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Obligada A Amarte

Obligada A Amarte

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Mujeriego enamorado / Posesivo / Atracción entre enemigos / Arrogante / Amor-odio / Completas
Popularitas:83k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Crisbella

Siempre pensé que mi destino lo elegiría yo. Desde que era niña había sido un espíritu libre con sueños y anhelos que marcaban mi futuro, hasta el día que conocí a Marcelo Villavicencio y mi vida dio un giro de ciento ochenta grados.
Él era el peligro envuelto en deseo, la tentación que sabía que me destruiría, y el misterio más grande: ¿Por qué me había elegido a ella, la única mujer que no estaba dispuesta a rendirse? Ahora, mí única batalla era impedir que esa obligación impuesta se convirtiera en un amor real.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo XIII Un acercamiento forzado

Punto de vista de Marcelo

Era la primera vez que una mujer me golpeaba en la cara. El odio en sus ojos era genuino. —¿Qué tanto había pasado en casa de los Vega para que ella se mostrara tan fría? — murmuré. El ardor en mi mejilla era un recordatorio físico de mi derrota.

Me senté en el sillón de la sala con un vaso de whisky en una mano y un cigarrillo en la otra. Empecé a tomar y fumar sin pensar en el daño que le estaba haciendo a mi propio cuerpo. Después de una hora de estar en esa situación, me empezó a doler el estómago, haciéndome recordar mi úlcera estomacal. Lo que estaba haciendo era casi igual a irme quitando la vida poco a poco. Dejé de lado el vaso y apagué la colilla del cigarrillo, recordando que tampoco había almorzado y que seguramente eso me pasaría factura pronto.

Me puse de pie, dirigiéndome a la cocina. Saqué la carne del congelador y empecé a preparar una comida sencilla para Diana y para mí. Sin embargo, el dolor en mi estómago se hacía cada vez más fuerte, impidiendo que me moviera con agilidad. Esto había sido la consecuencia de llevar una vida desenfrenada en mi juventud.

Pasaron dos horas y finalmente Diana bajó las escaleras. Lucía un conjunto bastante cómodo; el blanco la hacía parecer un hermoso ángel, a pesar de su actitud de demonio. Obviamente, había enviado a comprar lo que ella necesitaría el tiempo que estuviéramos en esta isla; tampoco era un ser insensible.

La tensión entre los dos era palpable. Sus ojos estaban rojos, seguramente había estado llorando y nuevamente ese sentimiento de miserable volvió a invadirme.

—Ya casi está el almuerzo —dije en un tono frío, concentrado en no mostrar mi dolor.

—No es necesario que cocines para mí, yo puedo hacerlo sola —respondió de mala forma.

—Igual ya estoy terminando. Tú verás si comes o no.

De pronto, el dolor se hizo más agudo, obligándome a doblar mi cuerpo y apoyar mis manos en la encimera.

—¿Qué tienes? —preguntó confundida, acercándose en un paso.

—Nada que te importe —respondí de manera grosera. Mi orgullo era más fuerte que la necesidad de ayuda.

—Eso me pasa por preguntar —comentó, alejándose de la cocina.

Sin previo aviso, un dolor aún más fuerte, punzante, me hizo soltar la herramienta de cocina que tenía en las manos. Esta vez, Diana corrió a mi lado, y aunque intenté alejarla, ella adoptó una actitud determinada.

—Deja las niñerías y vamos para que te recuestes —me regañó como si fuera un niño pequeño, obligándome a ir hasta la sala. Era una orden, no una petición. Luego, suspiró, irritada, mirando los restos del licor y el cenicero—. Claro, ¿cómo no te vas a sentir mal si estuviste bebiendo y fumando, y de paso, sin alimentos?

Su mano, sorprendentemente suave y firme, me buscó el bolsillo. Sacó uno de los frascos de pastillas que llevaba en mi traje de la boda, el que no me había quitado desde que llegamos. Su determinación para cuidarme, a pesar de su odio, era el primer signo de la mujer de principios firmes que había visto en ella. El dolor era insoportable, pero el acto de cuidado de mi enemiga me había paralizado más que el ardor en mi estómago.

—Sabes muy bien que no puedes hacer esos abusos, las úlceras no son cosas de juego —continuaba regañándome mientras buscaba agua para mí.

—Es mi asunto, yo veré cómo lo manejo —no estaba dispuesto a verme débil ante nadie.

—Bueno, como digas. Mientras dejas de hacer berrinches voy a servir el almuerzo —dijo, ignorando mi actitud y dirigiéndose a la cocina.

—Solo comeré si tú me acompañas —quería manipular la situación a mi favor.

—No tengo hambre —era más terca que yo.

—Entonces me rehusó a probar bocado. Si no me acompañas yo tampoco tengo.

Había visto preocupación genuina en los ojos de Diana, demostrándome que aquella joven que lloraba en la calle, y que yo había intentado proteger, aún estaba ahí dentro. Solo tenía que buscar la forma de hacerla salir de nuevo.

—Está bien, pero no creas que lo hago por ti.

Sonreí al escuchar que aceptaba. Ella fue a la cocina, sirvió nuestros alimentos para después sentarnos a compartir nuestra primera comida como esposos.

—Nunca imaginé que un hombre tan ocupado como tú supiera cocinar —rompió el silencio con aquel comentario, aunque no sabía si era positivo o negativo.

—Me tocó aprender cuando abandoné la casa familiar. Fue una época muy difícil —fui sincero, bajando la guardia.

—Imagino que estar solo sin tus padres para que te cuidaran debió ser duro —sus palabras estaban cargadas de una ironía que rozaba la burla.

—Aunque no lo creas, mi vida no ha sido nada fácil. Mis padres se separaron hace algunos años a causa de un mal hombre que se entrometió en nuestras vidas. Pero no hablemos de esas cosas. Mejor dime qué quieres hacer al terminar de almorzar —no quería arruinar el momento contándole cómo mi padre se enredó con mi madre, y cómo ella, al abandonarnos, me dejó solo a merced de su cinismo.

—Pensé quedarme leyendo un libro, aunque me gustaría hablar con mi amiga Irene —me sorprendió con lo del libro, pensé que querría ir a ver los alrededores.

—¿Un libro? ¿No sería mejor salir a caminar?

—No, por hoy solo quiero descansar. Ya mañana iré a recorrer el lugar.

Había una pizca de pesar en sus palabras; ella se me estaba convirtiendo en una persona difícil de entender.

—En la biblioteca hay muchos ejemplares y desde ahí puedes llamar a tu amiga. Solo recuerda nuestro acuerdo.

—No tienes que recordármelo, sé que no debo decir nada.

Continuamos con el almuerzo. Una vez terminamos, ella se levantó, recogió los platos y limpió la cocina, un acto que me sorprendió por su sencillez. Yo me fui a la habitación; necesitaba una ducha y descansar un poco después del episodio que tuve con mi úlcera.

Me quedé dormido tan pronto toqué la suavidad de la cama, y para cuando desperté, la noche había llegado. Un silencio profundo reinaba en la casa. Me levanté lentamente, buscando a Diana. La encontré en el balcón, mirando la luna sobre el mar. El aire salado me llenó los pulmones. Era nuestra primera noche en el paraíso, y yo estaba tan lejos de ella como en la sala de la casa Vega.

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Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que hermosa novela, cada vez me sorprendes más, muchas felicidades escritora y gracias por compartirla 👏👏👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que bueno, era hora de que empiecen a pagar todas sus fechorías 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Viejo desgraciado, padre no es el que engendra sino el que cría, pero tu lo hiciste bastante mal, no supiste criar a ninguna, ella era solo una niña
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que buena jugada de ellos, me imagine la cara de Luis, eso es solo el principio de lo que te toca pagar jaja 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Viejo desgraciado infeliz, ojalá y lo hagan pagar por todo el daño causado 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Esta familia esta metida hasta las masas en todo lo sucedido con Diana y su madre, gente mas desgraciada
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que buena, Diana al fin dejo de ser sumisa y se está convirtiendo en una mujer de gran carácter
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Cuidado que los siguen, espeto esta ves se den cuenta
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay pobre Diana, al fin le contó
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Las dudas de ella son razonables, cuéntale hombre si no la perderás
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Cuéntale hombre, ella lo entenderá, después no te querrá si le sigues ocultando cosas
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Viejo infeliz como tan miserable, lo que hacen por dinero 😱🤔👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay Marcelo cuéntale si no ella se enojara después
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Esos son unos desgraciados infelices, unas verdaderas ratas
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Pero listo guardias son más pajarones
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que les pase nada no mas, por favor escritora 🤔👏👏👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay Diana cuídate de la la zorra de tu hermanastra ella es tan mala como tu supuesta familia
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Así debe ser siempre, poner a las zorras en su lugar
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Bonito capitulo 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
De quien sera hija Diana, esa mi inquietud, porque por algo se odian estas familias
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