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Obligada A Amarte

Obligada A Amarte

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Mujeriego enamorado / Posesivo / Atracción entre enemigos / Arrogante / Amor-odio / Completas
Popularitas:83.1k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Crisbella

Siempre pensé que mi destino lo elegiría yo. Desde que era niña había sido un espíritu libre con sueños y anhelos que marcaban mi futuro, hasta el día que conocí a Marcelo Villavicencio y mi vida dio un giro de ciento ochenta grados.
Él era el peligro envuelto en deseo, la tentación que sabía que me destruiría, y el misterio más grande: ¿Por qué me había elegido a ella, la única mujer que no estaba dispuesta a rendirse? Ahora, mí única batalla era impedir que esa obligación impuesta se convirtiera en un amor real.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo XIV Tratando de mantener distancia

Punto de vista de Diana

Cuando Marcelo se fue al dormitorio, yo inmediatamente entré a la biblioteca. Lo primero que hice fue llamar a Irene. Ella debía estar preocupada por mí, y por eso quise hablarle y decirle que estaba bien.

—Diana, amiga, ¿qué está pasando? —fueron sus palabras apenas la llamada se conectó. Su voz era una mezcla de alarma y chisme.

—¿A qué te refieres? —pregunté, haciéndome la que no sabía de qué hablaba.

—Déjate de juegos y dime, ¿cómo es eso que ahora eres la señora Villavicencio? Apenas ayer empezaste a trabajar en la empresa y hoy ya eres la dueña —Irene estaba sorprendida y al mismo tiempo confundida, una reacción típica de mi entorno.

—Las cosas se dieron y ya. Marcelo y yo ya nos conocíamos y la llama del amor surgió nuevamente entre nosotros —mentí de manera descarada, sintiendo que la mentira se hacía cada vez más fácil.

—No me mientas, te conozco muy bien y sé que algo está pasando. Sé que tienes tus razones para no contarme la verdad, solo quiero que sepas que siempre contarás conmigo —Sabía que sus palabras eran sinceras. Irene siempre me había demostrado ser una buena amiga.

—Tú siempre tan comprensiva, amiga. No sabes cuánto te quiero.

—No te pongas cursi, mejor dime si ya te comiste a ese bombón del jefe. Te tengo tanta envidia, ja, ja, ja. —Sentí cómo mis mejillas se sonrojaron al escucharla hablar de forma tan abierta sobre la intimidad entre Marcelo y yo, algo normal en ella, pero que a mí me incomodaba profundamente.

—Sabes que no te voy a hablar de eso, así que no preguntes —respondí, evadiendo su pregunta.

—Déjate de tonterías. Muchas quisieran estar en tu lugar, así que disfruta de ese manjar y si necesitas consejos, sabes que puedes contar conmigo. Además, él es tu esposo. Si el matrimonio se acaba, no pasa nada porque eres la legítima esposa y siempre quedarás como la señora Villavicencio, no como un desquite de una noche.

Irene y yo continuamos hablando por una hora más, hasta que su hora de descanso terminó. Después de colgar la llamada, tomé un libro, me senté frente al gran ventanal y empecé a leer. No supe en qué momento me ganó el sueño, quedándome profundamente dormida en el cómodo sillón. Por primera vez desde que toda esta locura había empezado, pude descansar.

El sonido de las olas del mar era como una canción de arrullo que me hizo entrar en un sueño inusual. En este, me encontraba en la orilla de la playa contemplando la inmensidad del mar cuando Marcelo llegó, sujetándome por la espalda en un movimiento muy íntimo. Nos besamos con pasión y poco a poco nos fuimos dejando caer en la blancura de la arena.

Un fuerte sonido me despertó en el momento más íntimo del sueño. Al abrir los ojos, me di cuenta de que nada de eso había pasado, pero la sensación de sus manos sobre mi cuerpo aún se sentía tan real que me quemaba. Decidí ir al balcón y dejar que el frío viento golpeara mi piel, pensando que con eso sería suficiente para dejar atrás el deseo que se estaba despertando en mí.

Estaba distraída viendo las estrellas cuando sentí unos pasos acercándose. Giré a ver de quién se trataba, como si en este lugar hubiera alguien más, y ahí estaba él: mi esposo, usando solo un pantalón de pijama y su torso descubierto. Mis ojos no podían dejar de ver la musculatura bien trabajada de ese hombre, y aquel fuego que intentaba apagar volvió a surgir de manera más vivaz, subiéndome el rubor hasta las orejas.

—¿Qué haces ahí?, te puedes resfriar —regañó Marcelo, ignorando el rubor en mis mejillas y acercándose.

—Solo necesitaba un poco de aire fresco —estaba siendo sincera, aunque el "aire fresco" era él.

—Ven, mejor entra y cierra esa ventana y me acompañas a preparar la cena.

No sabía si iba a poder manejar lo que estaba sintiendo estando cerca de él, y menos con esa ligereza de ropa con la que andaba. Tampoco quería que se diera cuenta de mi deseo, así que inventé una excusa para mantenerme alejada de la tentación.

—Tranquilo, puedes seguir descansando que ahora me toca a mí preparar la cena —dije con algo de incomodidad.

—¿Te sientes bien? Te noto algo extraña —dijo Marcelo acercándose cada vez más, analizando mi expresión.

—Sí, sí lo estoy. Ahora déjame trabajar y ve a hacer algo por ahí.

Intenté por todos los medios mantener mis ojos lejos de los bíceps bien definidos y esos cuadritos en su abdomen. Sacudí los malos pensamientos y me puse a preparar la cena; aunque Irene me había dado un consejo, yo no planeaba seguirlo. Tenía que mantener mi actitud y alejarme de la tentación.

Marcelo se alejó, sentándose en el sillón de la sala, mientras yo me concentraba en la cena. Sería algo ligero, ya que él aún debía tener malestar en el estómago por la úlcera.

Preparé un poco de ensalada, evitando cualquier vegetal ácido o irritante (como tomate, cebolla cruda o cítricos), optando por hojas suaves, un poco de calabacín cocido y pechuga de pollo a la plancha, todo con un toque de aceite de oliva crudo y hierbas suaves.

Mientras cocinaba, podía sentir la mirada de Marcelo sobre mí. La temperatura de la cocina era alta, pero la de mi cuerpo subía aún más bajo su escrutinio. No me atrevía a mirarlo, pero sabía que él estaba disfrutando de mi incomodidad.

Finalmente, serví la comida. Era la primera vez que cocinaba en su casa, y la primera cena que compartiríamos juntos como marido y mujer. Puse su plato y el mío en la pequeña mesa de la cocina.

—La mesa está servida —anuncié, sin dirigirme a él específicamente.

Marcelo se levantó de su sillón, con esa lentitud deliberada que me sacaba de quicio, y caminó hacia mí. Su cuerpo casi desnudo era una distracción constante. Me senté en la silla más alejada.

—Parece que mi esposa, además de ser bella, es una excelente cocinera —comentó, sentándose frente a mí.

—Solo es comida, Villavicencio. Come antes de que se enfríe.

La tensión se había convertido en un plato más en la mesa, pero esta vez, yo no huiría.

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Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que hermosa novela, cada vez me sorprendes más, muchas felicidades escritora y gracias por compartirla 👏👏👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que bueno, era hora de que empiecen a pagar todas sus fechorías 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Viejo desgraciado, padre no es el que engendra sino el que cría, pero tu lo hiciste bastante mal, no supiste criar a ninguna, ella era solo una niña
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que buena jugada de ellos, me imagine la cara de Luis, eso es solo el principio de lo que te toca pagar jaja 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Viejo desgraciado infeliz, ojalá y lo hagan pagar por todo el daño causado 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Esta familia esta metida hasta las masas en todo lo sucedido con Diana y su madre, gente mas desgraciada
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que buena, Diana al fin dejo de ser sumisa y se está convirtiendo en una mujer de gran carácter
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Cuidado que los siguen, espeto esta ves se den cuenta
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay pobre Diana, al fin le contó
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Las dudas de ella son razonables, cuéntale hombre si no la perderás
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Cuéntale hombre, ella lo entenderá, después no te querrá si le sigues ocultando cosas
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Viejo infeliz como tan miserable, lo que hacen por dinero 😱🤔👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay Marcelo cuéntale si no ella se enojara después
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Esos son unos desgraciados infelices, unas verdaderas ratas
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Pero listo guardias son más pajarones
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que les pase nada no mas, por favor escritora 🤔👏👏👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay Diana cuídate de la la zorra de tu hermanastra ella es tan mala como tu supuesta familia
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Así debe ser siempre, poner a las zorras en su lugar
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Bonito capitulo 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
De quien sera hija Diana, esa mi inquietud, porque por algo se odian estas familias
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