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SIEMPRE FUISTE TÚ

SIEMPRE FUISTE TÚ

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / La Vida Después del Adiós / Romance / Venganza / Autosuperación / Mujer despreciada / Venganza de la protagonista / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:111.4k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Paoo

La vida de Alina Levine se ve arruinada cuando es llevada a prisión acusada de un crimen que no cometió. Gracias a eso pierde a sus amigos y al amor de su vida: Christian Walton.

Años más tarde, Alina sale de prisión y está dispuesta a luchar por demostrar su inocencia ante las personas que la acusaron años atrás.

No obstante, siendo acusada injustamente, encerrada, sin la posibilidad de defenderse, ¿podría aquella nueva oportunidad ser suficiente para limpiar su nombre?

NovelToon tiene autorización de Paoo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 12.

CAPITULO 12. 

Algunos días después, Joseph y Alina no insistieron más con Richard, por ahora, más bien querían que el hombre sienta miedo y cuando menos se lo espere, volverían al acecho.

Las cosas en el restaurante marchaban de maravilla, Christian y sus amigos ya no regresaron por allí y Ali no volvió a cruzarlo, por suerte para ella.

Era sábado por la noche, así que cerraron el restaurante un poco más tarde de lo normal. Ali se dirigió a su apartamento, sola esta vez, ya que Joseph debió irse más temprano por un asunto personal. Si bien no le dijo sobre que se trataba, ella decidió que luego le escribiría para preguntarle.

Mientras subía por el ascensor del edificio, un nudo se formó en su estómago. «Asunto personal». La ambigüedad era molesta. Recordó la mención casual que Joseph había hecho de Carol, y luego el sarcasmo sobre las mujeres que lo perseguían. Se reprendió mentalmente. ¿Qué más le daba? Joseph era libre, y ella no tenía derecho a cuestionarlo. Pero la idea de que ese "asunto personal" implicara a otra mujer ocupando su tiempo y su atención le dejó un sabor amargo. Se obligó a concentrarse en la llave de su puerta, decidiendo que, de todas formas, preguntaría, solo por simple curiosidad, claro.

Al salir del ascensor, vio que había una persona sentada junto a la puerta de su apartamento. Eso le sorprendió mucho. Se acercó lentamente y la sorpresa fue aún más grande cuando se dio cuenta de quién se trataba.

—¿Christian? —preguntó ella, sorprendida.

—Ali. —Exclamó él, elevando la vista. Parecía estar ¿borracho?

—¿Estás ebrio? —preguntó ella.

—Algo. —Respondió él, sonriendo de lado.

Alina suspiró, sintiendo el peso de la situación caer sobre sus hombros ya agotados. Puso las llaves en la puerta para abrirla y luego ayudó a Christian a ponerse de pie para ingresar a la casa. El contacto físico, al rodear su cintura con el brazo para sostenerlo, fue incómodo. Era un cuerpo familiar, pero ahora cargado de historia y resentimiento. No quedaba rastro del amor, solo una pesada obligación del pasado.

—Ven, te llevaré hasta el sillón. —Exclamó ella, llevándolo casi a rastras.

—¿Recuerdas cuando venía por las noches y entrabamos en silencio para que tus padres no nos descubrieran? —Su voz, arrastrada por el alcohol, se había vuelto vulnerable, casi suplicante.

Alina se quedó recordando aquello. Una imagen fugaz de risas contenidas y besos robados la asaltó, cálida y dolorosa a la vez. El contraste con el presente la golpeó con fuerza. Lo recordaba bien. Pero decidió ignorarlo. No, no iba a permitir que la manipulación emocional o la nostalgia borracha la hicieran ceder.

—Te traeré un café. —exclamó ella, alejándose bruscamente del sillón para crear distancia física y mental.

Alina se dirigió a la cocina y preparo una taza de café negro para que a Christian se le pase un poco la borrachera. Después, se sentó frente a él y se lo entregó.

Christian bebió un sorbo. La cabeza le dolía demasiado. Se había pasado de tragos y lo sabía bien. No sabía cómo fue a parar a la casa de su exnovia. Aunque recordaba exactamente el porqué de su estado: su compromiso con Miranda. Un compromiso que le pesaba cada día más y que, a pesar de quererla mucho, no se sentía cómodo.

¿Cómo había llegado a esto?, frente a él estaba la mujer que más amo en su vida. El amor de su vida, la mujer con la que compartía sus planes, sus sueños, sus proyectos. Sus ganas de casarse y formar una familia. Con quien deseaba tener hijos. Ella estaba ahí, frente a él, esperando a que él diga una sola palabra del porqué estaba ahí, sentado en su sillón y encima ebrio.

La verdad era esa, no había otra. Le pesaba su compromiso con Miranda. En apenas un mes sería su esposo y a pesar de pasarla bien con ella, había algo que le pesaba. Se sentía ahogado y sabía que la razón tiene nombre y apellido: Alina Levine.

—¿Me dirás por qué estabas esperándome, Christian?

—Puedo decirte mil cosas y nada a la vez. —exclamó él. —No lo sé, Ali. Quería hablar contigo.

—¿Sobre qué?

—Mira… no sé qué me pasa —exclamó, poniéndose de pie y llevándose las manos al cabello. —Siento que me ahogo. Mi compromiso con Miranda me sofoca. Todo el mundo me felicita, me sonríe, pero yo… no puedo respirar.

—Entiendo. —exclamó ella. —Solo que me sorprende que hayas venido hasta aquí.

—Lo sé. —susurro con media sonrisa triste. —Tal vez necesitaba verte para entender que demonios me esta pasando.

—Mira Chris. —Dijo ella. —Puedes quedarte aquí, si quieres. El sofá es grande. Pero no puedo aconsejarte. Lo siento. Esto es demasiado extraño para mí.

Él dio un paso hacia ella. Luego otro. Cada movimiento parecía guiado por una fuerza más fuerte que la razón.

—Ali. —exclamó él, acercándose. —Siento que… Esto se acabó muy rápido. No tuve tiempo de despedirme de ti, de nosotros. Teníamos tantos sueños, tantos proyectos que yo…

—Y pudimos cumplirlos, Chris. —Dijo ella, derramando algunas lágrimas. —Pudimos ser todo. Ser la pareja perfecta, tener hijos, casarnos. Yo te amaba, Chris. Te amaba de una forma que dolía.

—Pero mataste a mi hermana, Alina. —exclamó él. —Dime, ¿qué pensaría Sami si me casara con su asesina?

Las palabras cayeron como una daga. Un silencio denso llenó el aire.

—¡Yo no maté a Samantha!, Sam era mi mejor amiga. Pase siete años encerrada, Christian. No tienes idea por las cosas que tuve que pasar en la cárcel.

Christian negó, con el pecho agitado y los ojos empañados. No quería creerle… pero una parte de él, la más profunda, lo hacía. Y eso lo torturaba.

—Creo que… nos debemos una despedida. De alguna manera, nuestras almas no quieren soltarse y dejarnos ir el uno al otro.

Se acercó más, hasta quedar a un suspiro de ella. Alina tembló, pero no retrocedió.

—Christian, yo…

Sin embargo, Christian no la dejó terminar su frase. Pego sus labios a los de ella, besándola con intensidad, dejando que sus bocas se envuelvan en una danza lenta pero apasionada. En un beso que decía poco y mucho a la vez.

Las lágrimas de Alina se mezclaban con las de Christian. Él la tomó de la cintura, llevándola hacia el sofá, mientras seguía besándola. Pronto la ropa de ambos quedo esparcida por el suelo. El acto era cada vez más intenso. Pero como si cayera del cielo de repente y se diera duro contra la acera, Alina salió de su trance, empujando a Christian y sacándolo de encima de ella.

—No, esto está mal. —exclamó ella. —Esto no puede ser.

Christian, al igual que ella, como saliendo de su trance, se levantó rápidamente, tomo su ropa y salió del departamento, dejando a Alina sola con sus lágrimas y sus pensamientos.

Hace un tiempo ella estaba segura de cuánto amaba a Christian y de que siempre caerá redondita a sus pies. Pero ahora algo había cambiado en ella. Algo que descubrirá más pronto de lo que piensa.

Sintiéndose triste y deprimida, Alina se vistió, tomó un abrigo y salió de su apartamento a buscar a la única persona que podría consolarla en estos momentos. Desde que salió de la cárcel no había ido a su casa, pero supo que vivía en una linda, pero acogedora casa a unas diez cuadras del restaurante.

Alina tomó un taxi y le pidió al taxista que la deje en la dirección, que ella misma le fue diciendo. Al llegar, se quedó unos minutos parada fuera de la casa, la cual estaba a oscuras. Miro la hora en su teléfono, marcaba las tres de la mañana.

Decidió acercarse a la puerta y cuando estaba por golpear, decidió que mejor le escribiría un mensaje:

A: “Hola, ¿duermes?”

J: “Estaba en eso. ¿Paso algo?”

A: “Estoy afuera, ¿me abres?”.

Joseph no respondió su mensaje, pero minutos después, Alina escuchó ruidos dentro de la casa y pronto el chico abrió la puerta.

—¿Ali?, ¿qué ocurre? ¿Qué haces aquí a esta hora?

—¿Puedes hablar? — preguntó.

—Claro, pasa. —exclamó él.

—Lamento venir a esta hora, es que… La cagué.

—¿Qué ocurre, Ali? —preguntó él, preocupado, acompañando a Ali para sentarse junto a ella en el sofá.

—Christian fue a mi apartamento y él… yo… —tragó saliva, buscando valor— Nos besamos. —exclamó entre sollozos.

El mundo de Joseph se detuvo por un segundo. Sintió un ardor recorrerle el pecho, una punzada aguda, como si alguien le hubiera robado el aire de golpe. Intentó disimular, pero su mandíbula se tensó.

—Ay, Ali… —dijo finalmente, abrazándola con empatía, aunque su mente ardía de rabia. —¿Pasó algo más? —preguntó, intentando que su voz sonara serena.

—No. —respondió ella, negando con la cabeza. —Lo detuve. Yo… no sentía lo mismo que hace años. Además, él sigue creyendo que soy culpable de la muerte de Sam. ¿Cómo pude ser tan tonta de siquiera dejarlo entrar al apartamento?

Joseph bajó la mirada. Por dentro, una voz le gritaba que no tenía derecho a juzgarla, pero otra, más visceral, lo hacía hervir por dentro.

¿Cómo se atrevía Christian a acercarse de nuevo a ella? ¿A besarla, después de todo lo que le hizo?

Y lo peor era que Alina lo seguía defendiendo, buscando explicaciones, como si todavía una parte de ella lo amara. Eso lo descolocaba, lo hacía sentirse invisible.

—Ya, ya. —exclamó Joseph, calmándola. —Te han pasado demasiadas cosas en poco tiempo, estás confundida.

Alina se acurrucó en su pecho, buscando consuelo. Joseph la sostuvo, rígido al principio, luego más firme, más cerca.

Podía sentir el perfume de su cabello, el roce de su respiración contra su cuello. Y ese contacto, tan inocente, lo desarmaba por completo.

Ambos se quedaron abrazados en un silencio que decía más que cualquier palabra. Ninguno supo reconocer —o tal vez no quisieron hacerlo— las sensaciones que los invadían en ese momento tan simple, tan peligroso.

Joseph pensó que, si levantaba la cabeza apenas un poco, podría besarla. Que solo tendría que inclinarse y dejarse llevar. Pero no lo hizo. Borro ese pensamiento de la mente. ¿Qué le pasaba últimamente?

El momento era perfecto, pacifico. Hasta que fueron interrumpidos.

—¿Papá? —exclamó una voz chillona, que venía saliendo del cuarto de Joseph.

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Ana Mendez
me encantó, linda historia, bien por ti escritora Dios le bendiga su entrega y sabiduría...❤️❤️🫂
Bar_Rok
muy buena. tiene de todo. excelente
Ariana Cavallaro
Bien. hecho. Que paguen por sucios🤨
Ariana Cavallaro
No entiendo que coño es lo que él quiere. Que más que la declaración tan bonita que ella acaba de hacerle 🤔🤨😡
Ariana Cavallaro
Es u. poco hombre😡
Ariana Cavallaro
No me gustó esa actitud de él. Era el momento para que hablarán claro🤨. Ahora ella quedará embarazada 😡
Ariana Cavallaro
No debería ir a ningún compromiso. No porque le importe, si no para desligarse de una vez de ese pasado😏
Ariana Cavallaro
No seas boba, no permitas eso. Te lo dijo en tu cara, sigue creyendo que tú eres la asesina de su hermana🤨
Ariana Cavallaro
ay no, de verdad no puedo con ella🤨
Ariana Cavallaro
Basura, baboso, asqueroso 😡
Ariana Cavallaro
Gafas, con él ni a la esquina 😡
Fi.Fran.
😭😭😭😭😭😭😭 hay josept me hicieron 😭😭😭😭😭
Fi.Fran.
💕💖😘😍🥰
Fi.Fran.
que hermoso 💕😍😍🥰😘😍🥰😍😍🥰😍🥰. siempre la amo y la sigue amando
Ecodiseño
hermosa historia muchas felicidades escritora
Georgina Reyes Riquene
Excelente
Maria Rojas
una novela muy linda ne encantó que sigan los éxitos bendiciones 😊
Lucia Calderón
Excelente obra
Kay
exelente 😘
perla garcia garcia
Excelente
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