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Casada Con El Gemelo Equivocado

Casada Con El Gemelo Equivocado

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Romance / Matrimonio contratado / Intrigante
Popularitas:7.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Hash_BL

Quinn Akerman tenía una vida cuidadosamente planeada… hasta que el destino decidió estrellarla contra el suelo a diez mil metros de altura. La muerte de sus padres en un accidente de avión no solo la dejó con un duelo imposible de procesar, sino también con una empresa familiar al borde de la quiebra y una hermanita pequeña, Lily, luchando contra la leucemia.

Acorralada por deudas, abogados y médicos que no aceptan promesas como forma de pago, Quinn se ve obligada a aceptar un acuerdo tan frío como cruel: casarse con uno de los gemelos Benedetti, herederos de un imperio empresarial que alguna vez fue socio de su padre.

El problema no es el matrimonio. El problema es que se casa con el gemelo equivocado.

Eitan Benedetti es serio, mordaz, aparentemente incapaz de sentir algo que no sea control. Eiden Benedetti, en cambio, es carismático, provocador y peligrosamente encantador. Dos rostros idénticos, dos almas opuestas… y una verdad que amenaza con destruirlos a todos.

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Capítulo 13

Quinn

La mañana empezó tranquila, casi peligrosamente normal.

Valen estaba en la cocina, preparando café como si aquella mansión no hubiera conocido nunca el silencio incómodo ni las ausencias permanentes. Lily dibujaba en la mesa, concentrada, con la lengua asomando ligeramente entre los labios. Eitan leía el periódico a una distancia prudente, fingiendo interés en las noticias cuando en realidad vigilaba cada respiración de mi hermana.

Yo los observaba a los tres y pensé, con una punzada inesperada, que en aquella escena parecían como una familia.

Entonces sonó el timbre, interrumpiendo mis pensamientos.

No fue solo un sonido, fueron tres toques. El timbre sonó con prisa, como si el tiempo de la persona que estaba al otro lado valiera oro.

—Debe ser Eiden —dijo Valen, sin levantar la voz, como si lo hubiera estado esperando.

Eitan alzó la vista de inmediato. No dijo nada, pero algo en su postura cambió. Una tensión mínima en su mandíbula, casi invisible, que solo yo noté porque ya estaba aprendiendo a leerlo.

—¿Eiden? —pregunté.

—Vive en un apartamento en la ciudad —explicó Valen—. Nunca le gustó quedarse aquí después de lo de su padre.

Kevin Benedetti. Tres años desde el accidente. Tres años desde que esta casa se encontraba la mayor parte del tiempo vacía, como si estuviera aprendiendo a respirar distinto a lo que era antes de él.

Cuando la puerta se abrió, el aire cambió, se tornó una tensión incómoda que faltaba como burbujas en un parque de diversiones.

Eiden entró como si todo el lugar aún le perteneciera. Seguro. Sonriente. Con esa elegancia despreocupada que parecía no tomarse nada demasiado en serio. Vestía impecable, como siempre, y traía consigo el olor a ciudad, a prisa, a cosas no dichas.

—Mamá —dijo, abriendo los brazos—. Al fin vuelves después de huir del país.

—Italia no es huir —respondió Valen, abrazándolo—. Es recordar quién eres cuando nadie te mira, deberías intentarlo también.

Eiden sonrió, encantador.

—Eso explica muchas cosas, mamá. Lo siento, pero creo que Italia no es para mí — le dijo con una sonrisa en su rostro.

Entonces me vio.

—Quinn —saludó—. Veo que sigues aquí.

—Sigo viva —respondí—. A veces ese simple hecho es más que suficiente.

Rió, como si le divirtiera mi respuesta.

—Siempre tan intensa.

Eitan se levantó entonces.

—Llegas temprano.

—Y tú sigues tan hospitalario como siempre —replicó Eiden—. Pensé que estarías aún recuperándote.

—Ya lo estoy —contestó Eitan, seco.

Los miré a ambos. Juntos.

Era desconcertante.

Mismo rostro. Misma estatura. Misma voz, incluso, si no prestabas atención. Cualquiera podría confundirlos en cualquier momento y sin esfuerzo. Yo misma lo había hecho.

Y, sin embargo… algo no encajaba.

Nos sentamos en la sala. Valen hablaba, Lily mostraba sus dibujos, Eiden hacía comentarios ingeniosos, Eitan la mayor parte del tiempo se dedicó a escuchar y casi no hablaba. Todo parecía normal, pero mi mente no dejaba de trabajar... pensando en que debía de haber algo diferente en ellos.

Los observé con detenimiento.

Eiden gesticulaba al hablar. Sus manos se movían con soltura, como si siempre estuviera actuando frente a una audiencia invisible. Sonreía con facilidad, incluso cuando no era necesario. Su risa llenaba todo el espacio de la sala.

Eitan, en cambio, era más distante. Medía cada palabra. Cada gesto. Cuando sonreía, lo hacía con los ojos… solo cuando era sincero y le nacía de corazón hacerlo.

Y entonces lo vi.

No fue inmediato. No fue obvio.

Fue un detalle diminuto. De esos que solo se notan cuando dejas de mirar el todo y empiezas a observar detenidamente los detalles más diminutos.

Los ojos.

Ambos eran verdes, sí. Pero no eran iguales.

Los de Eiden eran más claros, casi brillantes, como hojas frescas bajo el sol. Cambiantes, vivos, difíciles de fijar. Los de Eitan… no. Los de Eitan eran un verde más profundo. Más oscuro. Como un bosque denso donde la luz entra con mucho más cuidado.

Tragué saliva.

Los miré uno por uno. Varias veces. Buscando confirmación. Buscando seguridad.

No estaba equivocada.

—¿Todo bien? —preguntó Valen, notando mi silencio.

—Sí —respondí, demasiado rápido—. Solo… observaba.

Eiden arqueó una ceja.

—¿Eso suena peligroso?

—Siempre lo es —murmuré.

Eitan me miró entonces. Directo. Fijo.

Y fue como si el mundo se redujera a ese instante.

El verde oscuro de sus ojos me transmitía... calma, intensidad y sobre el peso de todo lo que no decía.

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

Por primera vez, no tuve dudas de que esa es la única diferencia que tienen.

Ahora sí, sonreí internamente. A partir de hoy en adelante sabría diferenciar exactamente quién era quién.

No por un documento. No por un nombre. No por un contrato firmado bajo presión.

Sino por algo infinitamente más simple y más aterrador: porque uno de ellos me miraba como si yo le importara… y el otro como si yo fuera una posibilidad interesante.

Lily se levantó del sofá y corrió hacia Eitan, que estaba parado a un lado de la mesita que está en el centro de la sala y lo abrazó por la cintura.

—¿Te quedas hoy? —le preguntó.

Él bajó la mirada y asintió.

—Me quedo.

Eiden los observó, serio por primera vez desde que había llegado, como si los analizara con tanto detenimiento.

Yo apreté las manos sobre mi regazo.

Porque acababa de entender algo crucial.

Ya no estaba confundida, sobre ellos. Al menos ya podía diferenciarlos, pero...

Cuando dejas de estar tan confundida, se te crean preguntas mucho más aterradoras, tanto así que te da miedo saber las cuáles son las respuestas.

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Andrea M. Suarez Vallejo
esto va para largo, 42 capitulos y un solo beso, el miedo de ambos es tan grande
Karen
Nena, por favor actualiza 🥹 Está súper bueno el libro!!
Andrea M. Suarez Vallejo
me ha gustado hasta ahora
Karen
♥️
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