NovelToon NovelToon
Mi Esposo, Mi Amor Secreto

Mi Esposo, Mi Amor Secreto

Status: Terminada
Genre:Aventura de una noche / CEO / Completas
Popularitas:33.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Elena Paz

Valentina Lozano siempre fue "la hija adoptiva." La que no tiene apellido. La que no pertenece.
Durante más de diez años, amó en silencio a Diego Castillo, el heredero del grupo inmobiliario más poderoso de Ciudad de México. Le dio su juventud, su lealtad y su corazón entero. A cambio, él ni siquiera la veía.
"Solo es la adoptada. No es de nuestra clase."
La noche en que escuchó esas palabras, Valentina se emborrachó y despertó en la suite de un hombre al que apenas conocía: Sebastián Montero, el CEO más joven y cotizado del país.
—Fuiste tú quien se aprovechó de mí —dijo él, señalando la marca de mordida en su cuello.
Para evitar un escándalo que podría hundir su empresa, Sebastián le propuso lo impensable:
Lo que Valentina no sabía era que Sebastián llevaba diez años enamorado de ella. Diez años viéndola desde lejos. Diez años esperando su oportunidad.
Mientras Valentina descubre que su esposo por contrato esconde el amor más profundo que ha conocido, Diego Castillo se da cuenta demasiado tarde de lo que perdió. Y ahora hará lo que sea por recuperarla.
Matrimonio por contrato. Diez años de amor secreto. Un ex que suplica de rodillas. Solo uno de ellos merece su corazón. Y ella ya eligió.

NovelToon tiene autorización de Elena Paz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Capítulo 12

La primavera no llega, el ruiseñor no canta

Y aun así, mi mano no dejaba de temblar bajo la luz quieta de la mañana.

El temblor no se fue del todo en los días siguientes.

No era miedo. O no solo miedo. Era la sensación de caminar con algo nuevo en la mano y no saber si el mundo iba a arrebatármelo por considerarlo demasiado para mí.

El mundo, por supuesto, no tardó en intentarlo.

El rumor explotó en Twitter/X el lunes de la segunda semana.

"Heredero de Grupo Castillo tendría novia de la infancia."

"¿La esposa de Montero estuvo años detrás de Diego Castillo?"

"Fuentes cercanas aseguran que Valentina Lozano trabajó en Grupo Castillo por motivos personales."

La foto que usaban era vieja, tomada en una cena de exalumnos del Colegio San Patricio. Yo aparecía al fondo, de pie junto a Diego, con un vaso en la mano y una sonrisa que ahora me dio vergüenza. No por mí. Por lo fácil que era recortar una vida y convertirla en burla.

Había hilos enteros armando una historia con pedazos de mi pasado.

"Seguro Montero la recogió despechada."

"Diego se tardó y otro se la ganó."

"Las adoptadas siempre quieren entrar a familias grandes."

Ese último comentario me dejó los dedos fríos.

No era solo chisme romántico. Era la misma herida con otra tipografía. La palabra "adoptada" viajando de una mesa de bar a una pantalla con miles de desconocidos, como si mi origen fuera explicación suficiente para cualquier desprecio.

Mi primer impulso fue buscar el chat de Diego. No para escribirle. Para comprobar si él había visto lo que estaban diciendo. El segundo impulso fue odiarme por seguir pensando en su reacción.

Apagué el celular.

Lo volví a encender.

Error.

Lucía llamó a Sebastián antes de que yo terminara de leer el tercer comentario.

Él estaba en el estudio de Villa Montero, revisando documentos de MBT. La puerta estaba entreabierta y yo llevaba una libreta para enseñarle un boceto, pero me detuve al escuchar la voz de Lucía saliendo del altavoz.

—Dime que ya autorizaste a legal para hundirlos.

—Buenos días, Lucía.

—No me "buenos días". Están convirtiendo a Vale en chisme viejo de Diego. ¿Quieres que publique el historial completo de estupideces de ese tipo o prefieres hacerlo tú con tipografía corporativa?

—No vamos a contraatacar.

—¿Perdón?

—No con eso.

—Sebastián.

Su voz bajó.

—Ella no es de las que vuelve atrás.

Me quedé inmóvil en el pasillo.

Lucía también guardó silencio un segundo.

—Lo sé —dijo al fin, menos furiosa—. Pero no soporto que la usen para levantarle el ego al imbécil que la perdió.

—Yo tampoco.

—No suenas lo bastante molesto.

—Estoy muy molesto.

—Tú molesto suenas igual que tú pidiendo agua.

Una pausa.

—Lucía.

—Está bien. No haré nada todavía. Pero si la tendencia sube, suelto a Lumina Media.

—No sin hablar conmigo.

—No prometo milagros.

Iba a irme antes de ser descubierta, pero Lucía habló de nuevo, con otro tono.

—¿Ella sabe?

—¿Qué cosa?

—Lo de siempre.

El silencio de Sebastián cambió la temperatura del pasillo.

—No.

—Primo...

—No es el momento.

—Nunca era el momento para ti. ¿Te acuerdas de la libreta de cálculo que me robaste en preparatoria?

—No te la robé.

—La abrí para buscar mi tarea y encontré ese dibujo.

No respiré.

—Lucía.

—Era su perfil, Sebastián. Valentina en las gradas del San Patricio, con el cabello recogido y la mirada en otra parte. Abajo escribiste: "La primavera no llega, el ruiseñor no canta." Tenías diecisiete años y cara de funeral victoriano. Yo pensé que te ibas a volver poeta o idiota.

—Elegí biotecnología.

—Elegiste sufrir con mejor sueldo.

Lucía soltó un suspiro más bajo.

—Ese día te encerraste en tu cuarto cuando te pregunté quién era. Mamá pensó que estabas enfermo. Yo pensé que eras dramático. Luego vi que seguías guardando papeles, boletos, bocetos. Siempre lo mismo: una chica que miraba hacia alguien más.

—Lucía.

—Ya sé. Me callo. Pero no me pidas que me dé igual cuando ahora esa misma chica está sentada en tu casa y medio internet la está lastimando por culpa de Diego.

No pude moverme.

Valentina en las gradas.

La primavera no llega, el ruiseñor no canta.

La frase me sonó a algo que había visto en una viñeta de @X, aunque no exacta. Un ruiseñor dibujado sobre una rama sin hojas. Una rosa cerrada. Un hombre esperando al borde de un cuadro.

Mi mano se cerró sobre la libreta.

—No uses eso ahora —dijo Sebastián.

—No lo haré. Pero algún día se lo tienes que decir.

—Algún día.

Me aparté antes de que colgara.

No entré al estudio.

Volví a la cocina con mi boceto sin mostrar y fingí que me interesaba ordenar lápices por color. Don Tomás me ofreció café. Le dije que no. Luego que sí. Luego olvidé tomarlo.

El boceto quedó sobre la barra. Era apenas una mancha naranja y una línea verde, pero Sebastián lo vio cuando salió del estudio. No preguntó por qué no se lo había enseñado. Solo lo colocó lejos de la taza de café, para que no se manchara.

Ese cuidado pequeño me dolió más que la tendencia.

Esa noche, Sebastián no mencionó la llamada.

Yo tampoco.

Las redes siguieron ardiendo unas horas. Lucía, en lugar de publicar ataques, empujó desde Lumina Media una nota limpia: "Valentina Lozano, artista formada en La Esmeralda, inicia nueva etapa junto a Sebastián Montero." Sin Diego en el titular. Sin infancia. Sin lástima.

Sebastián compartió esa nota en silencio.

Luego dejó mi celular boca abajo sobre la mesa y me preguntó:

—¿Qué quieres cenar?

No era una solución épica.

Por eso funcionó.

A la mañana siguiente desperté con olor a masa, hoja de maíz y canela.

Primero pensé que seguía soñando. Luego escuché pasos suaves en el pasillo y el ruido de una taza sobre la mesa.

La casa estaba más silenciosa de lo normal. No se oía a Sebastián en el estudio, ni su voz baja dando instrucciones por teléfono, ni el sonido discreto de sus zapatos cruzando el pasillo. Eso, en Villa Montero, ya era una ausencia reconocible.

En la puerta encontré a Don Tomás colocando un florero pequeño.

—Buenos días, señora Valentina.

—Buenos días. ¿Sebastián salió?

Don Tomás dudó lo justo para delatarse.

—Salió temprano.

—¿Con el chofer?

—No, señora.

—¿Solo?

—El señor Sebastián dejó dicho que no se preocupara.

Por supuesto que esa frase logró exactamente lo contrario.

Iba a llamarlo cuando el olor a atole subió desde la cocina, espeso y dulce, como una respuesta antes de la pregunta.

Bajé con el cabello revuelto y un suéter largo.

En la cocina de Villa Montero, Sebastián estaba sirviendo atole en una jarra de barro. Sobre la mesa había una bolsa grande con tamales envueltos en papel, salsa aparte, y un letrero escrito a mano:

Doña Lupe, Coyoacán.

Me detuve en la entrada.

—¿De dónde salió esto?

Sebastián levantó la vista.

No llevaba traje. Solo camisa blanca con las mangas dobladas. Tenía el cabello un poco húmedo, como si se hubiera bañado de prisa, y en la mano sostenía un vaso de atole caliente.

—Buenos días.

—Sebastián.

—Tamales de mole, verdes y de dulce. Don Tomás dice que no debo mezclar pedidos, pero decidí arriesgarme.

Me acerqué despacio.

El olor me golpeó con una nostalgia inesperada.

Doña Lupe era un puesto pequeño en Coyoacán, cerca de donde yo tomaba clases de pintura los sábados. Durante años compré ahí tamales cuando tenía dinero suficiente, y atole cuando quería convencerme de que todo iba a estar bien. No era un lugar elegante. Diego nunca habría hecho fila ahí.

La señora Lupe envolvía los tamales con doble papel cuando llovía y siempre decía "llévese otro de dulce, niña, se ve que lo necesita". Yo había ido tantas veces sola que, cuando dejé de aparecer por trabajo en Grupo Castillo, me dio vergüenza volver. Como si hasta un puesto de tamales pudiera notar que una se estaba perdiendo.

Yo ni siquiera recordaba haberle contado eso a Sebastián.

—¿Cómo sabes de Doña Lupe?

—Observación.

—No.

Él dejó el vaso frente a mí.

—Memoria, entonces.

El atole me calentó los dedos antes de probarlo.

En la mesa, junto a la bolsa, vi un boleto del Metro medio doblado. Línea 7. Transbordo. Hora impresa: 5:42 a. m.

También había una gota seca de lluvia en la manga de su camisa, cerca del puño. La vi porque él intentó doblarla hacia adentro antes de que me diera cuenta.

Sus zapatos, siempre impecables, tenían una línea de polvo gris en la suela. No polvo de estacionamiento privado ni de oficina con mármol; polvo de banqueta, de andén, de escalera pública. Imaginé a Sebastián Montero entre gente con mochilas, señoras con bolsas de mandado y estudiantes medio dormidos, sosteniendo una bolsa de tamales como si fuera un encargo urgente de empresa, mientras la ciudad apenas empezaba a despertar, gris y todavía húmeda.

Levanté la mirada.

—¿Tomaste el Metro solo para ir a comprarme esto?

1
Mirna Lobo
Ésta historia fué diferente a todas las que he leído, tienes un talento y una imaginación asombrosa, fué fácil de leer , muy bien redactada , felicidades escritora me fascinó, que sigan los éxitos 😊
Mirna Lobo
Renata la quería a su manera pero la quería /Proud/
Mirna Lobo
muy bonito 💞 la ceremonia genial ☺️🤩🤩🤩
Mirna Lobo
Lucia y Gabriel son el toque dramático y de humor que les hace falta 🤣🤣🤣🤣
Mirna Lobo
esa familia es genial 😊 toda novia quisiera una así, que te quieran y te apoyen 😊
Mirna Lobo
pienso que esa pintura puede ser un homenaje a él por todos los cuadros que él mandó hacer en el transcurso de esos 10 años demostrando que ella no era invisible para él y que prefería verla feliz aunque no fuera con él, es hora de rendirle un homenaje con su pintura 😊
Mirna Lobo
pues si, llegaste tarde y cuando eso pasa te pierdes todo lo que pasó al principio y por eso no sabes nada, y sabes por qué? porque te creíste superior y menospreciaste lo que era importante, ahora asume las consecuencias 🤨
Mirna Lobo
que tipo tan patético /Right Bah!/ahora sí viene con el rabo entre las piernas 🤨
Mirna Lobo
veremos que pasa? viene el inútil a joder 🤨
Mirna Lobo
veremos que pasa? viene el inútil a joder 🤨
Mirna Lobo
me parece injusto escritora, sin detalles 🤨 esperé mucho y quedé como novia de pueblo vestida y alborotada 😉🤣🤣🤣
Mirna Lobo
aprecia ese amor 💞😍 déjate amar, y si el Diego aparece mándalo al carajo por engreído y estúpido, sé feliz con él hombre que sí vale la pena 😍😍😍
Mirna Lobo
yo después de todo esto, lo llamo para que vaya y tenga la luna de miel con el hombre que siempre la amó y que no tuvieron después que se casaron!!!! no lo pensaría mucho 😊😸
Mirna Lobo
que bonito 😍😘😘
Mirna Lobo
ese hombre se merece muchos besos 😘 y más 😍
Mirna Lobo
me gusta, peeero los veo lentos 🤨 quiero ver más romance 😊
Mirna Lobo
ponte osada Valentina 😊 para que él dé rienda suelta a sus emociones 😍😍😍
Mirna Lobo
me quedé 😐 esperaba más 😸
Mirna Lobo
eso pensé!! hay que ir al grano 😊
Mirna Lobo
me encanta Sebastián 😊 y sólo espero el momento en que se den su primer beso 😍😍😍
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play