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EL PADRE DE MIS HIJOS ES MI PEOR ENEMIGO.

EL PADRE DE MIS HIJOS ES MI PEOR ENEMIGO.

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado
Popularitas:41.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Adriánex Avila

"Dos apellidos enfrentados. Un amor prohibido. Una vida que lo cambiará todo."

Camila Santana siempre supo que su familia odiaba a los Santoro. Creció escuchando historias de traiciones, sangre y ruina. Por eso, cuando la envían al extranjero a los ocho años, cree que escapa de ese infierno. Pero el infierno la espera a su regreso.

Veintitrés años, fogosa y decidida, Camila vuelve a casa para encontrarse con su destino: el hijo de los Santoro. Lo que nace entre ellos es un torbellino de pasión y peligro, de caricias que saben a pecado y miradas que prometen guerra. Pero el odio de sus familias no es un rumor: es una sentencia.

Cuando un embarazo inesperado los une para siempre, Camila deberá enfrentarse a la pregunta más difícil: ¿puede el amor de dos personas vencer al odio de dos apellidos? ¿O su hijo estará condenado a heredar una guerra que no eligió?

Una historia de amor, lealtad y el valor de romper cadenas.

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12 El Encuentro en las Escaleras

Camila y Carola salieron del Mercader Pescante como si el diablo las persiguiera. El auto de Camila arrancó con un chirrido de neumáticos, dejando atrás el bullicio y la confusión.

—¡Cami, baja la velocidad! —gritó Carola, aferrándose a la puerta—. ¡Vas a matarnos!

Camila no respondió. Sus manos aferraban el volante con tanta fuerza que los nudillos se le blanqueaban. La mirada fija en la carretera, pero su mente estaba en otro lugar. En un apartado oscuro. En una voz grave. En unos labios que habían estado tan cerca de los suyos.

¿Por qué la había soltado? ¿Por qué no había cobrado su apuesta? ¿Por qué la había mirado de esa forma, como si ella fuera algo más que un trofeo?

—Cami... —Carola la miró con preocupación—. Ese tipo te dijo algo, ¿verdad? Algo que te tiene así.

—No fue nada —respondió Camila, con voz cortante—. Lo de siempre. Intimidando. Siempre una amenaza para mi tranquilidad.

—¿Y por eso estás manejando como si te hubieras escapado de un manicomio? —Carola levantó una ceja—. Cami, soy tu prima. Te conozco desde que naciste. Sé cuándo estás mintiendo.

Camila apretó los labios. Su prima tenía razón. Siempre la tenía.

—Dijo que no iba a cobrar la apuesta esta noche —admitió, con voz baja—. Que no era el momento. Pero que esto solo estaba empezando. Que tarde o temprano, iba a ser suya. Completamente suya.

Carola soltó un silbido.

—Vaya. Eso sí que es una declaración.

—¿Una declaración? —Camila la miró con incredulidad—. ¡Es una amenaza! ¡Es un aviso de que va a destruirme!

—¿O de que quiere conquistarte?

—¡Carola!

—¡Qué! —Carola levantó las manos en señal de paz—. Solo digo lo que veo. Ese tipo podría haber hecho cualquier cosa con esa apuesta. Podría haberte humillado, podría haber hecho público lo de ustedes, podría haberte forzado a hacer cosas que no quisieras. Pero no lo hizo. Te soltó. Te dejó ir. Y te dijo que todo esto solo está empezando.

Camila se quedó en silencio. Las palabras de su prima resonaban en su cabeza, y por más que intentaba negarlas, no podía.

—Además —continuó Carola, con una sonrisa pícara—. Estás manejando como loca, pero no hacia tu casa. ¿A dónde vas?

Camila parpadeó, saliendo de su trance. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que había pasado de largo la salida hacia su casa. Estaban en la carretera que llevaba a las afueras de la ciudad, hacia las cascadas de Dong.

—¡Mierda! —exclamó, pisando el freno hasta el fondo. Los neumáticos chirriaron y el auto se detuvo en medio de la carretera vacía—. No me había dado cuenta.

Carola soltó una risa.

—Estás tan perdida como yo cuando veo a un chico guapo. Y eso que yo soy la que se supone que es la tonta romántica de la familia.

—No soy tonta romántica —gruñó Camila—. Solo estoy confundida. No sé qué quiere ese tipo. No sé por qué me dejó ir. No sé por qué me siento... —Se detuvo, sin atreverse a terminar la frase.

—¿Decepcionada? —ofreció Carola.

Camila la miró con horror.

—¿Decepcionada? ¿Por qué iba a estar decepcionada de que no me haya obligado a acostarme con él?

—No lo sé —dijo Carola, encogiéndose de hombros—. Pero por cómo manejas, diría que sí. No querías acostarte con él, pero que él no haya querido acostarse contigo... eso te ha molestado.

—¡No es cierto!

—Claro que no. —Carola rodó los ojos—. Cami, eres mi prima y te quiero. Pero a veces eres tan terca que no ves lo que está frente a tus narices. Ese tipo te gusta. Y no es solo porque sea guapo. Es porque te desafía. Te hace sentir viva. Y eso te aterra.

Camila abrió la boca para negarlo, pero las palabras no salieron. Porque, en el fondo, sabía que su prima tenía razón.

—Vamos a tu departamento —dijo, en cambio, con voz cansada—. No quiero ir a casa. Necesito un espacio para mí. Ordenar mi mente un poco fuera del caos de la familia.

Carola asintió, sin presionar más.

—Buena idea. Además, tengo vino. Y chocolate. Y una colección de películas románticas que te harán olvidar a ese demonio.

—No quiero olvidarlo —susurró Camila, tan bajo que Carola apenas la escuchó.

Pero lo escuchó. Y sonrió.

—Claro que no, Cami. Claro que no.

*_*

Mientras las primas se alejaban del caos, en el Mercader Pescante las cosas estaban tomando un rumbo peligroso.

César, al ver que Carola ya no estaba, perdió todo interés en la confrontación. Se levantó de la mesa, murmuró algo sobre "irse a dormir la borrachera" y desapareció por la puerta trasera.

Mariano, en cambio, se quedó un momento más, observando a los Santana que aún estaban en el bar. Lina y Amelia estaban visiblemente alteradas, listas para pelear si era necesario, y Joaquín se movía entre los amigos, tratando de calmar los ánimos y pagar la cuenta.

—Vámonos —dijo Mariano a Lina y Amelia, con una sonrisa conciliadora—. Esto no va a llevar a nada bueno.

—¿Y tú quién eres para decirnos qué hacer? —lo desafió Lina.

—Soy el que no quiere que esta noche termine en el hospital —respondió Mariano, con una paciencia que sorprendió incluso a Amelia—. Vamos, chicas. La guerra puede esperar a mañana.

Lina y Amelia intercambiaron una mirada y, finalmente, asintieron. No querían problemas. No esa noche.

Mariano las escoltó hacia la salida, y por un momento, todo pareció calmarse.

Pero entonces, Joaquín, que había decidido irse por la salida lateral para evitar más encuentros, tomó las escaleras de emergencia. Y fue entonces cuando ocurrió.

Un cuerpo suave y esbelto chocó contra él en la oscuridad. Ambos se enredaron en una caída cómica, torpe y absurda, rodando por los escalones como un solo costal de patatas.

—¡Oye! —exclamó Joaquín, intentando enderezarse—. ¿Qué cree que hace?

—Yo... —la voz era femenina, con un tono de indignación—. ¡Tú fuiste el que me chocó!

Cuando la luz de la escalera se encendió, Joaquín la vio. Era una mujer joven, de cabello castaño oscuro que caía como una cascada sobre sus hombros. Ojos negros, grandes como luceros. Piel blanca como la nieve. Una pequeña boca en forma de corazón bajo una nariz respingada. Era una obra de arte.

Y estaba medio borracha.

—Yo te conozco —dijo ella, con una sonrisa que era pura malicia—. Eres Joaquín Santana. El hermano mayor. El serio. El responsable.

Joaquín la miró con recelo.

—¿Y tú quién eres?

—Mia. Mia Santoro. —Ella se inclinó hacia él, acariciando su rostro con una mano—. Y caíste en mis brazos. Así que... —se acercó más—. Debes pagar con algo este impase.

—¿Pagar? —Joaquín intentó apartarse, pero ella lo tenía sujeto—. ¿De qué está hablando?

—De esto —dijo Mia, y antes de que Joaquín pudiera reaccionar, lo besó.

Fue un beso rápido, impulsivo, alimentado por el alcohol y la audacia. Joaquín se quedó paralizado, sin saber qué hacer. Esa niña lo estaba acosando. O eso parecía.

Cuando ella se separó, sonrió con satisfacción.

—Ahora estamos en paz —dijo, levantándose como si nada hubiera pasado—. Hasta la próxima, guapo.

Y desapareció escaleras arriba, dejando a Joaquín allí, sentado en los escalones, con la mente en blanco y los labios aún ardientes.

—¿Qué... qué acaba de pasar? —murmuró.

Pero no hubo respuesta. Solo el eco de sus pasos y el latido acelerado de su corazón.

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Limaesfra🍾🥂🌟
xq no se divorcia de su esposa y se casa el.con Gemms. Asi sera su sugar daddy🤣🤣🤣🤣🤣👀🔥🔥
Limaesfra🍾🥂🌟
ahora a enfrentar a los suegros👀👀
Miryam Puchalvert
y............cómo termina esto
Heidy🦋
Ese maldito hombre si no es feliz que nadie lo sea, ojalá Rocco acabe con él y encuentre secretos oscuros de su tío
Heidy🦋
pues la desgraciada de la Monet que a fuerzas quiere a Rocco
Heidy🦋
primero tu familia Jorge ya basta de ser un cobarde
Mayelin Gimenez
El autor de las fotos fue el calculador de Luis Santoro!
Mayelin Gimenez
Me encanta Camila! Así se habla!
Ana Elena Jiménez
😬😬😬😬😬
Ana Elena Jiménez
woaoo no lo dejes Carola,ese hombre vale la pena porque realmente te ama
Ana Elena Jiménez
😬😬😬😬
Prado HR
Está parte es la que no me gusta, tener que esperar el próximo capítulo 🤭🤣🤭🤣 no tarde mi escritora 🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
🤭🤭
Ana Elena Jiménez
por el hijo saco las garras,así es que es Elena
Fabiana Peñalver Bizarro ❤️
creo que tu plan no va a dar el resultado que esperabas😡
Angela Cortez
Sabía ese viejo zorro cree que puede manipular a Rocco y a su propio hermano se equivoca Rocco sacara todo y será peor para los Santoro
Angela Cortez
Y comenzó lo bueno que se preparen luis Santoro , Gema Bonet por
Angela Cortez
Quien más las pudo haber enviado sino la loca de Gema Bonet, con el fin de así logra separarlos
Fabiana Peñalver Bizarro ❤️: lo mas probable
total 1 replies
Angela Cortez
Eso bien por la señora Elena apoyando a su hijo Rocco
Violeta
Es una novelita fantástica , me encanta el trama, espero cada capítulo con mucha ilusión de saber más, simplemente sensacional, gracias autorita 🥰🥰❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️
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