Él es Leonardo "Leo" Santamaría, hijo de uno de los dueños del hospital más prestigioso del país. Un médico brillante, pero arrogante y mujeriego. Es conocido por sus noches de fiesta, su actitud despreocupada y su fama de ser un profesor insoportable. Para él, la vida es un juego en el que nunca ha tenido que luchar por nada… hasta que la conoce a ella.
Ella es Isabela "Isa" Moreno, una estudiante de medicina determinada a convertirse en doctora para asegurar un futuro para su hijo. A sus 24 años, ha aprendido a ser fuerte, a sobrevivir sin ayuda y a mantener su vida privada en secreto. La última persona con la que querría cruzarse es con un profesor prepotente como Leo, pero el destino tiene otros planes.
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capítulo 13
La ambulancia se detuvo frente al Hospital Mayo Clinic y Leo rápidamente bajó con la niña en brazos. Los médicos y enfermeras del hospital se apresuraron a recibirlos y llevaron a la niña a la sala de emergencias.
Leo se quedó fuera de la sala, esperando ansiosamente a que los médicos le dieran noticias sobre el estado de la niña. Después de lo que pareció una eternidad, un médico salió de la sala y se acercó a él.
"¿Cómo está?", preguntó Leo con ansiedad.
"Está estable", respondió el médico. "La incisión que usted hizo en la ambulancia fue crucial para salvarle la vida. Sin embargo, todavía tiene un largo camino por recorrer. Necesita cirugía para reparar el daño en su pulmón y costillas."
Leo asintió, aliviado de que la niña estuviera fuera de peligro. "¿Puedo verla?", preguntó.
El médico asintió. "Sí, por supuesto. Pero por favor, sea breve. Necesita descansar."
Leo entró en la sala y se acercó a la cama de la niña. Ella estaba conectada a varios monitores y tenía un tubo en su nariz. Leo se sintió un golpe en el corazón al verla así.
"Lo siento", susurró Leo, tomando su mano. "Lo siento mucho."
La niña abrió los ojos y lo miró débilmente. "Gracias", susurró. "Gracias por salvarme la vida."
Leo sonrió y apretó su mano. "No hay de qué", dijo. "Eres una niña muy valiente."
En ese momento, la madre de la niña entró en la sala, llorando. "¿Mi hija?", preguntó, corriendo hacia la cama.
Leo se apartó y dejó que la madre se reuniera con su hija.
Isabela Moreno
Me puse mi uniforme de médica y comencé mi recorrido por el hospital, acompañada de mis nuevos residentes. Estábamos haciendo la ronda matutina, revisando a los pacientes y actualizando sus planes de tratamiento.
"¿Qué tenemos en la sala 3?", pregunté a uno de los residentes, revisando la lista de pacientes.
"Un paciente con insuficiencia renal", respondió el residente. "Está esperando un trasplante."
Asentí, tomando nota. "¿Y en la sala 5?"
"Una paciente con una fractura de fémur", respondió otro residente. "Está esperando cirugía."
Seg0uimos haciendo la ronda, revisando a los pacientes y discutiendo sus casos. De repente, el interfono sonó y una voz nos interrumpió.
"Doctora Isabela, tenemos una emergencia en la sala de emergencias", dijo la voz. "Una niña de 10 años con un hemotórax y dos costillas rotas."
Me detuve y me volví hacia mis residentes. "Vamos", dije. "Tenemos una emergencia."
Me dirigí rápidamente hacia la sala de emergencias, acompañada de mis residentes. Al llegar, vi a la niña tendida en la camilla, con varios monitores y tubos conectados a su cuerpo.
El doctor Leo estaba a su lado, revisando los monitores y hablando con los enfermeros. Me acerqué a él y le pregunté:
"¿Qué tenemos aquí?"
"Una niña de 10 años con un hemotórax y dos costillas rotas", respondió.
Asentí, revisando los informes médicos.
Me acerqué a la niña y comencé a evaluarla. Revisé los monitores y los tubos que la conectaban a los equipos de vida. Me impresionó la rapidez y la eficacia con que los paramédicos habían actuado.
"Buen trabajo", dije, dirigiéndome al médico de emergencia. "Los paramédicos hicieron un excelente trabajo al ponerle el tubo en el costado derecho."
El médico de emergencia asintió, pero luego agregó: "Sin embargo, me sorprendió que los paramédicos me dijeran que no fueron ellos quienes le pusieron el tubo."
Me sorprendí. "¿Qué quieres decir?", pregunté.
"Quiero decir que los paramédicos me dijeron que un hombre la auxilió y le puso el tubo", explicó el médico de emergencia. "Pero cuando quise agradecerle, ya se había ido."
Me sentí intrigada. "¿El hombre aún está en el hospital?", pregunté.
El médico de emergencia negó con la cabeza. "No, ya se fue. Pero me dijo que era un médico."
Mi corazón comenzó a latir más rápido. ¿Un médico que había auxiliado a la niña y luego se había ido sin esperar agradecimientos?.
"¿Sabes cómo se llama?", pregunté, intentando mantener la calma.
El médico de emergencia negó con la cabeza. "No, no lo sé. Pero me dijo que era un médico que había estado en la escena del accidente."
Mi mente comenzó a girar. ¿ Quién será ese hombre?
Asentí, revisando los informes médicos. "Necesita cirugía lo antes posible", dije. "Prepárenla para el quirófano."
Los enfermeros se apresuraron a preparar a la niña para la cirugía, mientras yo revisaba los informes médicos y hablaba con mis residentes sobre el plan de tratamiento.
"¿Quién de ustedes quiere asistirme en la cirugía?", pregunté a mis residentes.
Dos de ellos se ofrecieron voluntariamente, y les asigné tareas específicas para que realizaran durante la cirugía.
Con todo listo, nos dirigimos al quirófano para realizar la cirugía y salvar la vida de la niña.
Estimada escritora, ojo con los cambios de nombres y apellidos.