. Más no tiene opción, su trabajo es defenderme.
Mi matrimonio con Verónica nunca fue por amor. En las familias poderosas, eso no existe. Si bien, en un principio me sentí atraído hacia ella, eso terminó pronto.
Era una niña insulsa, sin experiencia. Demasiado ingenua para mi gusto. Pero había qué cumplir con un matrimonio qué a la larga me daría beneficios económicos y más poder aún.
Mis hijas son otra cosa. Las amo, aunque habría preferido qué fuesen varones. Ellas serán algún día las herederas de mi imperio.
A lo largo de estos años he tenido varias amantes. Ellas me dan lo qué Verónica no puede. Disfruto del sado y ella es mi esposa, no una cualquiera cómo para satisfacer esas necesidades.
Soy muy cuidadoso, esas mujeres firman un acuerdo de privacidad. Mi imagen vale mucho y no puedo arriesgarme.
- ¿Verónica sabe sobre Pamela?- cuestiona Saúl, sacándome de mis pensamientos.
- Absolutamente, no y no tiene por qué saberlo.
- Quizá Pamela le cuente.
- Lo dudo, no le conviene decir nada. Recuerda qué ella y sus padres firmaron un acuerdo.
- Es una buena abogada. Va a ser un hueso duro de roer.
- Ya te dije qué siempre podremos sobornar al juez y si ella insiste en atacarme, puedo quitarla del camino.
Al igual qué a Verónica.
- Rodrigo, es la madre de tus hijas.
- No me importa, esto también las perjudica a ellas y no veo qué le importe.
- Sabes qué, no me cuentes más. No me interesa involucrarme en un asesinato.
- Tú siempre tan correcto, Saúl. Por eso no progresas.
- Me voy, tengo un cliente citado en 20 minutos.
No me importa la opinión de Saúl. No es mi amigo, es solo un colega. Alguien a quien mi padre insiste en qué debe pertenecer al Consorcio y desconozco el motivo.
Mi secretaria ingresa sin llamar a la puerta previamente. Estoy a punto de gritarle, más no me da tiempo.
- Tiene qué ver esto- me dice entregándome la tableta qué lleva entre las manos- Lo siento, no debí entrar así, pero es importante.
Observo la imagen en la pantalla, es una nota periodística sobre la denuncia qué pasa en mi contra por violencia doméstica. Mi celular comienza a sonar. Los teléfonos fijos de la oficina, también.
- ¿Qué hacemos?- pregunta ella.
- No vamos a dar ninguna declaración. Llama a Saúl, qué venga urgente. ¡No me importa lo qué este haciendo!
La mujer sale apresurada al escuchar mi tono de voz. Los teléfonos no paran de sonar.
El nombre de mi padre aparece en la pantalla de mi celular. Debo atender su llamada.
📲 ¿Me puedes explicar qué demonios está pasando? Me dijiste qué tu mujer tuvo una crisis nerviosa y qué por eso las niñas necesitaban quedarse con nosotros. ¡Esto es todo, menos una maldita crisis nerviosa!
📲 Lo voy a solucionar, papá. Evita a la prensa. No hagas ninguna declaración.
📲 ¡No me hables cómo si fuese estúpido! Sé muy bien lo qué debo hacer a diferencia de ti. Tu madre y en especial tus hijas, van a querer una explicación. Más te vale qué sea buena.
Termina la llamada sin darme tiempo a responder. Paso las manos por mi cabello, no concibo la situación en la qué me encuentro.
Creí tener bien controlada a Verónica, seguro qué Sofía es la responsable de su cambio.
Esa mujer jamás me gustó, por eso cuando me casé con Verónica me aseguré de alejarla por completo de ella.
Sé muy bien qué tampoco soy santo de su devoción. Desde el principio se mostró desconfiada y también me enteré de qué intentó convencer a Verónica de no casarse conmigo.
Saúl cruza la puerta, se asegura de cerrar antes de caminar hacia mi escritorio.
- Investiga quién filtró la información a la prensa.
- Olvídate de eso. Ahora lo qué debe ocuparnos es organizar una rueda de prensa. Esto traerá consecuencias al Consorcio.
- ¿No me digas?- digo con sarcasmo- ¡Soy muy consciente de las consecuencias! Llama a Pamela, quiero llegar a un acuerdo con Verónica.
- El acuerdo no va a detener el proceso y lo sabes.
- Sí, lo sé. Después podemos sobornar al juez o en el proceso podemos falsificar pruebas y declarar a Verónica con algún problema psiquiátrico. Lo qué busco es qué bajen la guardia, eso nos dará tiempo para encontrar una manera de salir bien librado.
- Ok, se hará cómo tú dices. Llamaré a Pamela y sí acceden a la reunión, te lo hago saber.
- Accederán. Diles qué estoy dispuesto a aceptar sus condiciones. Cuales quiera qué estas sean.
- ¿Estás seguro?
- Completamente.
Saúl se marcha moviendo la cabeza de un lado a otro. Su descontento es evidente, más me tiene sin cuidado. Yo sé muy bien lo qué hago y lo qué quiero lograr con ello.
Con mis acciones muchos pensarán qué mi mujer ha ganado, pero este es solo un movimiento en esta partida de ajedrez y al final, seré yo quien dé jaque mate.
Ella dice q no sabe hacer nada, claro q sabe, llevar una casa, calarse las malcriadeces, los desplantes de un enfermo, claro q sabes y puedes