Había pasado un año desde que Geisa había abandonado a su marido, el jeque Ali Hasam y echaba de menos a aquel hombre guapo, arrogante y apasionado, pero ¿de qué serviría volver a él si no era capaz de darle lo que él tanto necesitaba: un hijo y heredero? Cuando Ali la engañó para que regresara, Geisa se sintió furiosa y confundida. ¿Por qué la quería a su lado mientras luchaba con su padre por el trono de Jezaen ? Porque sólo podría triunfar si les demostraba a sus enemigos que tenía una esposa fiel y embarazada...
NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 14
Hassan fue el primero en moverse. Se levantó y, sin mirarla, se alejó desnudo de la cama. Tocó con un dedo la pared y una puerta oculta se abrió. Geisa alcanz6 a ver unos azulejos blancos y supo que era un cuarto de baño.
Cuando él entró y cerró la puerta, ella se cubrió los ojos con un brazo y apretó los labios para no llorar. Aquella situación no era nueva. Había pasado muchas veces, y fue una de las razones por las que acabó abandonándolo.
Hassan permaneci6 bajo el chorro de la ducha. Tuvo que reprimirse para no golpear las paredes. Su cuerpo estaba saciado, pero el corazón le dolía por una frustración que nada podría sanar.
Silencio. Odiaba el silencio. Odiaba saber que no tenía nada que decir. y encima tenía que volver y enfrentarse a ella.
Su esposa. Su mujer. Su otra mitad. Bajó la cabeza, dejando que el agua le cayera sobre los hombros, e intentó imaginar cuál sería la reacción de Geisa. Solo se le ocurría una respuesta. No iba a quedarse.
Se dijo a sí mismo que tendría que haberse aprovechado de la enfermedad de su padre. Era un hombre al que ella quería y con quien había pasado muchas horas hablando, jugando al ajedrez, o simplemente leyéndole cuando estaba demasiado débil.
Pero su padre tampoco había bastado para que ella se quedara la última vez. El viejo estúpido le había dado su bendición al marcharse, y aunque la echaba terriblemente de menos, seguía insistiendo en que había hecho lo correcto.
Odiaba esa frase, «había hecho lo correcto». Apestaba a deber. Deber a su familia, deber a su país, deber a concebir un hijo heredero de al-Qadim.
Pero él no necesitaba un hijo, y tampoco a una segunda esposa para concebirlo. A quien necesitaba era a una hermosa peli negra que lo hiciera estremecerse con solo mirarla, no a una mirada vacía cada vez que hicieran el amor.
Suspiró y volvió la cara hacia el chorro. El agua le cortó la respiración, pero a él no le importaba si jamás volvía a respirar. Finalmente, el sentido común lo dominó y lo obligó a moverse.
Minutos más tarde salió del baño, y entonces la vio, acurrucada en uno de los sillones. Había descorrido las cortinas y estaba mirando por la ventana, con sus preciosos cabellos brillando contra la oscura tapicería de Damasco, y envuelta en una sábana blanca de algodón egipcio. A los pies de la cama seguían sus ropas, mezcladas.
-Averigua cómo está Ethan -le dijo sin mirarlo.
Era un trueque. Ella le había dado más de lo que quería, y pedía algo a cambio.
Sin decir. palabra, Hassan llamó por la línea telefónica interna, y averiguó lo que ella quería saber. Ordenó que les llevaran comida y luego se sentó en el otro sillón.
-Recibió por accidente un golpe en la mandíbula, que lo ha mantenido inconsciente un par de minutos, pero ahora está bien -le aseguró-. Está cenando con Rafiq.
-Así que él no forma parte de este secuestro que has planeado con mi padre.
-A veces puedo ser malévolo y retorcido, pero no tanto -replicó él secamente…