Takumi, un joven de 16 años alegre, honesto y fanático de la justicia, muere en un accidente menor, pero cuando abre los ojos… se encuentra dentro de su videojuego otome favorito. Para su sorpresa, no es la heroína, sino el omega villano, condenado a un final trágico y odiado por todos los personajes. Pero lo que Takumi no esperaba era que su destino en el juego empezara a desviarse… gracias al protagonista secundario, un alfa amable y torpe que parece destinado a sufrir, pero que termina atrayéndolo de formas inesperadas y muy cómicas.
NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 22: Una noche tranquila (que nadie creyó tranquila)
La noche cayó sobre el palacio con una calma sospechosa.
Takumi lo pensó apenas cerró la puerta de sus aposentos y apoyó la espalda contra ella. El silencio era demasiado perfecto, como si el mundo contuviera la respiración antes de algo importante… o inconveniente.
—Definitivamente esto es sospechoso —murmuró.
Se quitó los zapatos sin cuidado y caminó descalzo hasta el centro de la habitación. La luz suave de las lámparas iluminaba los muebles elegantes, pero esa noche el lugar se sentía menos imponente, más… suyo.
Se sentó en el suelo, rodeado de papeles, informes y notas escritas con tinta irregular. Había pasado horas revisando solicitudes, ajustando planes, corrigiendo detalles que el consejo había ignorado durante años. Su cabello blanco, suelto, caía como una cortina suave sobre sus hombros, contrastando con la túnica de dormir clara que llevaba puesta sin preocuparse por la formalidad.
Tarareó sin darse cuenta.
🎵
“Si el día pesa en el pecho,
que la noche me sostenga…
si el miedo regresa en silencio,
que no me encuentre solo.”
🎵
Se detuvo de golpe.
—No cantes —se dijo—. Eso nunca termina bien.
Justo entonces, alguien llamó a la puerta.
Takumi dio un pequeño salto.
—…Genial.
—Su Alteza —dijo una voz conocida desde el otro lado—. ¿Puedo pasar?
Hikaru.
Takumi miró alrededor: el desorden, los papeles, él sentado en el suelo como si fuera un estudiante agotado y no el heredero al trono.
—Sí —respondió—. Pero no juzgues.
La puerta se abrió.
Hikaru entró con su postura habitual, recta, impecable… y se detuvo apenas vio la escena.
—¿Interrumpo algo? —preguntó.
—Mi dignidad —respondió Takumi—. Pero ya estaba dañada.
Hikaru cerró la puerta con cuidado.
—Los guardias informan que todo está en orden —dijo—. No hay movimientos sospechosos.
Takumi alzó una ceja.
—Eso suena aún más sospechoso.
—Coincido —admitió Hikaru—. Por eso vine yo mismo.
Takumi lo observó unos segundos.
Había algo distinto en él esa noche. No era tensión, exactamente. Era… inquietud.
—¿Estás bien? —preguntó.
—Sí.
Takumi ladeó la cabeza.
—¿Seguro?
Hikaru dudó medio segundo.
—No.
Takumi palmeó el espacio a su lado en el suelo sin pensarlo.
—Siéntate.
Hikaru miró el lugar… luego a Takumi… luego al suelo otra vez.
—No es apropiado.
—Es una noche sospechosa —respondió Takumi—. Las normas no aplican igual.
Hikaru suspiró, derrotado, y se sentó a su lado, manteniendo una distancia prudente que Takumi encontró innecesaria.
—Hoy parecías molesto —dijo Takumi con suavidad—. En la recepción.
—No lo estaba.
Takumi lo miró de reojo.
—Capitán.
Hikaru cerró los ojos un instante.
—No me gusta cómo lo miran —admitió.
Takumi parpadeó.
—¿Cómo?
—Como si fuera algo que pueden reclamar. Como si no entendieran que usted decide… que no es un símbolo vacío.
Takumi bajó la mirada.
—No soy una cosa.
—Lo sé —respondió Hikaru con firmeza—. Pero ellos no.
El silencio cayó entre ambos, pesado pero honesto.
Takumi apoyó la cabeza contra la pared.
—Gracias… por verme —dijo en voz baja.
Hikaru se tensó.
—Eso no es especial.
Takumi giró el rostro hacia él.
—Lo es para mí.
Hikaru no respondió de inmediato. Miró al frente, apretando ligeramente los dedos contra la tela del pantalón.
—Su Alteza —dijo finalmente—. Lo que hago… no es porque usted me lo pida.
Takumi lo observó con atención.
—¿Entonces?
—Es porque no puedo ignorarlo.
Takumi sintió un calor extraño en el pecho.
—Eso suena peligrosamente cercano a una confesión —bromeó.
Hikaru se puso rígido.
—No lo es.
—Claro que no —respondió Takumi, sonriendo—. Solo una declaración de lealtad intensa y emocionalmente confusa.
Hikaru frunció el ceño.
—Usted es muy problemático.
—Y tú sigues aquí —replicó Takumi.
Justo en ese momento, pasos apresurados resonaron en el pasillo.
—¡Capitán Valen! —gritó un guardia desde fuera—. ¡Movimiento sospechoso en el ala oeste!
Hikaru se levantó de inmediato.
—Debo irme.
Takumi también se puso de pie, demasiado rápido.
—Ten cuidado.
Hikaru asintió.
—Siempre lo hago.
—No —corrigió Takumi—. Hazlo por ti.
Hikaru se detuvo en la puerta. Por un segundo largo, no fue capitán ni guardia ni alfa.
Solo fue Hikaru.
—Lo haré —dijo finalmente—. Se lo prometo.
Y salió.
Takumi quedó solo, con el corazón latiendo demasiado rápido para una noche “tranquila”.
Caminó hasta la ventana y miró el jardín oscuro.
—Esto ya es peligroso —susurró—. Y no por el complot.
Volvió a sentarse en el suelo, abrazando sus rodillas.
Por primera vez desde que despertó en ese mundo, no deseó que la noche pasara rápido.
Deseó que alguien regresara.
Y en algún lugar del palacio, Hikaru avanzaba con la espada preparada, pensando una sola cosa:
No dejaré que nadie lo toque.
Ni siquiera el destino.
Sigue así 🥰🥰🥰🥰