Xie Lin desde pequeña fue educada para ser una dama, una buena esposa y madre. Pero ella tenía otros intereses y en secreto entrenaba su cuerpo para el combate y el uso de la espada. Su vida cambia cuando es elegida para ser la consorte del príncipe heredero y al saber que este, ama a otra mujer, le propone un trato: si ella logra entrar a las fuerzas militares y volverse general, él la dejará libre de ese matrimonio.
Pero, obligada a tener un hijo, ella cumple, con la promesa de que, unirse a las tropas del emperador y cuando la guerra inicia, ella logra su objetivo con grandes méritos, pero, el príncipe heredero, ahora emperador, no la quiere dejar ir.
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Capitulo 04.
Lin no regresó al palacio Cerezo esa noche. Dejó en claro su posición, su furia, y la profunda traición que sentía por la falta de palabra del Emperador Xen. Dormir en la pequeña habitación junto a Jian no era solo una excusa, sino, demostrar que no piensa ceder ante nadie, ya una vez lo hizo y eso, la mantiene aún atada un matrimonio sin futuro.
A la mañana siguiente, Lin se dirigió al cuartel como había planeado, y el entrenamiento fue, tal como sus guardias habían predicho, brutal. La General descargo toda su frustración y decepción en simulacros de combate y ejercicios de resistencia que habrían dejado a cualquier otro soldado de rodillas. Sus movimientos eran precisos, letales y estaban cargados de una tensión que sus subordinados entendieron perfectamente.
Mientras Lin desahogaba su ira en el campo de entrenamiento, la Emperatriz Madre no había perdido el tiempo. Tan pronto como Lin se retiró, la anciana se dirigió directamente al Palacio del Emperador.
—Xen —dijo la Emperatriz Madre, su voz llena de enojo.— debes poner fin a esta tontería de inmediato. Esa mujer es una deshonra para el imperio.
Xen estaba revisando unos informes y no levantó la vista de inmediato.
—Madre, no es tan simple. Lin tiene razón en muchas cosas, yo fui quien hizo la promesa hace años, y usted también estuvo de acuerdo con liberarla si daba a luz a un heredero.
—¿Y te atreves a considerar cumplir esa promesa? ¡Es tu esposa, la madre de tu sucesor! Ella no está por encima de la ley, si no la quieres como Emperatriz, exíliala, pero Jian se queda—. La mujer no estaba dispuesta a dejar ir a su nieto.
Xen finalmente levantó la vista, sus ojos se estrecharon.
—Madre, si la exilio y le quito a Jian, el ejército se irá con ella, Lin es la General más respetada del Imperio. Sus hombres son leales a ella, no a mí. Y el pueblo la adora por sus victorias.—
—¡Entonces muestra tu autoridad, que ella sepa quien manda! ¡Ponla bajo arresto por traición o lo que sea! ¡No puedes dejar que nos siga humillando!—
—No la entiendes, madre. Solo quiere su libertad y la de nuestro hijo. Si lucho contra ella por Jian, ella luchará con todo lo que tiene, y el imperio podría quedarse desprotegido si pierdo el apoyo de su ejército. Quizás lo mejor es dejarla ir... con Jian.
La Reina Madre se quedó boquiabierta.
—¡Estás loco! ¡Mi nieto es el futuro de este trono!— reclamo a gritos.
—Y Lin, es la única que puede garantizar que ese futuro sea en un Imperio en paz, no usaré a nuestro hijo como un rehén, madre. —Xen tomó una decisión—Prepararé los documentos para el divorcio. Le concederé su libertad.
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Lin regresó al Palacio Cerezo a media tarde, después de un día arduo entrenamiento, su cuerpo estaba cansado, pero su mente estaba clara. Al entrar a sus aposentos, una doncella le entregó un pergamino sellado con el sello imperial.
Lo abrió y leyó la caligrafía de Xen. No era un documento de divorcio, sino una invitación a reunirse con él a la hora de la cena a solas.
Cuando Lin llegó a la sala privada de Xen, él ya estaba esperando, sirviendo té. Xen se veía calmado, pero Lin sabía, que algo no estaba del todo bien, conoce lo suficiente de Xen como para saber que algo trama.
—Lin —dijo Xen, ofreciéndole una taza.— He tomado una decisión. Te daré el divorcio, como lo prometí.
Lin sintió un leve temblor. ¿Había ganado?, no, ella sabe que no podría ser tan fácil.
—Y mis condiciones, ¿las cumplirá?— pregunto de inmediato.
—Te daré tu libertad, y la de Jian. Él irá contigo, pero con una condición que no está sujeta a negociación.
Lin frunció el ceño.—Hable claro, su majestad.
Xen se inclinó sobre la mesa, con una expresión sombría.
—El divorcio será oficial en un año. Durante ese año, debes quedarte en la capital. No como mi esposa, sino como mi General en Jefe. Necesito asegurar la frontera Norte, es vital. Además, los ministros esperan que intente convencerte de volver, para mantener la estabilidad.
—¿Un año más? ¿Para qué? ¿Para que usted encuentre otra forma de seguir manteniendome en este lugar?— pregunto molesta.
—No —replicó Xen con firmeza— es para que ambos tengamos tiempo. Yo, para asegurar mi posición sin un levantamiento militar, y tú... —Él hizo una pausa, sus ojos se clavaron en los de ella—...para que me digas por qué crees que tengo otra mujer. He negado esa tontería mil veces, Lin. No hay otra, ¿quién te lo dijo o por qué lo crees?, si tienes una razón, dímela, y si no, deja de usar esa calumnia como un arma, porque yo aun guardo la esperanza de que nuestro matrimonio funcione.
Lin se quedó en silencio, con la taza de té cerca de sus labios. La verdad era que esa idea había sido plantada en su mente por la misma, desde que escucho la conversación entre Xen y la Emperatriz Madre, en la que este, claramente admitia tener una mujer que amaba, rechazando con insistencia su matrimonio con ella. Lin odiaba la idea de seguir en un matrimonio donde su esposo no la quiere, donde la ve como la culpable de que se haya visto obligado a dejar ir a la mujer que amaba, y eso, se lo dejo claro el propio Xen en la noche de su boda.
—¿Y si me niego al convenio? —preguntó Lin, su voz apenas un susurro.
Xen suspiró, su expresión se suavizó con un dolor genuino.
—Entonces, lucharé por Jian en la corte imperial y en el campo de batalla, si es necesario. Y no quieres ver lo que hago cuando me veo obligado a luchar, Lin. Dame este año, y dime la verdad sobre tu desprecio hacía mi.—
...
Ojalá Lin no lo de por muerto o le dará más adelante una sorpresa /Grievance/
ya estoy intrigada