NovelToon NovelToon
Amor A Destiempo

Amor A Destiempo

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Época / Posesivo
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Ariane Blackrose

México, 1910.
Amalia De la Vega siempre creyó conocer el rumbo de su vida. Hija de una poderosa familia hacendada, creció entre privilegios, comodidades y un futuro que otros parecían haber decidido por ella.
Hasta que la Revolución llegó a su puerta.
Secuestrada para obligar a su padre a negociar, Amalia termina en manos de un grupo revolucionario liderado por un hombre al que todos llaman Sombra: frío, reservado y peligroso, con demasiados secretos detrás de sus ojos ámbar.
Ella debería odiarlo.
Él jamás debió acercarse demasiado.
Pero entre enfrentamientos, silencios y una atracción que ninguno estaba dispuesto a reconocer, algo comienza a cambiar.
Cuando Amalia finalmente recupera su libertad, descubre que otra prisión la espera: un matrimonio arreglado con Gustavo Conde, un hombre relacionado con un pasado que Sombra se niega a revelar.
Separados por dos mundos, mentiras y una guerra que amenaza con destruirlo todo, Amalia descubrirá que quizá nunca conoció realmente al hombre del

NovelToon tiene autorización de Ariane Blackrose para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12:El tiempo contado

A la mañana siguiente, Amalia descubrió que fingir normalidad requería bastante más esfuerzo del que estaba dispuesta a admitir.

Se había prometido no buscarlo.

No mirar hacia su carpa.

No preguntarse dónde estaba.

Y, sobre todo, no recordar aquellas tres palabras que Sombra le había dejado la noche anterior antes de marcharse.

No me arrepiento.

Por eso salió de su carpa con la cabeza alta, el cabello recogido y una expresión tan tranquila que, a su juicio, habría engañado a cualquiera.

El problema era que el campamento estaba lleno de gente con demasiado tiempo para mirar.

Y algunos miraban demasiado bien.

Amalia tomó una cubeta vacía y caminó hacia donde Mariel acomodaba unas telas recién lavadas.

—Dame eso —dijo.

Mariel levantó una ceja.

—Buenos días para ti también.

—Buenos días.

—Qué animada amaneciste.

—Estoy igual que siempre.

—Ajá.

Amalia fingió no escucharla.

A unos metros de allí, Sombra estaba con Rafael junto a dos caballos ensillados. Habían extendido un mapa sobre una caja de madera y discutían algo con otros hombres.

Sombra estaba exactamente como el día anterior.

Vestido de negro.

Sombrero puesto.

Serio.

Concentrado.

Comandante.

Amalia bajó la vista inmediatamente.

—¿Dónde pongo esto?

—Allá.

Mariel señaló unas cuerdas.

Amalia avanzó hacia ellas.

Y volvió a mirar.

Solo un segundo.

Sombra levantó la cabeza al mismo tiempo.

Sus ojos se encontraron.

Fue apenas un instante.

Pero ninguno apartó la mirada inmediatamente.

Sombra fue el primero en hacerlo.

Volvió al mapa.

Amalia también siguió caminando.

Como si nada.

 

Rafael llevaba varios minutos hablando cuando se dio cuenta de que Sombra no estaba escuchándolo.

—Entonces entramos por el norte.

—No.

—Por el sur.

—Tampoco.

Rafael entrecerró los ojos.

—¿Por el cielo?

Sombra levantó la vista.

—¿Qué?

Rafael sonrió.

—Eso pensé.

Sombra lo miró con fastidio.

—¿Qué quieres?

—Que me escuches.

—Te estoy escuchando.

—Claro.

Rafael siguió la dirección que habían tomado los ojos de su amigo momentos antes.

Amalia estaba al otro lado del campamento ayudando a Mariel.

La sonrisa de Rafael creció lentamente.

Sombra lo vio.

—Ni se te ocurra.

—Yo no he dicho nada.

—Te conozco.

—Y yo a ti.

Sombra dobló una esquina del mapa.

—Tenemos que mover dos hombres hacia...

—¿Desde cuándo los mapas tienen faldas?

Sombra levantó la cabeza despacio.

Rafael ya estaba riéndose.

—¿Quieres conservar los dientes?

—Todos, de ser posible.

—Entonces cierra la boca.

—Nomás preguntaba.

—Pues deja de preguntar pendejadas.

Rafael soltó una carcajada y apoyó las manos sobre la caja.

—Mira nada más. Hasta de mal humor se pone.

Sombra le lanzó una mirada que habría bastado para callar a cualquiera.

A Rafael no.

—Ya, hombre. No te sulfures. —Se inclinó un poco hacia él—. Pero si vas a seguir mirándola cada vez que pasa, al menos aprende a disimular.

—No la estoy mirando.

Rafael volvió la cabeza hacia Amalia.

Sombra hizo exactamente lo mismo.

Rafael soltó otra carcajada.

Sombra cerró los ojos.

—Lárgate.

—Sí, mi comandante.

—Rafael.

—Ya me voy.

Se alejó todavía riéndose.

Sombra volvió al mapa.

Duró exactamente quince segundos antes de levantar la vista otra vez.

Amalia ya lo estaba mirando.

Esta vez fue ella quien sonrió.

Muy poquito.

Maldita mujer.

 

—Estás poniendo las camisas donde van las mantas.

Amalia bajó la vista.

Era cierto.

—¿Y?

Mariel dejó escapar una risita.

—Nada.

—Entonces no te rías.

—No me estoy riendo.

—Sí te estás riendo.

—Es que estás muy distraída.

Amalia colocó bruscamente una camisa en otro montón.

—No estoy distraída.

—Claro que no.

—Mariel.

—Amalia.

Se miraron.

Mariel fue la primera en perder la batalla y soltó una carcajada.

—¡Ay, mujer! ¿Qué te pasa?

—Nada.

—Desde ayer te pasa mucho “nada”.

Amalia tomó otra prenda.

—No sé de qué hablas.

—Yo tampoco. Pero Rafael sí.

La mano de Amalia se detuvo.

Mariel sonrió.

—¿Qué sabe Rafael?

—Yo no dije que supiera algo.

—Acabas de decirlo.

—Dije que Rafael sabe.

—¿Sabe qué?

—Algo.

—¡Mariel!

—¡Amalia!

Las dos se quedaron mirando.

Mariel tuvo que taparse la boca para no reír.

Amalia le arrojó una tela.

—Eres insoportable.

—Y tú eres pésima mintiendo.

—No estoy mintiendo.

—Entonces mírame y dime que no te importa si Sombra te está mirando.

Amalia abrió la boca.

No salió nada.

Mariel levantó ambas cejas.

—Eso pensé.

—No significa nada.

—Yo tampoco dije que significara algo.

—Pero lo estás pensando.

—¿Y tú cómo sabes lo que pienso?

Amalia frunció el ceño.

—Porque tienes esa cara.

—¿Cuál?

—Esa.

Mariel rio.

—Pues cuídate, porque tú traes una peor.

Amalia iba a responder cuando una voz mayor surgió detrás de ellas.

—Déjenla.

Las dos voltearon.

Una mujer entrada en años estaba sentada junto a una mesa, desgranando maíz con una tranquilidad absoluta.

Amalia la había visto muchas veces por el campamento.

Siempre ocupada.

Siempre aparentemente ajena a todo.

Aparentemente.

La mujer ni siquiera levantó la cabeza.

—¿Dejarme qué? —preguntó Amalia.

—En paz.

Mariel se mordió el labio.

La mujer continuó trabajando.

—Una ya está vieja, pero no nació ayer.

Amalia miró a Mariel.

—¿Qué quiere decir?

La mujer levantó finalmente los ojos.

—Nada, niña.

Y regresó al maíz.

Dos hombres que trabajaban cerca comenzaron a reír por lo bajo.

Amalia sintió un mal presentimiento.

—¿Por qué se ríen?

Nadie respondió.

—¿Qué?

La mujer mayor suspiró.

—Ay, juventud.

—¿Qué juventud?

—Ninguna.

—¡Señora!

Ahora Mariel estaba riendo abiertamente.

La mujer mayor tomó otra mazorca.

—En mis tiempos también se hacían rondas por la noche.

Silencio.

Amalia se quedó petrificada.

Uno de los hombres soltó una carcajada.

Otro tosió intentando disimular.

Mariel se dobló de risa.

—¡Mariel!

—¡Yo no dije nada!

—¡Pero te estás riendo!

—¡Porque no fui yo!

Amalia se puso roja.

—Yo no estaba haciendo ninguna ronda.

—Yo tampoco dije que fueras tú —respondió tranquilamente la mujer.

Eso provocó todavía más risas.

—¡Entonces deje de insinuar cosas!

—¿Cuáles cosas?

—¡Esas cosas!

—¿Cuáles?

Amalia abrió la boca.

La cerró.

No podía explicarlo sin hundirse sola.

Desde el otro lado del campamento Rafael había comenzado a prestar atención al escándalo.

—¿Qué pasa? —preguntó.

—¡Nada! —respondió Amalia demasiado rápido.

La mujer mayor alzó la voz.

—Estamos hablando de las rondas nocturnas.

Rafael miró a Sombra.

Sombra levantó lentamente la cabeza.

Mariel volvió a reír.

Rafael se llevó una mano a la boca.

—Ah.

Sombra lo señaló sin siquiera mirarlo.

—No.

—Pero yo...

—Ni una palabra.

—No he dicho nada.

—Y así vas a seguir.

La señora mayor negó con la cabeza.

—Tanto misterio.

Sombra volvió la mirada hacia Amalia.

Ella estaba roja de vergüenza y furia.

Él intentó mantenerse serio.

Lo intentó.

Amalia entrecerró los ojos al notar el ligero movimiento en una esquina de su boca.

—¡Ni se atreva!

Aquello terminó de destruirlo.

Sombra bajó la cabeza y ocultó una sonrisa.

Rafael soltó una carcajada.

—¡Hasta el comandante sabe!

—Rafael —gruñó Sombra.

—Ya, ya.

—Todos están locos —declaró Amalia.

Tomó la cubeta y se marchó.

Mariel corrió detrás de ella.

—¡Amalia, espera!

—¡No!

—¡Yo no dije nada!

—¡Tú empezaste!

—¡Fue la señora!

Detrás de ellas todavía se escuchaban risas.

Durante unos minutos el campamento pareció olvidar que existía una guerra.

 

El sonido de cascos acabó con todo.

No fue inmediato.

Primero fue un rumor lejano.

Después, tierra levantándose en el camino.

Sombra dejó de sonreír antes que nadie.

Su mano fue instintivamente hacia el arma.

—Jinete —avisó uno de los hombres.

Las risas desaparecieron.

Rafael ya estaba junto a Sombra.

Otros hombres se movieron hacia sus rifles.

Amalia se detuvo.

El jinete entró al campamento cubierto de polvo. El caballo respiraba con fuerza y tenía espuma alrededor del freno.

El hombre desmontó rápidamente.

—Traigo respuesta.

Sombra no se movió.

—¿De dónde?

El jinete metió una mano dentro de su chaqueta y sacó un sobre.

—De la hacienda De la Vega.

Amalia sintió que el mundo se detenía.

La cubeta resbaló de sus dedos.

Cayó al suelo.

Nadie se rio esta vez.

Sombra miró el sobre.

Después miró a Amalia.

Fue apenas un instante.

Extendió la mano.

—Dámela.

El jinete obedeció.

Sombra rompió el sello.

Rafael se colocó a su lado.

Amalia no se acercó.

No podía.

Observó cómo los ojos de Sombra recorrían aquellas líneas.

Su expresión no cambió.

Ni un músculo.

Nada.

Pero ella había aprendido a mirarlo.

Y supo que algo estaba mal.

—¿Qué dice? —preguntó.

Sombra siguió leyendo.

—Sombra.

Él levantó la vista.

Amalia avanzó un paso.

—¿Qué dice mi padre?

Silencio.

Rafael miró el papel.

Toda la diversión de hacía unos minutos había desaparecido de su rostro.

Sombra dobló lentamente la carta.

—Aceptó.

Amalia sintió un vacío en el estómago.

—¿Aceptó qué?

—El acuerdo.

Las palabras deberían haber sido alivio.

Había esperado aquello.

Su padre había respondido.

La negociación avanzaba.

Eso significaba que podía regresar a casa.

A su habitación.

A su ropa.

A su familia.

A su vida.

Amalia miró alrededor.

Las carpas.

Las fogatas.

Los caballos.

Mariel.

Rafael.

Los hombres que hacía unos minutos se reían de ella.

Y finalmente...

Sombra.

—Entonces... —dijo despacio—. ¿Voy a volver?

Él sostuvo su mirada.

—Sí.

Una sola palabra.

Debería haberla hecho feliz.

Amalia esperó sentirlo.

No llegó.

—¿Cuándo?

Sombra miró la carta otra vez.

Ahí estaba.

La fecha.

Una fecha concreta.

El momento en que aquello terminaría.

Rafael bajó la mirada.

Sombra permaneció en silencio demasiado tiempo.

—¿Cuándo? —repitió Amalia.

Él le dijo la fecha.

Y algo cambió.

No hubo abrazos.

No hubo celebración.

Nadie dijo que aquello era una buena noticia.

El campamento simplemente quedó extraño.

Callado.

Como si todos hubieran comprendido al mismo tiempo que la respuesta que llevaban días esperando acababa de convertirse en otra cosa.

Amalia miró a Sombra.

Él ya había recuperado por completo el rostro del comandante.

—Rafael.

—Sí.

—Reúne a los hombres. Hay que preparar el cumplimiento del acuerdo.

—Entendido.

Rafael no bromeó.

No sonrió.

Se marchó inmediatamente.

Sombra comenzó a dar órdenes.

Secas.

Precisas.

Operativas.

Como si aquella carta solo modificara un plan.

Como si Amalia fuera nuevamente una pieza que debía trasladarse de un punto a otro.

Como si no hubiera pasado nada entre ellos.

Pero esta vez Amalia ya sabía reconocer la mentira.

Sombra no volvió a mirarla.

Y eso fue precisamente lo que más la convenció.

Mariel se acercó lentamente.

—Amalia...

Ella negó con la cabeza.

—Estoy bien.

—No dije nada.

Amalia tragó saliva.

Miró otra vez hacia Sombra.

Él estaba hablando con dos hombres.

Parecía completamente concentrado.

Completamente frío.

Completamente lejos.

—Voy a volver a casa —murmuró Amalia.

Mariel permaneció callada.

Amalia intentó sonreír.

—Eso quería.

Las palabras salieron extrañas.

Como si pertenecieran a otra mujer.

Porque sí.

Eso había querido.

Desde el primer día.

Volver.

Escapar de aquel campamento.

De aquellos hombres.

De Sombra.

Entonces, ¿por qué ahora sentía que algo le apretaba el pecho?

 

Aquella noche nadie hizo bromas sobre rondas.

La señora mayor trabajó en silencio.

Rafael no molestó a Sombra.

Mariel no interrogó a Amalia.

Y Sombra permaneció durante horas ocupado con mapas, hombres, caballos y órdenes.

Amalia se sentó frente a su carpa.

Desde allí podía verlo.

Él no la miró.

O quizá lo hizo cuando ella no estaba mirando.

Ya no importaba.

La carta había llegado.

Su padre había aceptado.

El acuerdo estaba en marcha. Tal como establecía la negociación que había comenzado con las exigencias enviadas a la Hacienda De la Vega.

Amalia bajó la mirada hacia sus manos.

Hasta aquella mañana, los días en el campamento simplemente habían pasado.

Ahora tenían un final.

Una fecha.

Y cuando una fecha aparecía, cada hora anterior comenzaba a sentirse distinta.

Más corta.

Más valiosa.

Más cruel.

A lo lejos, Sombra levantó finalmente la cabeza.

Sus ojos encontraron los de ella en medio de la oscuridad.

Ninguno sonrió.

Ninguno se acercó.

Ninguno dijo nada.

Ya no hacía falta.

Por primera vez desde que Amalia había llegado al campamento, ambos sabían exactamente cuánto tiempo les quedaba.

Y de pronto...

parecía demasiado poco.

Continuará.....

1
Carolina A²V
déjalo así por ahora 🤔
Carolina A²V
no alcanza la vida 🤔
Carolina A²V
se ven lindos
Carolina A²V
no te lo dirá pero sabes que si lo es 🤔😊🤭
Carolina A²V
mentiroso 😊
Carolina A²V
La estabas espiando 😊🤭
Carolina A²V
ayyy Joel por favor a quien quieres engañar 🤔🤨
Carolina A²V
pero ese idiota te gusta 😊🤭🤭
Carolina A²V
te tardaste 😁😂🤣
Carolina A²V
que paso Sombra se te pegaron los zapatos 😂🤣🤣
Carolina A²V
estás celoso 😊😁
Carolina A²V
apareció Sombra 😊😁
Carolina A²V
😏 también te quiere 😊😊
Carolina A²V
tal vez di tal vez no 🤔
Carolina A²V
ya lo sabrás en su debido momento
Carolina A²V
no le dijiste del secuestro 😊🤭
Carolina A²V
esto está muy bueno 😊😊😊
Carolina A²V
🤣🤣🤣🤣🤣
Carolina A²V
El que faltaba 😂🤣🤣
Carolina A²V
🤭🤭🤐🤐🤐
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play