Cindy, una chica alegre. Quien nunca duda en ayudar a nadie. Llega una carta dirigida a sus padres. Sin saber el porqué de ella. Los reúne y lee la carta. descubriendo que se trata de una propuesta de matrimonio. Decide omitir una cosa y esa es. La Posdata. Ya que ahí
Había una palabra. La cual decía así. La Comeré. Decida a no correr ese riesgo. Esconde la carta y Escapa. Creando así. Una enorme confusión. Tanto con quien la pretenden. Como con quienes ira conociendo en su camino.
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Capítulo XIII
—¿el restaurante del jefe?
—sí. Este restaurante es de mi jefe.
—¿tu jefe? ¿A qué te refieres con jefe?
—mi jefe, él me contrato esta mañana.
—¿Eh? ¿Contratar? Espera, ¿qué hiciste durante el día?
—bueno, salí a buscar desayuno. Pero ya no había en ningún lado. Así que seguí buscando. Luego unos tipos empezaron a seguirme y no podía quitármelos de encima. Así que camine lo más rápido que pude y llegue hasta aquí. El jefe me ayudo a alejar a esos tipos y como forma de agradecimiento le pedí que me permitiera trabajar aquí y él aceptó.
—¡Eh...! Eso sí que no me lo esperaba. ¿Y luego?
—dijo que me atendería la próxima vez que venga.
—¿en serio?
—¡sí!
—Hu, ya veo. ¿Y dónde está ese tipo?
—ah... ¡Ahí! —el jefe hablaba con unos comensales.
—¿ese?
—sí. —camino hacia él. —jefe, qué gusto verlo.
—espero que lo disfruten. Ah, eres tú. ¿Cómo estás? ¿Vienes a cenar?
—sí. Vengo con una amiga.
—¿Eh? —Victoria le lanzó una mirada aterradora. —ah, ya veo. Muy bien, ¿ya tienen mesa?
—no lo sé.
—entiendo, muy bien, ¡oye! —llamo al capitán.
—sí.
—llévala a ella y su acompañante a nuestra mejor mesa.
—enseguida.
—espero que tengas una buena velada.
—¡gracias!
—de nada.
—por aquí señorita.
—¡oye! ¡Nos van a sentar en nuestra mesa! ¡Ven!
—ahora voy.
Victoria caminó hasta la mesa. Tenía unos asientos más cómodos. Un decorado único y solo rodeado por... Nadie. Era una mesa apartada de las demás. Era exclusiva para parejas. Suspiro profundo y sonrió. Cindy veía todo el panorama y le parecía muy bonito el decorado aunque, sentía un poco tristeza al ser las únicas ahí. Quería ver la alegría de la gente al comer la comida. Un poco raro para ser ella. Que apenas conocía por primera vez un lugar así. Pero le pareció muy divertido y lindo ver sus expresiones. Sonrió y miro el menú. Esperando que fuera una buena noche.
El camarero llegó. Se presentó y dijo que sería su camarero personal. Durante la cena. Ambas ordenaron lo mismo. Claro. Que Victoria dejo a Cindy elegir primero. Y con base enen eso. Pedir lo mismo. Unos minutos después. Llego la comida. Era una delicia. Que Cindy no podía creer comer algo así y más disfrutarlo como si no hubiera algo mejor. Ella sabía que algo así. Sería muy difícil de comer todo el tiempo. Así que, disfrutarlo es lo mejor que podía hacer. Cosa que para Victoria. Era algo único que solo ella podía ver. Y su sonrisa lo decía muy claro. Aunque las palabras. Tampoco faltaron.
—me encanta verte comer.
—¿Eh?
—me alegra mucho que la comida sea de tu agrado.
-ah. —se tragó la comida. —sí. Sabe muy buena. ¿Puedo llevar un poco? Quisiera poder comer esto mañana. ¿Se puede?
—claro, lo que tú quieras. —toco una campanilla.
-sí. —el camarero apareció a su lado.
—¿puede traerme otro plato para llevar?
—enseguida. Permiso.
—gracias.
—¡ah! ¡Gracias! Eres genial Victoria.
—gracias. Solo hago lo que me es posible. Termina tu comida. —el plato estaba casi vacío. —o eso debería ser para mi. —Su plato estaba más lleno.
—sí. Ja, ja, ja.
Siguieron cenando, sin decir una sola palabra, victoria intentaba decir algo, pero las palabras no salían. Quería solo hablar. No sabía de qué. Y si se le ocurría algo. Sería. Alguna tontería que no. Debía decir. Aun así. Las palabras las pensaba hasta qué...
—Me gusta tu vestido.
—gracias. Es la tercera vez que me lo dices.
—sí. Lo sé. Pero me gusta. Te ves preciosa con el. —su mirada era seductora.
—gracias. Me pareció un poco. No sé. Algo que no iba conmigo. Pero, al final. Me pareció muy bonito y me gusta. —sin saber leer el ambiente.
—ah, ya veo. —viendo hacia otro lado y suspirando fuerte. —voy al baño. Vuelvo enseguida.
—claro. ¿Qué le pasa?
—aquí tienen lo que ordenó señoríta.
—¡ah! mi comida. Gracias.
—claro, ¿necesita algo más?
—no, creo que no. Mi acompañante fue al baño. Así que no se si ella si querrá algo.
—entiendo. Puede hacer sonar la campanilla si requiere algo más.
—¡claro! -empezó a tarearar.
—ya volví.
—¡qué bien! Dijo el camarero que si querías algo. Que hicieras sonar la Campanita, para llamarlo. —sonrió.
—sí. Gracias. Pensaré en algo. ¿Por qué no leyó el ambiente? ¿Acaso es una tonta que no puede ver mis intenciones? Dijo que me amaba y no parece para nada demostrarlo. —hablando en su mente.
—Ah, estuvo deliciosa la comida. No creí que pudiera disfrutar algo como esto. Y mañana podre volver a comerlo. Eso me alegra mucho. Espero que alcance para las dos.
—¿quieres compartir conmigo?
—claro, somos compañeras vivimos en el mismo lugar. Nos llevamos bien. Te considero como una hermana.
—¿qué? —se levantó de la mesa. ¿Qué fue lo que dijiste?
—qué te considero una hermana.
—¿en serio? —su mirada era sería.
—sí. ¿No es así como tú me ves a mí?
—¿qué yo te veo así?
—sí.
—… —¿así que yo soy como una hermana para ti?
—así es.
—ella malinterpretó todo lo que he hecho. ¿Cómo no me he dado, cuenta? Ahora tengo que hacerla cambiar de parecer. Sí. Ella solo malentendió todo. Pero sí... No, todavía no. Ella no está segura de lo que siente por como he actuado. Bien. Es momento de darlo todo. Y en unas semanas tendremos nuestro primer beso. —hablando en su mente y mientras se ponía roja como un tomate.
—Oye... ¿Estás bien?
—¿Eh? Ah, sí. Estoy bien. Solo creo que tengo un poco de calor. Voy al baño. Ahora vuelvo.
—está bien. —ve a victoria ir rápido hacia el baño y casi chocar con un camarero. —¿qué le está pasando? Bueno, eso lo descubriré después. Pero... ¿Cómo estarán papá y mamá? Los extraño mucho.
(con los padres)
—¿me ven? —hablando Max por video llamada.
—¿qué? ¿Qué vemos? No miro nada. Solo miro tu cara. —hablo él papá.
—eso es lo que quiero. Que puedan ver mi rostro por medio de esto. Esta es la función de videollamada. ¿Entiendes papá?
—no entiendo nada. ¿Dónde estás? Solo miro tu cara?
—no tengas miedo. Tú tampoco mamá. Esto algo que existe desde hace un tiempo. Es muy funcional y práctico.
—¿dónde estás? Ya me está dando miedo solo ver tu cara. —hablo la mamá.
—¡Aquí estoy! —apareció detrás de ellos.
—¡AAA! -gritó la mamá.
—tranquila, tranquila. Soy yo, Max. Solo estuve en los alrededores. Probando la función de videollamada.
—¡niño más...! ¡Casi se meró paraba el corazón! Ten más cuidado.
—sí. Lo siento. Lo tendré. Y nuevamente, gracias por dejarme quedarme y ver como podemos encontrar pronto a Cindy. Ah, Cindy, ¿Dónde estarás amor mío?
(con Cindy)
—¡Achís! —caminando Ya fuera del restaurante. —Creo que empieza a hacer frío. —se limpia la nariz. —¡oye victoria! ¡Me prestas tu suéter! —caminado a unos metros de ella.