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Lo Que El Poder No Pudo Comprar

Lo Que El Poder No Pudo Comprar

Status: En proceso
Genre:Romance / Mafia / Posesivo
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Darling.LADK

En una gala impecable, donde todo está cuidadosamente controlado, Amalia Vélez observa en silencio desde el anonimato, como siempre: presente, pero invisible.

Todo transcurre según lo planeado... hasta que él aparece.

Vladímir Alekséi Morán.

Su presencia no altera el ambiente de forma evidente, pero sí lo tensiona. Es un hombre que no necesita moverse ni hablar para dominar el espacio. Y cuando sus miradas se cruzan, no hay sorpresa ni curiosidad... sino reconocimiento.

Un instante silencioso, cargado de peligro.

Ella se aparta primero, como dicta su mundo. Pero sabe que él no es un hombre cualquiera... y que esa noche no terminará igual.

Desde la perspectiva de Vlad, ella no debería ser distinta al resto. Una mujer más, elegante pero irrelevante. Sin embargo, algo en ella no encaja: no busca atención, no reacciona, no quiere nada de él.

Y eso la vuelve imposible de ignorar.

NovelToon tiene autorización de Darling.LADK para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

13_Sin Rastro

Cuando Vladímir volvió a buscarla...

ya no estaba.

No en el punto donde la dejó.

No en los alrededores.

No en ninguna de las líneas visuales que dominaba.

Simplemente...

no estaba.

Su mirada recorrió el salón una vez más.

Lenta.

Precisa.

Metódica.

Nada.

Las personas seguían ahí.

La música continuaba.

La gala...

seguía siendo perfecta.

Como si nada hubiera pasado.

Pero él sabía.

Ella ya no estaba.

-Se fue... -murmuró su mano derecha.

Vlad no respondió de inmediato.

Porque no era solo que se hubiera ido.

Era cómo.

-No la vi salir.

Silencio.

Eso no era normal.

Nada en ese lugar escapaba a su control visual.

Nada.

-Revisa accesos -ordenó.

Su voz baja.

Pero firme.

Inmediata.

Su equipo comenzó a moverse.

Sin levantar sospechas.

Discretos.

Eficientes.

Minutos.

Uno.

Dos.

Tres.

-Nada -respondió su mano derecha-. No hay registro claro.

Vlad giró apenas la cabeza.

Sus ojos más fríos.

Más enfocados.

-¿Cámaras?

-Revisadas.

Pausa.

-Interferencias.

Eso sí lo hizo reaccionar.

Levemente.

Pero lo suficiente.

-¿Interferencias?

-Sí.

-Pequeños cortes.

Segmentos perdidos.

No constantes.

Pero suficientes.

Silencio.

Vlad entendió.

No fue error.

No fue fallo técnico.

Fue intencional.

-Preparó su salida... -murmuró.

No improvisó.

Nunca lo hizo.

Ella sabía.

Desde antes.

Desde el inicio.

Desde el momento en que decidió entrar.

Y eso...

lo confirmó todo.

-Nos vio antes de que nosotros la viéramos.

Pausa.

-Y se fue cuando quiso.

Su mano derecha lo observó.

-Entonces...

Vlad completó.

-Nunca estuvo realmente aquí.

Silencio.

Pesado.

Claro.

Porque eso significaba algo más grande.

Algo más profundo.

Ella no solo jugaba bien.

Jugaba...

por encima.

Vlad dio un paso atrás.

Observando el salón.

Ahora distinto.

Ahora...

irrelevante.

-Registros de invitados.

-En proceso.

-Personal.

-Nada fuera de lugar.

Eso era lo más interesante.

No había errores visibles.

No había rastros evidentes.

No había nada que señalar.

Solo una ausencia.

Perfecta.

Calculada.

Molesta.

Y fascinante.

-Es un error en el sistema... -dijo su mano derecha.

Vlad negó lentamente.

-No.

Pausa.

Sus ojos se endurecieron.

-Es alguien que no pertenece a él.

Silencio.

Eso cambiaba todo.

Porque no era un fallo.

Era una excepción.

Y las excepciones...

no se ignoraban.

Se estudiaban.

Se entendían.

Se controlaban.

O se destruían.

Vlad exhaló lentamente.

Pero no había frustración.

No había enojo.

Solo algo más.

Más oscuro.

Más profundo.

-No tienes precio...

murmuró.

Recordando.

Confirmando.

Y eso...

lo hacía peor.

Porque no podía comprarla.

No podía anticiparla del todo.

No podía encerrarla en sus reglas.

Y aun así...

la quería encontrar.

-Quiero todo -ordenó.

-Registros.

-Imágenes.

-Personal.

-Invitados.

-Todo.

Pausa.

-Sin excepción.

Su mano derecha asintió.

-En marcha.

Pero Vlad ya no miraba las pantallas.

Miraba el espacio vacío.

El lugar donde ella había estado.

Donde la sintió.

Donde la encontró.

Y donde ahora...

no había nada.

-Eres tú... -murmuró.

No como duda.

Como certeza.

-La mente.

-El juego.

-El error.

Una leve sonrisa apareció.

Oscura.

Interesada.

Peligrosa.

-Y ahora...

Pausa.

Sus ojos brillaron apenas.

-te voy a encontrar.

Porque esto...

ya no era curiosidad.

No era estrategia.

Era algo más.

Algo que no dejaba a medias.

La gala seguía.

Perfecta.

Impecable.

Pero para Vladímir Alekséi Morán...

había terminado.

Porque lo importante...

ya se había ido.

Y ahora...

solo quedaba una cosa.

Cazar algo...

que no dejaba rastro.

Efecto Dominó

La gala seguía.

Perfecta.

Impecable.

Como si nada hubiera pasado.

Pero lejos de ahí...

todo ya había cambiado.

Amalia estaba de vuelta.

No en el hotel.

No en la superficie.

Sino donde realmente pertenecía.

Eclipse.

Su oficina subterránea la recibió con el mismo silencio controlado de siempre.

Pantallas activas.

Datos fluyendo.

Sombras trabajando.

Y en el centro...

ella.

Entró sin prisa.

Sin mirar a nadie.

Iván ya estaba ahí.

Esperando.

-Salida limpia -informó.

Amalia dejó el bolso a un lado.

-Lo sé.

Su voz tranquila.

Segura.

Iván la observó apenas.

-Reaccionó.

Eso hizo que Amalia alzara ligeramente la mirada.

Interés.

-Dime.

Iván activó una de las pantallas.

Secuencias fragmentadas.

Datos incompletos.

Pero suficientes.

-Intentó rastrear.

-Accesos.

-Cámaras.

-Personal.

Pausa.

-No encontró nada.

Silencio.

Y entonces-

una leve sonrisa.

No amplia.

No evidente.

Pero completamente real.

-Bien...

murmuró.

Caminó despacio.

Observando los datos sin necesidad real de hacerlo.

Porque ya sabía el resultado.

-¿Confirmación? -preguntó Iván.

Amalia se detuvo.

-Sí.

Pausa.

Sus ojos se afilaron apenas.

-Es él.

No había duda.

No después de eso.

No después de cómo reaccionó.

-Ya entendió -añadió Iván.

Amalia negó suavemente.

-No.

Pausa.

-Ya empezó.

Eso era diferente.

Eso era mejor.

Se giró lentamente.

Apoyó una mano sobre la mesa.

-Ahora no me está buscando...

Silencio.

-Me está cazando.

Iván no se movió.

-Y eso es lo que querías.

Amalia lo miró de reojo.

-Exacto.

Porque la curiosidad se apaga.

Pero la caza...

no.

Caminó un poco más.

Pensativa.

-Ofreció dinero.

Iván asintió.

-Y poder.

Amalia soltó una leve exhalación.

-Predecible.

Pero no lo dijo con desprecio.

Lo dijo como evaluación.

-¿Te interesó?

La mirada de Amalia se volvió más fría.

-No.

Pausa.

-Y eso fue lo que lo atrapó.

Iván entendió.

No era el rechazo.

Era lo que significaba.

-No puede comprarte.

-No puede medirte.

-No puede encerrarte.

Amalia completó en voz baja:

-No puede controlarme.

Silencio.

Eso era el núcleo.

Eso era lo peligroso.

-Y ahora quiere entenderte -dijo Iván.

Amalia sonrió apenas.

-No.

Pausa.

-Ahora me necesita.

Esa diferencia...

lo cambiaba todo.

Las pantallas cambiaron.

Datos nuevos.

Movimientos detectados.

Equipos activándose.

-Está movilizando recursos -informó Iván.

-Lo esperaba.

Amalia no se sorprendió.

Era lógico.

Era inevitable.

-¿Intervenimos?

Amalia negó.

-No.

Pausa.

-Déjalo.

Iván la miró.

-¿Seguro?

Amalia sostuvo su mirada.

-Quiero ver hasta dónde llega.

Silencio.

-Quiero medirlo.

Sus ojos se oscurecieron apenas.

-De verdad.

Porque hasta ahora...

solo había visto una parte.

Y eso no era suficiente.

Se giró hacia las pantallas.

Observando.

Sintiendo.

Anticipando.

-El siguiente movimiento es suyo.

Pausa.

-Y no lo va a pensar mucho.

Iván cruzó los brazos.

-No parece paciente contigo.

Amalia sonrió.

Esta vez un poco más marcada.

-No debería serlo.

Silencio.

-Eso lo hace más interesante.

Se apoyó levemente en la mesa.

-Y más peligroso.

Iván asintió.

-Para él también.

Amalia no respondió.

Pero su expresión...

lo confirmó.

Porque ella no estaba en riesgo.

Ella estaba en control.

Siempre.

-Prepárate -dijo finalmente.

-Esto ya no es solo un juego.

Pausa.

Sus ojos se fijaron en la pantalla principal.

Donde no había nada.

Y aun así...

lo veía todo.

-Ahora empieza lo importante.

Silencio.

Y en ese silencio...

la verdad quedó clara.

Ella no había escapado.

No había huido.

No había evitado.

Había provocado.

Había guiado.

Había encendido algo.

Y ahora...

lo estaba observando crecer.

-Ven...

susurró apenas.

Casi imperceptible.

-encuéntrame.

Porque esta vez...

no era ella quien se movía.

Era él.

Y eso...

era exactamente lo que quería.

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