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SU MAJESTAD, ESTE NO ES SU SIGLO, PERO TIENE MI CORAZÓN

SU MAJESTAD, ESTE NO ES SU SIGLO, PERO TIENE MI CORAZÓN

Status: Terminada
Genre:Viaje En El Tiempo / Magia / Completas
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: RENE TELLO

Hace tres siglos, la joven reina Isolda fue traicionada la noche antes de firmar un tratado que habría salvado su reino.
En su última hora, una mujer misteriosa le prometió: “Tendrás otra oportunidad, pero no en este tiempo.”
En el 2025, Tomás Vidal, es un arquitecto urbano y orgulloso escéptico de todo lo sobrenatural, encuentra en la restauración de un antiguo palacio europeo a una mujer desorientada, vestida como si acabara de salir de una pintura. Dice ser reina. No recuerda cómo llegó allí.
Entre intentos por adaptarse a un mundo sin carruajes, sin criadas y con “pantallas mágicas”, Isolda se convierte en un fenómeno viral.
Tomás intenta protegerla de la prensa y de sí misma, pero acaba descubriendo que lo imposible tiene su propia lógica y que está empezando a enamorarse de alguien que, literalmente, no pertenece a su tiempo.
Mientras tanto, los fragmentos de la traición que la condenó comienzan a resurgir.
¿Sobrevivirán al pasado o al presente?

HISTORIA DE 25 CAPÍTULOS. GRACIA

NovelToon tiene autorización de RENE TELLO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 13

El sol caía sobre el castillo en restauración como una caricia tibia.

Isolda llevaba un sombrero prestado —demasiado grande para su cabeza, pero útil para “proteger su realeza del polvo”— y observaba a los obreros con una mezcla de curiosidad y autoridad.

—Ese muro —dijo señalando—, no debe tocarse hasta que terminen el contrafuerte.

El capataz la miró confundido.

—¿Y usted cómo sabe eso, señora?

—Porque lo construí yo —respondió sin dudar, y siguió caminando.

Tomás, que estaba revisando los planos unos metros más allá, soltó una risa baja.

—Voy a tener que ponerte en nómina.

—Con tal de que me pagues en chocolate —replicó ella, agachándose junto a él—, acepto el cargo.

Él levantó la vista. Tenía una mancha de polvo en la mejilla, y el cabello revuelto por el viento.

—No sabes cuánto ayudaría tener a alguien así de… autoritaria en las reuniones.

—¿Reuniones? —preguntó, entornando los ojos—. ¿Esas congregaciones donde todos hablan y nadie obedece?

—Exacto.

—Ah, entonces sí: podrías usar una reina.

Tomás fingió tomar nota en el aire.

—Reina adjunta de restauraciones.

—Con derecho a veto y trono.

—Trono lo dudo, pero tengo una silla plegable.

—Negociemos, arquitecto —dijo ella, alzando el mentón con gesto teatral.

Los obreros los observaban divertidos. Desde que Isolda había empezado a visitar el castillo, el ambiente era otro. Todos la saludaban, algunos le pedían fotos, otros simplemente le abrían paso como si realmente fuera de sangre azul.

Esa tarde, mientras Tomás revisaba presupuestos, ella hojeaba una revista que hablaba de su última sesión fotográfica.

—Dicen que tengo una mirada “atemporal” —leyó en voz alta—. ¿Qué significa eso?

—Que pareces saber más de lo que deberías —contestó él, sin levantar la vista.

—¿Y tú crees eso?

—Creo que a veces me olvido en qué siglo nací cuando te miro.

Ella sonrió, satisfecha.

—Me gusta cuando hablas como poeta y no como ingeniero.

Él se apoyó contra el escritorio.

—¿Y tú? ¿Siempre fuiste así de difícil de olvidar?

—No lo sé —dijo con sinceridad—. Pero he sido difícil de reemplazar.

El silencio que siguió fue suave, denso de cosas no dichas.

Tomás alargó la mano, solo para rozar la suya, y el mundo pareció quedarse quieto por un instante.

Más tarde, caminaban entre los corredores semidestruidos. Ella se detuvo frente a un muro donde aún se distinguían restos del escudo de Idolen: un halcón con las alas abiertas.

—El símbolo de mi casa —susurró.

—¿La tuya? —preguntó él, fingiendo sorpresa.

—La de mi supuesta antepasada, claro. —Sonrió de lado—. Aunque hay algo curioso.

—¿Qué cosa?

—Nunca dejó herederos. Al menos, no que yo recuerde.

Tomás arqueó una ceja.

—¿Recuerdes?

—Sí. Es extraño, ¿no? Si realmente fue traicionada, alguien debió continuar su linaje.

—Quizá alguien sobrevivió.

—O alguien nació después. —Su voz bajó un tono, pensativa—. A veces el tiempo se empeña en corregir sus propios errores.

Él la observó con una mezcla de ternura y asombro.

—Tú hablas del tiempo como si fuera una persona.

—Tal vez lo sea —replicó ella—. Caprichosa, pero con sentido del humor.

Ambos rieron, aunque en su sonrisa había algo más que diversión: una intuición compartida, un eco invisible.

Al caer la noche, se quedaron frente al castillo iluminado por focos de obra.

Tomás desplegó un nuevo plano sobre el capó de su camioneta.

—Mira esto. Cuando terminen las reparaciones, este salón volverá a tener su estructura original.

—Será hermoso —dijo Isolda, mirando las líneas—. Cada piedra que colocas parece devolverle el aliento a este lugar.

—Y tú eres la única capaz de hacerlo volver a vivir.

Ella lo miró, sonriendo con dulzura.

—No me agradezcas aún. Tal vez el tiempo solo nos está prestando un respiro.

Él no contestó. Le apartó un mechón de cabello del rostro y, por un momento, pensó en besarla otra vez.

Pero ella dio un paso atrás, con una sonrisa traviesa.

—Paciencia, arquitecto. Los cimientos primero, el techo después.

Tomás rió.

—Lo dices como si hablaras de castillos o de corazones.

—En ambos casos, se derrumban si se corre demasiado.

Esa noche, mientras Tomás revisaba planos en el sofá, Isolda seguía en el balcón.

El viento movía apenas las cortinas, y la ciudad brillaba abajo, con ese resplandor inhumano que a ella todavía le parecía un milagro.

—¿No tienes frío? —preguntó él, apoyándose en el marco de la puerta.

—No —dijo, sin girarse—. Este siglo arde. Todo resplandece, todo corre… nadie se detiene.

—Eso se llama electricidad —bromeó él.

—No. Eso se llama prisa —replicó, y sonrió apenas.

Tomás se acercó despacio.

—Algunos de nosotros intentamos ir más lento.

—¿Tú? —preguntó, girando por fin.

—Solo cuando algo vale la pena.

Ella lo miró, con esa mezcla de sorpresa y ternura que siempre lo dejaba sin palabras.

—¿Y ahora?

—Ahora sí —dijo él.

Hubo un silencio leve, pero lleno de electricidad.

—Si sigues mirándome así, Tomás, el tiempo se va a confundir.

—Que se confunda —respondió—. No me importa en qué siglo estemos, mientras estés ahí.

Ella soltó una risa breve, nerviosa.

—Eres un hombre extraño.

—Eso también lo decían de mí en la universidad.

Ella negó, divertida.

—Gracias por dejarme quedarme aquí.

—No te dejé —respondió él con suavidad—. Me quedé contigo.

Y en ese instante, Isolda comprendió que el futuro no era un castigo… sino una segunda oportunidad.

Una oportunidad que, sin proponérselo, ya estaba aceptando.

Antes de entrar al dormitorio, se volvió y lo miró de nuevo.

—¿Tú crees en las segundas oportunidades, Tomás?

—Depende —dijo él—. ¿De quién las pida?

—De quien esté aprendiendo a quedarse.

Ella cerró la puerta, y en el reflejo de la ventana, el brillo de la ciudad parecía inclinarse en una reverencia silenciosa.

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Lupita Espinoza Castro
Rara historia, interesante, gracias escritora
RENE: Gracias ☺️
total 1 replies
Thibizay Garcia
Excelente
RENE: Gracias ☺️
total 1 replies
Thibizay Garcia
Me ha encantado leerte y mucho /Proud//Proud//Proud/
Ana Elena Jiménez
felicitaciones @RENE muy linda la historia 👏👏👏
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja
Ana Elena Jiménez
super fascinante 🫶
Ana Elena Jiménez
muy linda la historia,
Ana Elena Jiménez
cuanto misterio 🫢
MANATE
😘💯
RENE: Gracias ☺️
total 1 replies
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja con isolda es para morirse de la risa definitivamente 🫢
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja isolda totalmente atropellada por la tecnología
Ana Elena Jiménez
eso sí es cierto
Ana Elena Jiménez
amo esta historia,es espectacular 🫶
Ana Elena Jiménez
está historia es espectacular muchas gracias René Tello por continuarla 🫶🫶🫶
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
este par son todos un personaje 🫶🫶🫶
Ana Elena Jiménez
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja ya no puedo más con isolda
Ana Elena Jiménez
me encanta este amor 😍😍
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