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La Reina De La Mafia.

La Reina De La Mafia.

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Mafia / Traiciones y engaños / Venganza de la protagonista
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Ron Novel

Isabella Rinaldi y Alessandro Salvatore

NovelToon tiene autorización de Ron Novel para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 14

Isabella

La mujer se mueve rápido y logra quedar encima de mí, intentando inmovilizar mis brazos. Sus rodillas presionan mis costillas y el dolor me arranca un gruñido.

—No te muevas —escupe con rabia.

Como si fuera a obedecer.

Giro el cuerpo con fuerza y logro desestabilizarla lo suficiente para darle un rodillazo en el costado. Ella sisea de dolor, pero no se aparta.

El avión vuelve a sacudirse violentamente.

Ambas rodamos por el pasillo, golpeándonos contra los asientos.

—¡Isabella! —escucho la voz de Alessandro.

Levanto la mirada apenas un segundo.

Él está peleando con el hombre del arma. El sujeto intenta dispararle, pero Alessandro le sujeta la muñeca y la estrella contra el panel del avión. El arma se dispara y la bala se incrusta en el techo.

El sonido es ensordecedor.

Aprovecho la distracción.

Le doy un cabezazo a la mujer.

El impacto nos deja a ambas aturdidas por un segundo, pero es suficiente.

Me libero de su agarre y me lanzo hacia la pistola que cayó en el suelo.

—¡Ni se te ocurra! —grita ella.

Siento su mano agarrar mi tobillo.

Caigo de bruces contra el suelo del avión.

Maldición.

Ella intenta arrastrarme hacia atrás, pero pateo con fuerza su rostro y finalmente me suelta.

Me giro sobre mí misma y logro tomar el arma.

Cuando levanto la pistola, ella se queda inmóvil.

—Se acabó —le digo entre jadeos.

Antes de que pueda reaccionar, el sonido de otro golpe seco resuena detrás de mí.

Volteo.

Alessandro acaba de estrellar al hombre contra el panel del avión.

Alessandro viene hacia mí, pero entonces logro ver a la mujer que tenía mi navaja en el abdomen ya de pie junto a la otra. El hombre de hace un momento aparece con otro más, y supongo que es el piloto.

El avión vuelve a sacudirse.

La mujer herida choca contra la puerta del avión y, ante el impacto, esta se abre de golpe. La mujer sale volando, y el fuerte viento nos arrastra a todos.

Choco contra uno de los asientos y termino siendo arrastrada por el viento.

—¡Aless! —grito cuando estoy al borde de la puerta.

No veo a Alessandro, solo a los hombres y a la mujer que se sostienen con fuerza para no ser arrastrados por el fuerte viento.

El avión vuelve a estremecerse y termino chocando contra una de sus paredes. Logro sostenerme, pero estoy al lado de la puerta, donde el viento es cada vez más fuerte.

Los golpes me han dejado sin fuerza y siento que resbalo.

—¡Alessandro! —vuelvo a gritar, pero nada.

¿A dónde fue?

¿Logró ponerse a salvo?

No… habría venido por mí.

¿Y si no lo hizo?

Las dudas me carcomen la cabeza.

Pudo haber encontrado un paracaídas y haber saltado cuando no estaba prestando atención.

¿Me dejó?

No… no sería capaz.

¿O sí?

¿Qué estoy diciendo? Claro que lo sería.

Mis manos se resbalan y trato con todas mis fuerzas de mantenerme, pero el avión vuelve a moverse y la poca fuerza que tenía desaparece.

—¡Aless! —grito con todas mis fuerzas, desgarrándome la garganta antes de ser arrastrada por el viento.

Cierro los ojos con fuerza.

Hasta que siento que alguien me abraza.

Abro los ojos y lo veo.

Él me presiona contra su pecho y, de un momento a otro, escucho una turbulencia detrás de nosotros. Miro hacia arriba y veo cómo el avión explota.

Lo miro.

Él sonríe, mostrando sus hoyuelos.

—Sostente fuerte —me pide.

No sé por qué, pero le hago caso.

Lo abrazo con todas mis fuerzas y siento cómo mi estómago da un vuelco. Luego todo cambia.

La velocidad con la que caemos disminuye.

Miro hacia arriba y veo un paracaídas desplegado sobre nosotros.

No sé por qué, pero eso me genera un enorme alivio.

—¿Buscabas un paracaídas? —pregunto, aunque más que una pregunta es una afirmación.

—¿Creíste que te dejaría morir? —responde—. Recuerda que somos aliados, Principessa.

Esa respuesta me genera alivio… y ese apodo un cosquilleo extraño que decido ignorar.

De verdad creí que me dejaría.

Pero no lo hizo.

Y por alguna razón… eso me hace feliz.

No sé cuánto tiempo pasa hasta que terminamos cayendo en el mar.

Ambos empezamos a nadar.

No sé cuánto tiempo llevamos haciéndolo, pero cuando siento que no puedo más, vemos tierra firme.

Así que saco las últimas fuerzas que me quedan y llegamos a la isla.

—¿Y ahora qué? —le pregunto a Alessandro.

—Esperar a que vengan por nosotros —responde.

Alessandro empieza a caminar y yo voy detrás de él.

—¿A dónde vas? —le pregunto.

—A ver qué hay de bueno en este lugar.

Caminamos y nos adentramos entre un montón de árboles.

El sonido de los animales me pone nerviosa y solo rezo porque no haya leones.

El ruido de las ramas me altera los nervios y, cuando no presto atención, choco con la espalda de Alessandro.

Él me mira con el ceño fruncido y yo me aparto.

Miro al frente y veo un arroyo con una pequeña cascada que parece irreal.

Alessandro camina hacia ella y toma un poco de agua. Es cristalina y deja ver las piedras del fondo.

—Es agua dulce. Al menos no moriremos de sed —dice.

Alessandro empieza a quitarse la ropa y yo abro mucho los ojos.

—¿Qué haces? —pregunto dándome la vuelta.

—Tomaré un baño. Este calor me está matando —dice, mientras escucho sus pasos alejarse—. ¿Vienes?

Me giro y lo veo dentro del arroyo.

Se ha quedado solo en bóxer.

—Solo quédate en ropa interior para que puedas secar el resto.

—Claro que me quedaré en ropa interior —digo.

Él sonríe.

—Si entras desnuda, déjame decirte que no me disgustaría.

—Date la vuelta —le digo, ignorando su comentario.

Él rueda los ojos y se da la vuelta.

Me quito la ropa quedándome en panties y brasier, pero lo peor de todo es que parece más una lencería por lo poco conservadora que es.

Aun así, es mejor que estar completamente desnuda.

Pongo la ropa sobre una roca donde pega el sol y luego me meto al agua, que está perfecta para este calor.

Alessandro se da la vuelta y sonríe con picardía al ver mi ropa interior.

—No me digas que se la ibas a lucir a tu novio —dice.

Me dan ganas de asesinarlo.

—Bueno, qué mala suerte para él. Espero que le digas que me la has lucido a mí.

—No te estoy luciendo nada —respondo.

—Yo la estoy admirando y él no. Así que prácticamente sí me la has lucido —dice.

Lo miro mal.

Su nivel de egocentrismo es demasiado.

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Nathaly Paez
no había podido leer los capítulos Pero está demaciado. buena está novela 👀 espero hasta que actualizes. nuevamente🤭🥰
ana rosa cobos torres
creo que Antonio quiere eliminarla
Anastasia Mirian Barrios
🥰
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