Camilo Casadiego es heredero único ,de los CASADIEGO con una gran responsabilidad, Pero sin intenciones de dejar herederos, su padres intervendrán para asegurar su legado.
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un amanecer diferente
Eran las cuatro de la mañana cuando Soleiny despertó.
Para ella aquella hora era completamente normal. Durante mucho tiempo había tenido que levantarse a esa hora para trabajar, así que su cuerpo estaba acostumbrado.
Se sentó en la gran cama y miró alrededor de la habitación.
Todo seguía pareciéndole irreal.
Por un momento pensó que tal vez seguía soñando.
Se levantó despacio y caminó hacia el baño. Se lavó el rostro con agua fría para terminar de despertar. Mientras buscaba una toalla notó algo que no estaba allí la noche anterior.
En el lavabo había varios artículos de higiene personal nuevos: cepillo de dientes, jabón, crema y otros pequeños utensilios.
También encontró unas prendas deportivas cómodas, perfectamente dobladas.
Sol las observó con sorpresa.
—Quizás la señora Laura las trajo —pensó.
Se cambió rápidamente y, después de acomodar un poco su cabello, salió al pasillo.
La casa estaba en completo silencio.
Bajó las escaleras con cuidado para no hacer ruido y caminó hacia la cocina.
Al entrar, dos empleadas que estaban comenzando su jornada la miraron sorprendidas.
—Señorita… ¿qué hace usted aquí? —preguntó una de ellas—. Es muy temprano.
La otra mujer agregó enseguida:
—Solo hay café listo por ahora. Si desea, podemos servirle una taza. Díganos qué quiere desayunar y se lo preparamos enseguida.
Sol sonrió con amabilidad.
—Gracias, pero no se preocupen. Estoy acostumbrada a madrugar. No vi la necesidad de quedarme en la habitación.
Luego miró la cocina con curiosidad.
—¿Puedo ayudar a preparar el desayuno?
Las dos empleadas se miraron entre sí con cierta preocupación.
—Este… tal vez la señora Laura se enoje —respondió una de ellas con duda.
Sol levantó ligeramente las cejas.
—¿Por qué me miran con tanta sorpresa?
Mientras hablaba, tomó una pequeña taza y se sirvió un poco de café.
Una de las mujeres respondió con cautela.
—No se vaya a enojar, señorita… pero usted es muy diferente a las otras novias que ha tenido el joven Camilo.
Sol levantó la mirada.
—¿Ellas también dormían aquí en la casa?
Las empleadas negaron con la cabeza.
—No exactamente. Venían de visita. Pero eran… —la mujer dudó— un poco altaneras y muy exigentes. Ya sabe… niñas ricas.
Sol dio un pequeño sorbo a su café.
—¿Y tiene muchas exnovias?
Las dos mujeres se miraron pensando.
—Nueve o diez, si mal no recuerdo —respondió una finalmente—. La última era la señorita Doris. Criticaba todo lo que cocinábamos para ella.
Sol casi se atragantó con el café.
—¿Diez?
Las empleadas asintieron.
—Son muchas… —murmuró Sol con sorpresa.
Luego sonrió levemente.
—Vaya… parece que el señor Camilo es bastante exclusivo con sus elecciones.
Las tres rieron suavemente.
Una de las empleadas volvió a preguntar con amabilidad:
—¿El café está bien? Si quiere podemos hacerlo de otra forma.
Sol negó con la cabeza.
—No, está perfecto. Solo me sorprendió escuchar el historial de mi futuro esposo.
Las mujeres volvieron a sonreír.
Sol dio otro pequeño sorbo al café y, por un momento, su expresión cambió.
Pensó en su madre.
En el hospital.
En cómo estaría esa mañana.Sol miró alrededor de la cocina.
De pronto se le ocurrió algo.
A su mamá siempre le había gustado mucho su forma de cocinar. Incluso cuando estaba enferma, aunque comiera poco, siempre sonreía cuando probaba algo preparado por ella.
Sol miró hacia el refrigerador.
—¿Hay fruta en la cocina? —preguntó.
Una de las empleadas respondió enseguida:
—Sí, señorita. Está fresca.
Sol asintió.
—¿Puedo tomar un poco? Quiero preparar algo.
Las empleadas dudaron por un instante.
—No se preocupen —añadió Sol con una pequeña sonrisa—. La señora no se enojará. Y si dice algo, pueden decirle que yo insistí.
Las mujeres finalmente asintieron.
Sol comenzó a trabajar con cuidado. Cortó fruta, preparó una mezcla sencilla pero nutritiva y acomodó todo en un pequeño recipiente.
Mientras lo hacía, pensaba en su madre.
—Seguro le gustará —murmuró para sí misma.
Luego quiso aprovechar y preparar su propio desayuno, huevos revueltos con verduras, pan tostado y un jugo de piña con zanahoria, su madre se lo preparaba cuando era niña, con un poco de almidón, y hielo hacía mucho no probaba recordo que le gustaba mucho. Pero es difícil comer bien ,tenía suerte si comía algo de arroz cosido durante el día, desde que su madre enfermo solo podía trabajar para pagar los cuidados de la clínica.
Eran casi las seis de la mañana cuando el desayuno estaba casi listo.
Las empleadas terminaban de organizar la mesa cuando alguien entró a la cocina.
Era Laura.
La mujer observó la escena con sorpresa.
—Veo que la ropa te quedó bien —dijo con una leve sonrisa—. Pensé que aún estabas durmiendo.
Luego miró los utensilios y la comida preparada.
—¿Y qué haces en la cocina?
Sol se volvió hacia ella con respeto.
—Buen día, señora. Y gracias por la ropa, es muy cómoda.
Luego señaló el plato que estaba preparando.
—El sueño se me fue temprano… y quería cocinar algo. Quiero ver a mi mamá.
El semblante de Laura cambió inmediatamente.
Guillermo ya le había contado sobre el estado de la madre de Soleiny así que comprendió enseguida.
Asintió suavemente.
—Está bien. Si quieres, después de desayunar podemos visitarla. Yo te acompaño… y luego vamos de compras.
El rostro de Sol se iluminó.
—¿De verdad?
Luego miró nuevamente la cocina.
—Señora… ¿puedo venir seguido a la cocina? Me gusta cocinar.
Laura sonrió con cierta ternura.
—Claro. Si te sientes bien aquí, no veo problema.
Se acercó un poco más a la mesa.
—Déjame ver qué preparaste.
Observó el plato con curiosidad.
—Mmm… se ve muy bien. Me imagino que es para tu madre.
Sol asintió.
—Sí, señora. Pero si quiere puede probar un poco. Mi mamá casi no come mucho. Y quise preparar algo que quería comer hace mucho .
Luego miró el plato con duda.
—Aunque no sé qué pensará usted y el joven Camilo. ¿Será que le gustaría?
Después añadió con una pequeña risa:
—Si no le gusta, yo me lo comeré todo. No desperdicio la comida.
Laura rió suavemente.
—Bueno Camilo Muy pocas veces come en casa. Casi siempre come en el trabajo. Pero yo si quiero probar ese jugo que hiciste se ve bien.
Luego miró el reloj.
—Aunque… creo que Camilo hoy se levantará tarde.
Se volvió hacia las empleadas.
—Dejan un poco del desayuno que preparo sol para camilo. Si se levanta, se lo servirán.
Luego miró nuevamente a Sol.
—Tenemos muchas cosas que hacer hoy. Vamos, desayunamos y salimos temprano.
Sol asintió.
Un rato después, ambas iban en el automóvil rumbo a la clínica.
El camino transcurría en silencio mientras Sol observaba por la ventana.
Laura la miró con curiosidad.
—Sol… ¿le dirás a tu madre sobre la boda?
Sol bajó un poco la mirada.
—Lo he estado pensando… creo que sí.
Respiró profundamente.
—Nunca he tenido secretos con ella.
Hizo una pequeña pausa antes de continuar.
—Pero no le diré que tenemos un trato. No quiero que lo vea como un sacrificio.
Laura asintió con comprensión.
—Seguramente te preguntará cómo conociste a Camilo.
Sol sonrió con un poco de nervios.
—Sí… seguro lo hará.
Laura preguntó entonces:
—¿Y qué le dirás?
Sol pensó unos segundos.
—Creo que diré medias verdades.
Laura levantó ligeramente una ceja.
—¿Cómo cuáles?
Sol respondió con calma:
—Le diré que nos conocimos por un contrato… de entregas constantes.
Laura la observó por un momento.
Luego asintió lentamente.
—Me parece bien, hija.
Y el auto continuó su camino hacia la clínica, mientras Sol sostenía con cuidado el recipiente con la comida que había preparado para su madre.