NovelToon NovelToon
Un Amor Para El Vaquero Viudo

Un Amor Para El Vaquero Viudo

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / Amor eterno / Amor Campestre / Completas
Popularitas:38
Nilai: 5
nombre de autor: Mary Mendes

A Bárbara Lopes le rompieron el corazón, vio sus sueños truncados y aprendió, de la peor manera, que confiar tiene un alto costo. Aun así, su lema es seguir intentándolo, incluso cuando no hay salida, porque nunca tuvo otras opciones.

Gustavo Medeiros, heredero de vastas tierras y empresario nato, vive recluido, aislado por los traumas del pasado y por la responsabilidad de criar solo a su hija. Acostumbrado a controlar cada aspecto de su vida a través del trabajo, cree que así puede mantener el control de su mundo, aunque eso signifique mantenerse alejado de los demás.

Cuando los caminos de Bárbara y Gustavo se cruzan, dos mundos opuestos chocan. Entre heridas abiertas, decisiones difíciles y sentimientos inesperados, él empieza a ver cómo se le escapa el control, mientras ella se enfrenta a la difícil decisión de volver a confiar.

Una historia de nuevos comienzos, decisiones y el valor de volver a confiar, incluso cuando el pasado sigue doliendo.

NovelToon tiene autorización de Mary Mendes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Gustavo

Estoy en el establo cuando oigo la voz de Clara, demasiado alta para el silencio de la mañana.

Dejo lo que estoy haciendo y miro por encima de la división de la caballeriza. Veo a mi hija gesticulando, entusiasmada como no la veía hace tiempo. Ella apunta a los animales, habla sin respirar, orgullosa de su propio mundo.

Bárbara camina a su lado, atenta, paciente. Se agacha cuando Clara se agacha, escucha como si cada palabra fuera importante. Eso me incomoda más de lo que debería.

Desvío la mirada.

Vuelvo a cepillar el caballo, concentrando la fuerza en los movimientos. No estoy aquí para observar escenas que despiertan cosas que no quiero sentir.

Clara me ve.

—¡Papá! —llama, saludando. —¡Le estoy mostrando todo a Bárbara!

Asiento desde lejos, sin sonreír.

—Cuidado ahí —digo solamente. —No se acerquen mucho a la cerca.

Bárbara se detiene. Parece esperar algo más. Un saludo, tal vez. No ofrezco.

—Buenos días, señor Gustavo —dice ella, educada.

—Buenos días —respondo, corto, sin encararla.

Continúo el trabajo como si su presencia no alterase nada. Como si mi pecho no se apretase cada vez que Clara se apoya en ella con demasiada naturalidad.

No puedo facilitar las cosas.

No después de todo.

Clara percibe el cambio en el aire, pero no entiende. Continúa hablando, intentando incluirme.

—A Bárbara le gustó Estrella, ¿verdad?

—Es bonito —responde ella, aún mirándome por un segundo que finjo no notar.

—Vamos, Clara —digo, más seco de lo que pretendía. —Déjame trabajar.

Ella hace un puchero, contrariada, pero obedece. Tira de Bárbara por la mano y se aleja, aún hablando de los animales.

Me quedo solo otra vez.

El establo vuelve al silencio, pero algo quedó fuera de lugar. Apoyo la frente en la madera áspera de la caballeriza y cierro los ojos por un instante.

Tratarla con frialdad es más fácil que admitir que su presencia me conmueve. Que ver a mi hija sonriendo al lado de otra mujer despierta una culpa que aún no sé administrar.

Elisa era mi mundo.

Y aún no sé cómo permitir que otro comience, incluso sin querer reemplazar lo que perdí.

Abro los ojos, enderezo la postura y vuelvo al trabajo.

A la hora del almuerzo, entro en casa esperando el silencio de siempre. Pero lo que me recibe es otra cosa.

Voces. Risas bajas. El ruido de una olla siendo removida.

Me detengo en la puerta de la cocina sin ser visto de inmediato.

Clara está encima de un banquito, concentrada, removiendo algo con cuidado exagerado. Bárbara está a su lado, orientando con paciencia, sujetando la olla para que no se vuelque. Las dos trabajan juntas como si aquello ya fuese rutina.

El olor me golpea de lleno. Comida de verdad. De esas que abrazan por dentro.

Clara me ve primero.

—¡Papá! ¡Estamos terminando! —anuncia, orgullosa.

—Ya lavé el arroz sola —completa, mirando a Bárbara en busca de aprobación.

—Lo lavó muy bien —ella confirma, sonriendo.

Asiento con la cabeza.

—Bien.

Nada más.

Voy directo al lavadero, me lavo las manos en silencio, como si aquella escena no me hubiese desarmado por dentro. El agua fría corre por los dedos, pero no apaga la sensación extraña de hogar que flota en el aire.

Me siento a la mesa al lado de Doña Célia. Ella acomoda el paño en el regazo y observa la cocina con atención satisfecha.

—Esta muchacha es hacendosa —comenta, sin bajar la voz. —Cocina bien, es paciente con la niña… hoy en día eso es cosa rara.

Bárbara baja la cabeza, visiblemente avergonzada.

—Yo solo ayudé —responde bajo.

—Ayudó nada, hizo todo bonito —insiste Doña Célia. —Clara no se despegó de usted.

Clara sonríe ampliamente, confirmando sin decir una palabra.

No entro en la conversación. Apenas observo. Bárbara se mueve con cuidado por el espacio, como si tuviese miedo de ocupar demasiado. Aún así, la cocina nunca pareció tan viva.

Cuando ella trae la olla a la mesa, nuestras miradas se cruzan por un segundo demasiado rápido para ser ignorado, demasiado corto para ser cómodo.

—Gracias —digo, automático.

Ella asiente.

—De nada, señor Gustavo.

El "señor" crea una distancia segura. Para nosotros dos.

Comenzamos a servir el almuerzo. El ruido de los cubiertos, el olor fuerte de la comida, la conversación animada de Clara… todo aquello me golpea con una fuerza que yo no esperaba.

No es solo la comida lo que está diferente.

Es la casa.

Y eso me pone en alerta.

Aquí, al menos, los sentimientos obedecen.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play