Marcela Escorche parece tenerlo todo 💫: un futuro brillante en la universidad 🎓, una familia que la apoya sin condiciones 👨👩👧 y un novio cariñoso 💞 que le promete estabilidad. Pero todo se marchita en un instante cuando una desconocida aparece con una carta 📜 que amenaza con destruir su mundo.
En ella, Marcela descubre que su novio la engaña 💔 con su primer amor… quien además es la novia de su primo. Lo que parece una simple traición sentimental se transforma en un oscuro juego de engaños y secretos 🕵️♀️. La misteriosa mujer le ofrece una enorme suma de dinero 💰 a cambio de infiltrarse y revelar la verdad: la familia de su novio esconde una red de estafadores y traficantes de personas ⚖️.
Entre la verdad y la traición, Marcela deberá decidir si arriesgar su vida 🔥 para desenmascarar a quienes ama… o callar y ser cómplice de su propio engaño.
Porque algunas flores, como la de Jamaica 🌹, esconden un sabor agrio bajo su dulzura.
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Capitulo 14: Amargura del Pasado:
El Señor Álvarez, a pesar de estar en cama, se disgustó por haberlo llamado “Señor”, cosa que es cierto porqué es mayor que yo y es el abuelo de Rafael, pero no le quitó el hecho de que se mantuvo en una calma casi que perturbadora y me dice en cierto punto hasta sonar con malicia: “Señorita Escorche, por lo que veo, usted no sabe sobre una verdad que nadie le ha contado aún, pero estoy dispuesto a confesar, ¿Quieres saber cuál es esa verdad que tengo que confesar? O más bien ¿”Tienes” que confesarme la verdad?”
Cuando me dijo “tienes” nunca creí que fuera yo la que tuviera una confesión que hacerle al Señor Álvarez (Kellan) o si realmente estaba jugando con mi mente, lo único que se me ocurrió preguntar fue: “Disculpe seño…es decir don K. ¿Cómo así que tengo un secreto?”
El Señor Álvarez me habla en un tono condescendiente, casi como si tuviera desdén conmigo diciendo: “Señorita Escorche, ya que usted me está preguntando sobre el secreto que usted “tiene”, le sugiero que me busque una “carpeta” amarilla que se encuentra en una mesita al “rincón” de la pared, en dicho rincón también se encuentra mi portafolio negro. Tiene la libertad de huzmear sobre todo lo que está dentro de ahí.”
Sentí un escalofrío por la petición del Señor Álvarez, aún así, fuí hacia el rincón del cuarto. Ahí se encontraba la mesita que el Señor Álvarez había descrito anteriormente, encima de la mesita se encontraban la carpeta amarilla y el portafolio del Señor Álvarez de color negro que me había dicho que tenía la potestad de huzmear, me dije para mí misma: “Me pregunto de cuál secreto estará diciendo el Señor Álvarez que tengo.”
Luego de buscar la carpeta, me dispuse a revisar en su interior, y lo que ví a continuación, me dejó temblando del miedo.
La misma foto que Brandy me había mostrado la primera vez en la Plaza Bolivar, era la misma, no solo esa foto, sino de una persona que se parecía a Brandy físicamente, pero de piel morena, y entonces ví que era un recorte de un periódico francés que decía: “Izzah Bouseffi, madre joven que desapareció con sus 2 hijas, momentos antes de dirigirse a Marruecos.”
Seguí leyendo, y lo que me desconcertó más fue la historia del periódico: “Luego de una búsqueda exhaustiva, encontraron el cuerpo de la joven marroquí innerte en el suelo, la causa de muerte según el forense fue por una enfermedad llamada “Clamidia".”
Mientras más leía, más terror me provocaba el Señor Álvarez, lo miré con frialdad y le hice una pregunta que sentí, sería la última pregunta que le haría: “Señor Álvarez, ¿Qué tengo que ver yo con todo esto?”
El Señor Álvarez, me mira, con esos ojos dóciles de cualquier anciano, pero lo que me dijo después fué muy hostil: “Señorita Escorche, o ¿Debería decirte “Beatrice”? Ese nombre de “Marcela” no es muy propio para una jovencita cómo tú.”
“¿Beatrice?” fue todo lo que pude recordar, luego siguió hablando el Señor Álvarez diciéndo con una voz fría que casi sentía como mis huesos se congelaban: “¿Creíste que no me daría cuenta después de 15 años encontrarte a ti y a tu hermana?”
Todo estaba teniendo sentido ahora, la carta, el dinero, y ahora esta revelación, no estaba entendiendo nada.
Traté de obtener respuestas sobre lo que me estaba contando, pero al tratar de formular las preguntas. Escuché un pitido que venía del monitor que estaba conectado al Señor Álvarez, me estremecí tanto que presioné el botón de emergencias para llamar al personal médico.
En mi desesperación, me fui sin decir más nada, me dije que sería un mal sueño y en algún momento me despertaría, pero no fué así…
Continuará.