Después de amar obsesivamente y morir, Elijah Grant despierta con una segunda oportunidad y un juramento: esta vez no permitirá que el amor lo destruya. Decidido a huir del hombre al que amó unilateralmente durante años, planea una nueva vida lejos de él.
Pero el pasado no se olvida tan fácilmente.
El hombre que lo marcó se niega a dejarlo ir, y una amenaza inesperada vuelve a poner su vida en peligro.
Cuando el amor se confunde con posesión y el destino insiste en repetirse…
¿podrá Elijah escapar de su final o está condenado a revivirlo?
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Capítulo 17. Promesa de amor.
...• Robert •...
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Entré a mi auto y me puse en marcha de inmediato. No tenía intención de quedarme ahí, estacionado como un imbécil, dándole vueltas a lo que acababa de ver. No sabía qué clase de juego estaba jugando Elijah, ni me interesaba saber qué tipo de relación tenía con ese tal Daniel. No lo necesitaba. Había cosas que simplemente se saben, aunque el otro se empeñe en negarlas.
—Aún eres mío, aunque lo niegues —murmuré, con la vista fija en el camino—. Eres mío, Elijah.
Apreté el volante con más fuerza de la necesaria mientras conducía. En cada semáforo en rojo, su imagen volvía a mí sin permiso: la piel expuesta, la toalla apenas sostenida en la cintura, esa maldita mezcla de vulnerabilidad y dignidad que siempre había tenido. Mi mente no le daba tregua. No podía sacarlo de ahí. No quería hacerlo.
No puede ignorarme. No después de todo el amor que decía sentir por mí. No después de cada promesa, de cada mirada cargada de significado. Él es mío y ambos lo sabemos, aunque ahora pretenda borrarme, fingir que nada de eso existió.
—Veamos cuánto aguantas, Eli —dije en voz baja.
Mi voz sonó más fría de lo que esperaba, y no me molestó. No soy un extra en su vida. Nunca lo he sido. Y tampoco pienso permitir que me relegue como si fuera un recuerdo incómodo. Si cree que puede reemplazarme, que puede avanzar sin mí, se equivoca. Yo me encargaré de recordárselo, con calma, con paciencia.
Llegué al edificio y estacioné sin dificultad. Al bajar del auto, acomodé mi saco y respiré hondo. En el elevador, ajusté la corbata frente al reflejo de las puertas metálicas. Mi rostro estaba impecable, sereno. Nadie debía notar nada. Nadie lo haría.
Cuando las puertas se abrieron, lo vi al final del pasillo.
Axel estaba sentado, esperándome. Su postura era correcta, casi rígida. Al verme, esbozó esa sonrisa tímida que siempre pone, como si no supiera del todo dónde colocar las manos o la mirada. Me observó con atención, esperando algo de mí. Yo sabía exactamente por qué estaba ahí. Sabía lo que tenía que hacer. Y Axel… Axel iba a ayudarme, le gustara o no.
—Axel —lo saludé, devolviéndole la sonrisa mientras me acercaba.
—Hola —respondió, poniéndose de pie de inmediato.
—¿Esperaste mucho?
—No tanto —contestó.
Abrí la puerta de mi oficina y le hice un gesto para que entrara. Aún teníamos asuntos pendientes: su sueldo, sus responsabilidades dentro del equipo… y otras cosas que no estaban escritas en ningún contrato.
—¿Quieres desayunar algo antes de comenzar? —pregunté mientras cerraba la puerta detrás de nosotros.
—No hace falta… comí un pan antes de venir —admitió, bajando un poco la mirada. Sus mejillas se sonrojaron apenas.
Fruncí el ceño, sin ocultar mi desaprobación.
—Eso no es un desayuno.
Tomé el teléfono del escritorio y marqué a la secretaria.
—Envía dos desayunos a mi oficina —ordené, colgando en cuanto respondió.
Me apoyé con calma en el borde del escritorio y lo miré.
—Por el momento —dije—, háblame de tus trabajos anteriores.
Mi voz sonaba profesional, tranquila, como siempre. Nadie habría imaginado que, mientras lo escuchaba, ya estaba moviendo las piezas. Elijah cree que puede alejarse de mí… pero aún no entiende cómo funcionan las cosas.
Y pronto, lo entenderá.
......................
Pasaron dos horas que me parecieron eternas, incluso con Axel sentado frente a mí, hablándome con esa voz suave que siempre usaba cuando estaba nervioso. Movía los pies bajo el escritorio, incapaz de quedarme quieto, revisando el reloj cada pocos minutos y, casi por reflejo, levantando la vista hacia la puerta de mi oficina. Elijah no aparecía. No entró con su habitual seguridad, no irrumpió como si el mundo le perteneciera. Nada.
Y esa ausencia me irritaba más de lo que debería admitir.
—Ajá… —murmuré en algún momento, sin saber exactamente a qué estaba respondiendo. Axel hablaba de un proyecto anterior, de un jefe exigente o de plazos imposibles; no lo sé. No estaba escuchando. Mi atención estaba puesta en otro lugar, en una persona que, por primera vez, no parecía girar alrededor de mí.
A las nueve con diez, finalmente, la puerta del pasillo se abrió.
Lo supe incluso antes de verlo.
—Ven —dije de inmediato, interrumpiendo a Axel sin miramientos—. Nos reuniremos con los líderes de los grupos. Es hora de presentarte con el resto.
Me levanté, tomé el teléfono y marqué a la secretaria con un solo movimiento preciso.
—Reunión en la sala tres. Urgente —ordené, sin esperar respuesta.
Colgué y le hice una seña a Axel para que me siguiera. Caminamos hasta la sala de juntas contigua a mi oficina. Entré primero y tomé mi lugar en la cabecera de la mesa, como siempre. Axel se sentó a mi derecha por orden mía, sin cuestionarlo. Uno a uno comenzaron a llegar los demás, ocupando las sillas disponibles. Diez en total. Ni una más. Sonreí para mis adentros.
«Veremos cuánto soportas, Elijah».
—Buenos días a todos —dijo su voz al entrar.
No saludaba nunca. Jamás. Simplemente ocupaba su lugar… el que ahora pertenecía a Axel.
—Buenos días —respondieron todos al unísono, con un deje evidente de sorpresa.
No quedaban sillas libres.
Levanté la vista lentamente, observándolo. Esperaba el ceño fruncido, la mandíbula tensa, esa mirada cargada de reproche que conocía tan bien. Esperaba celos. Esperaba enojo. Esperaba una escena.
No hubo nada.
—¿Para qué es la reunión? —preguntó con calma.
Ni siquiera miró a Axel. No hubo un solo gesto de incomodidad en su rostro. Aquello me desconcertó más que cualquier ataque de celos.
—Elijah —dije, apoyando un codo en la mesa y alzando una ceja—, ¿no quieres una silla? Axel ocupó tu lugar.
—Oh… lo siento, no lo sabía —respondió Axel, dispuesto a levantarse.
Tomé su mano antes de que pudiera hacerlo y la mantuve sujeta, firme, deliberadamente visible.
—No hace falta que te levantes —dije, sin apartar los ojos de Elijah—. Él puede conseguir otra silla afuera, ¿verdad?
Eso debería haberlo hecho estallar. Ese Elijah habría explotado. Pero este… este solo sonrió.
—Está bien —respondió con tranquilidad—. No me siento muy bien como para estar sentado. Además, tengo mucho trabajo. ¿Podemos darnos prisa con la reunión? Creo que Axel también está eufórico por comenzar, ¿no es así?
Axel asintió con una sonrisa sincera.
Sentí cómo mis dedos se cerraban con más fuerza de la necesaria.
Este no es mi Elijah. No es el mío.
—Quiero presentarles a Axel —anuncié, cuando todas las miradas volvieron a mí—. A partir de hoy será diseñador junior en mi equipo. Denle la bienvenida y apóyenlo en lo que necesite.
Hubo asentimientos, saludos cordiales, palabras educadas. Elijah se limitó a inclinar levemente la cabeza a modo de saludo y, sin decir nada más, dio media vuelta y salió de la sala sin dedicarme una sola mirada.
Me quedé observando la puerta cerrarse tras él, con una presión incómoda en el pecho.
“Sin importar qué pase, siempre te amaré y estaré a tu lado. No le cedas mi lugar a nadie.”
Sus propias palabras resonaron en mi mente, como una burla amarga.
¿Dónde quedó esa promesa de amor eterno?, me pregunté mientras lo veía alejarse por el pasillo, sintiendo, por primera vez en mucho tiempo, que algo que siempre creí mío comenzaba a escaparse de mis manos.
Gracias por la actualización
yo si quisiera que quedarán juntos claro después que el sufriera bastante y cambiará completamente para poder recuperar a Eli, o por lo menos que fuera un trío para que el papucho de Dominick no quede por fuera
I hate you
Bastard