Laura entró en Valdez Enterprises buscando una carrera, pero encontró una perdición.
Bastó una mirada de Adrián Valdez, su jefe, para que la ingenua joven viera desmoronarse su mundo. Lo que comenzó como una admiración profesional se transformó rápidamente en una obsesión voraz: Laura ya no trabajaba para él, vivía para él. Cada gesto, cada orden fría y cada segundo en su presencia se convirtieron en el combustible de un deseo insaciable.
Pero tras la fachada de poder de Adrián se esconden sombras que ella no está preparada para enfrentar. En esta oficina, el deseo no es un juego, es una trampa. Y Laura, cegada por su propia fijación, está a punto de descubrir que entregarse a su jefe es un placer tan intenso como peligroso.
¿Estás listo para cruzar la línea donde la obsesión se vuelve irreversible?
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Capítulo 13: El Fantasma del Tacto.
La noche se sentía como una celda de terciopelo. En la penumbra de mi habitación, el techo parecía descender sobre mí, cargado con el peso del silencio y el eco de aquel beso que me había dejado incompleta.
Me giré en la cama por centésima vez, sintiendo el roce de las sábanas contra mi piel, una sensación que mi mente, traicionera y febril, transformaba una y otra vez en el tacto de sus manos.
Cerré los ojos y, al instante, regresé al despacho de Adrián. Podía sentir el frío del cristal contra mis muslos y, sobre todo, la presión de sus labios. Adrián no solo me había besado; me había marcado.
Todavía podía sentir el sabor a whisky y autoridad en mi boca, un sabor que me hacía salivar de pura necesidad.
—«Es suficiente por hoy» —su voz resonaba en mi cabeza, una sentencia de muerte para mi cordura.
Me llevé los dedos a los labios, rozándolos suavemente, tratando de recuperar el rastro de su calor. ¿Cómo era posible que un hombre tan frío pudiera quemar de esa manera? Recordé la forma en que su cuerpo, imponente y masivo, me había rodeado, anulando cualquier rastro de mi voluntad. Él era más que un jefe; era una fuerza gravitatoria que me arrastraba hacia un centro oscuro del que no quería escapar.
Me hundí en la almohada, apretándola contra mi pecho, pero el vacío en mi vientre seguía allí, latiendo como una herida abierta. Recordé el momento exacto en que sus dedos se detuvieron en el borde de mi ropa interior. El recuerdo me hizo arquear la espalda contra el colchón, un reflejo involuntario de mi cuerpo pidiendo el final que él me había negado con una crueldad magistral.
Adrián Valdez sabía exactamente lo que estaba haciendo. Me había llevado al borde del abismo solo para demostrarme que él era el único que podía evitar que cayera... o el único que podía empujarme.
—«Me gusta cómo se ve cuando intentas no gritar» —susurré en la oscuridad, repitiendo sus palabras.
Un escalofrío me recorrió de arriba abajo. No era miedo, o al menos no solo eso.
Era una devoción aterradora. Me sentía como una adicta a la que le han mostrado la dosis y luego se la han arrebatado de las manos.
¿Qué buscaba él? ¿Por qué esa danza de provocación y castigo? Él me veía como su "hoja en blanco", pero en su despacho sentía que la tinta ya se había filtrado demasiado profundo.
Me imaginaba sus labios recorriendo cada una de mis inseguridades, borrándolas con su mando, sustituyéndolas por una única verdad: yo era suya por derecho de conquista.
Me imaginé volviendo mañana, poniéndome ese labial borgoña que él tanto deseaba ver emborronado. Me imaginé entrando en su despacho, sintiendo su mirada evaluadora, y comprendí que ya no me importaba la humillación ante Claudia o el desprecio en el club. Lo único que importaba era el momento en que sus manos volvieran a cerrarse sobre mi piel.
Me quedé mirando la danza de las sombras en la pared, con el corazón martilleando contra mis costillas. Sabía que estaba perdiendo la razón. Sabía que Laura, la chica que quería "hacer bien su trabajo", había muerto en ese escritorio de cristal. Ya que hora solo quedaba este espectro hambriento, esta sombra que él había creado a su imagen y semejanza.
Mañana sería otro día de obediencia y silencios. Pero mientras el sueño me vencía lentamente, lo último que sentí fue el fantasma de sus labios contra los míos, una promesa silenciosa de que la locura apenas estaba comenzando. Y yo, con una sonrisa triste y desesperada, me dejé arrastrar por ella.
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El despertador sonó como un mazo contra un yunque, arrancándome de un sueño fragmentado donde las manos de Adrián eran lo único sólido.
Me levanté con el cuerpo pesado, sintiendo una extraña lasitud en los músculos, como si la batalla psicológica del día anterior me hubiera dejado moretones invisibles y al mirarme al espejo, mis labios aún lucían sutilmente inflamados, un recordatorio carnal de aquel beso que me había dejado a medias.
En la cocina, el aroma a café barato y tostadas quemadas me devolvió a mi realidad mundana. Mi tía revolvía el azúcar con energía, mientras Mariana, con el cabello revuelto y los ojos pegados al móvil, devoraba su desayuno.
—Vaya cara, Lau —comentó Mariana sin levantar la vista—. ¿Seguro que ese trabajo no te está matando? Tienes unas ojeras que llegan hasta el suelo.
—Es solo el ritmo de la oficina, Mariana —mentí, sentándome a la mesa.
El contraste entre la calidez doméstica y la frialdad metálica de Valdez Corp era casi doloroso.
—Come algo, hija —insistió mi tía, deslizándome un plato con un huevo frito—. Estás muy flaca desde que empezaste a trabajar con ese hombre. No dejes que te consuma la vida.
Miré el huevo, pero mi estómago estaba cerrado por un nudo de anticipación y náuseas.
Mientras ellas hablaban de facturas y programas de televisión, yo solo podía pensar en el cajón de mi cómoda, donde el labial borgoña esperaba para ser aplicado.
Sintiéndome una extraña en mi propia casa, una infiltrada que guardaba el sabor de un hombre peligroso entre los dientes. Desayunaba con ellas, pero mi mente ya estaba en el piso cincuenta y cuatro, esperando que el verdugo terminara lo que había empezado.
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💕Queridas lectoras... Por favor den me gusta cuando terminen de leer un capítulo.💕
solo la quiere de espectadora y a ser la sufrir más
y más loca ella sintiendo celos de su prima 🙄🙄🙄 patética Adrian solo las utiliza como trapos y las desecha y ella cree que con ella cambiará