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Alma De Esmeralda

Alma De Esmeralda

Status: En proceso
Genre:Mafia / Posesivo / Mujer poderosa
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Delenis Valdés Cabrera

"Fui subastada al diablo, pero él no sabía que yo sería su infierno."
En el Amazonas, todo tiene un precio. Mía fue vendida como mercancía al hombre más temido de Sudamérica: Renzo Cavalli. Él la compró para poseerla y quebrarla, pero subestimó el fuego bajo su piel de seda.
Entre huidas por la selva, traiciones y una pasión letal, Mía deberá decidir: ¿hundir el puñal en su espalda o convertirse en la reina de su imperio de sangre?

NovelToon tiene autorización de Delenis Valdés Cabrera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

El amanecer en el Amazonas era una mezcla de neblina espesa y el rugido de las turbinas del jet privado de Renzo. En el helipuerto de la Fortaleza, el viento sacudía salvajemente el cabello de Mía mientras abrazaba a Leo por última vez.

—Mía, no me quiero ir —susurró el chico, con los ojos rojos—. Ese tipo es peligroso.

—No te preocupes por mí, Leo —le mintió ella, apretándolo fuerte contra su pecho—. Ve a Suiza. Hazte fuerte. Es la única forma de que algún día dejes de depender de hombres como él.

Antes de subir a la aeronave, Leo le estrechó la mano con fuerza y le pasó un pequeño trozo de papel arrugado.

—Es el número que encontré en los papeles de su despacho. El de mamá. No dejes que él te lo quite.

Mía guardó la nota en su escote justo cuando Renzo aparecía detrás de ella. No dijo nada, solo puso una mano pesada y posesiva sobre su hombro mientras el jet despegaba.

—Se acabó la distracción —dijo Renzo, su voz vibrando con una anticipación oscura—. Ahora, tenemos una cuenta pendiente en mi oficina.

El despacho de Renzo era un santuario de poder: paredes de obsidiana, una mesa de mármol negro y ventanales que daban a la selva indomable. En cuanto la puerta se cerró, el ambiente se volvió eléctrico. Renzo se quitó el saco y se desabrochó la corbata con una lentitud que hacía que la sangre de Mía empezara a arder.

—Ayer, tu hermano me apuntó al corazón —dijo él, rodeando la mesa como un lobo—. Y tú me prometiste que pagarías su deuda.

—Ya se fue, Cavalli. Ya ganaste —respondió ella, intentando mantener la frente en alto, aunque su cuerpo reaccionaba a la cercanía del hombre con una intensidad traicionera.

—Todavía no he cobrado —él se sentó en su gran silla de cuero y señaló el suelo frente a él, justo entre sus piernas—. De rodillas, Mía. Quiero ver esa lengua de veneno usada para algo más... productivo.

Mía apretó los puños. Se arrodilló lentamente, pero no lo hizo con la cabeza baja. Miró a Renzo directamente a los ojos, con un desafío que lo volvía loco. Cuando él se desabrochó el pantalón, revelando su virilidad ya despierta y pulsante, Mía sintió un espasmo de deseo que intentó ocultar tras una mueca de desprecio.

—¿Esto es lo que quieres? —preguntó ella, su voz apenas un susurro—. ¿Que me rinda ante ti?

—Quiero que admitas que te gusta —respondió él, agarrándole el cabello con suavidad pero firmeza para guiarla—. Que este "castigo" es lo que tu cuerpo ha estado pidiendo desde que llegamos a la selva.

Mía comenzó a servirle, pero no como una esclava, sino como una mujer que conocía su poder. Usó su boca y sus manos con un ritmo que dejó a Renzo sin aliento, buscando deliberadamente los puntos que lo hacían gruñir de placer. Ella sentía el calor de él, su aroma a madera y poder, y aunque su mente decía "lo odio", su cuerpo estaba gritando de excitación.

Renzo no pudo aguantar más la tortura de su boca. La levantó del suelo con una fuerza bruta y la sentó sobre la mesa de mármol negro, apartando documentos y computadoras.

—¡Eres mía! —rugió él, abriendo las piernas de ella y posicionándose entre ellas.

—¡Pruébalo! —lo retó Mía, enredando sus piernas en su cintura y tirando de él hacia sí.

El encuentro fue explosivo. No hubo humillación, solo una lucha de cuerpos que buscaban el clímax con una urgencia salvaje. Renzo la poseía con una ferocidad que la hacía arquear la espalda contra el mármol frío, mientras ella le devolvía cada embestida con la misma fuerza. Mía gemía su nombre, enterrando sus uñas en los hombros de él, disfrutando de la sensación de ser reclamada por un hombre que se volvía un loco deseoso bajo su tacto.

—Di que me quieres —jadeó Renzo, enterrándose profundamente en ella.

—Te odio... —respondió ella, justo antes de que un orgasmo violento la hiciera perder el sentido de la realidad—. ¡Te odio, Renzo!

Él se corrió dentro de ella con un grito de triunfo, colapsando sobre su pecho. Mía se quedó allí, temblando, con el corazón martilleando contra sus costillas. Sabía que había cumplido su parte del trato, y aunque le doliera admitirlo, nunca se había sentido tan viva como en los brazos de su captor. Pero en su pecho, el papel con el número de su madre seguía allí, recordándole que el juego apenas comenzaba.

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Elena Yobany Santacruz Alejandria
jjjajaja te desafía cavalli ...🤭🤭es una pequeña diablilla..
Elena Yobany Santacruz Alejandria
waooo una guerra de seducción..hermosa... excelente escritora.
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