Ximena Salcedo fue entregada a la familia Alcázar como parte de un trato: casarse con Héctor, el heredero que llevaba meses inconsciente, a cambio de recuperar la casa de su madre y pagar el tratamiento de su hermano.
Ella pensó que solo tendría que cuidar a un hombre que nunca volvería a abrir los ojos. Pero en la noche más inesperada, Héctor despierta.
Desde entonces, Ximena queda atrapada entre una familia poderosa que la vigila, secretos que nadie quiere revelar, una exnovia decidida a volver, enemigos dispuestos a destruirla y un esposo que parece frío, pero que cada vez la mira con menos distancia.
Lo que empezó como un matrimonio arreglado se convierte en una guerra de orgullo, deseo y confianza, donde Ximena tendrá que decidir si Héctor Alcázar es su salvación… o la mentira más peligrosa de su vida.
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Capítulo 12
Capítulo 12
-Entonces... tampoco puedes salir corriendo cada vez que una mujer te llama -dijo Ximena, con la voz chiquita de puro agravio-. ¿Qué es ella para ti?
-Alguien que no importa.
¿Alguien que no importa?
Si de verdad no importaba, ¿por qué se había ido justo cuando estaban tan cerca, cuando casi se le olvidaba respirar?
Mentiroso.
Ximena no quería seguir dándole vueltas al asunto de si Héctor había vuelto o no la noche anterior.
Volver o no volver, ella no lo sabía. Todo dependía de lo que él dijera.
Y un hombre así, profundo, calculador y con cara de inocente, podía decir cualquier cosa sin parpadear.
-Tengo sueño. Hay que dormir.
La frase escondía otra más clara:
No voy a dejar que me toques.
Héctor no la obligó. Apagó la luz y se acostó.
A la mañana siguiente, el ambiente en el comedor estaba raro.
Antes, cuando Camila no había llegado y Héctor seguía inconsciente, Ximena casi siempre desayunaba sola.
Ahora no.
Desde temprano, el comedor estaba lleno: Camila, Lourdes, Héctor y Ximena.
Solo Doña Mercedes comía aparte. Los demás estaban ahí.
Después del pleito de la noche anterior, nadie tenía muchas ganas de hablar.
Ximena comió unas cuantas cucharadas sin ánimo y pidió a Tomás que la llevara a la universidad.
Apenas Ximena salió, Camila abrió la boca.
-Tía, mira nada más. Ximena ni siquiera te respeta. No te dijo mamá al irse. Te guarda rencor.
Lourdes miró a Héctor, temiendo molestarlo, y cortó a Camila de inmediato.
-Come.
-Tía, ahora yo quedé como la mala, pero lo hice por ti y por mi primo.
Camila hizo berrinche en silencio.
Héctor terminó de desayunar, se levantó y, sin decir nada, salió rumbo a la empresa.
Lourdes fue detrás de él.
-Hijo.
Héctor se detuvo.
-¿Pasa algo?
-¿Estás enojado conmigo?
Héctor la miró de frente.
-¿Usted cree que lo de anoche estuvo bien?
Lourdes soltó un suspiro avergonzado.
-Ximena es muy bonita. Entró a esta familia de esa manera, y yo... yo tenía miedo de que su corazón no estuviera aquí. Por eso la traté tan bien. Cuando la vi riéndose con un hombre, me nublé.
-Mamá, usted sabe lo importante que es el nombre de una mujer. Usted es la mayor. Esa clase de errores no se pueden repetir.
Lourdes había sido lista toda la vida, y aun así se había equivocado con Ximena.
No podía culpar a nadie más.
-Lo sé, hijo.
-Bien.
Héctor estaba por irse, pero Lourdes volvió a llamarlo.
-Hijo, lo que Ximena dijo del divorcio anoche... ¿fue por enojo, verdad?
-Fue por enojo.
-Qué bueno.
Lourdes sintió que el corazón le volvía al pecho.
En la universidad, Ximena le contó a Renata lo ocurrido la noche anterior. Renata casi explotó.
-¿Tu familia política está enferma o qué? ¿Y esa Camila quién se cree? ¿Trae agua en la cabeza?
Ximena ya no estaba tan enojada.
-Ahora entiendes que la vida en una casa rica no es tan fácil.
-Mejor te hubieras ido con mi hermano. Mínimo él no es raro.
-Ay, ya.
Ximena estaba subida en una escalera, pintando con cuidado. Renata no se quedó callada.
-Xime, mi hermano me mandó mensaje ayer.
-Ah.
-Dice que estos días pensó mucho. Que irse así fue impulsivo. Quiere regresar. Quiere quedarse en la ciudad. Dice que solo así puede verte, solo así tiene oportunidad de...
El pincel de Ximena se detuvo en el aire.
Entendía lo que Santiago quería decir.
-Renata, tu hermano y yo...
-Xime, mi hermano sí te quiere. Y no solo él. Mi mamá te quiere, yo te quiero. Toda mi familia te quiere. No como los Alcázar, que fuera de tener dinero solo saben pisotear gente.
Ximena sabía que Renata hablaba por indignación. Sonrió apenas.
-Mírate. Estás más enojada que yo.
-Porque tú piensas demasiado. La casa de tu mamá, el tratamiento de Leo, que ahora no es buen momento para irte...
Renata la miró con una seriedad que rara vez mostraba.
-Pero también tienes que vivir por ti una vez, ¿no?
Ximena bajó la mirada.
-Renata, la verdad... Héctor tampoco se porta tan mal conmigo.
-Xime, ese hombre ya te afectó el cerebro.
Ximena se rió como tonta.
Al salir de clases, Ximena esperó a que pasara la hora de la cena y tomó un taxi de regreso a la residencia Alcázar.
Al entrar, vio a Lourdes sentada en la sala.
Al oír la puerta, Lourdes abrió los ojos.
-Ximena, ya volviste.
-Mamá.
-Ven. Siéntate conmigo. Platiquemos.
Si fuera un día normal, Ximena habría aceptado hablar un rato con Lourdes.
Pero después de lo de ayer, ¿de qué iban a hablar?
-Mamá, estoy un poco cansada. Quiero subir a descansar.
No importaba si la cara de Lourdes se veía incómoda. Ximena se escapó directo a su cuarto.
No pasaron ni diez minutos cuando Tomás tocó y entró con una cena abundante.
-La señora dijo que seguro no había cenado. Me pidió guardarle esto. Coma mientras está caliente.
-No tengo hambre. Lléveselo, por favor.
Ximena no tenía apetito.
Tomás la miró con una sonrisa amable, pero con esa profundidad suya que siempre parecía esconder otra cosa.
-¿Sigue molesta con la señora?
Ximena sabía que Tomás era fino para hablar entre líneas, pero tampoco tenía ganas de fingir.
-No me atrevería a molestarme con ella. Solo estoy cansada.
-Aunque esté cansada, tiene que comer. Coma un poco. Vuelvo más tarde por la charola.
Tomás dejó la cena y salió.
Ximena bajó la vista al plato.
Había una crema ligera, carne guisada con salsa, salmón de muy buena calidad y verduras verdes.
Ya no tenía hambre, y al ver la carne grasosa se le revolvió el estómago.
Cuando Tomás regresó justo a la hora para recoger la charola, escuchó a Ximena vomitando en el baño.
El sonido le dibujó una sonrisa satisfecha.
Tenía que contarle esa buena noticia a la señora.
Lourdes llegó a la habitación de Ximena casi corriendo.
Justo en ese momento, Ximena salió del baño con la cara pálida.
Lourdes le tomó las manos con muchísimo cuidado.
-Ven, acuéstate. Tu cuerpo es lo primero.
Ximena no entendía nada.
-Mamá, estoy bien.
-¿Cómo que bien? Estás blanca. ¿No te cayó la comida? Si se te antoja otra cosa, dile a Tomás.
Lourdes volteó hacia él.
-Desde hoy, todos los ingredientes de Ximena tienen que ser de la mejor calidad. Si hace falta, que los traigan de donde sea. ¿Entendido?
Tomás asentía con una sonrisa.
-Como diga la señora.
Ximena se quedó mirándolos.
¿Ahora qué era esto?
Lourdes prácticamente la instaló en la cama. Sonreía como si le hubieran puesto una flor en la boca.
-Mañana le pido a Julián que venga a revisarte.
-Mamá, mi cuerpo está bien.
-Mejor revisar para quedarnos tranquilos.
Lourdes le hizo una seña a Tomás. Él le entregó una caja elegante.
Al abrirla, apareció una pulsera de diamantes que lanzaba destellos con cualquier movimiento.
-¿Te gusta?
Lourdes se la puso en la muñeca.
-Mamá, esto es demasiado caro. Mejor guárdelo usted.
-¿Sigues enojada conmigo? La escogí hoy pensando en ti. Es para una muchacha joven. Yo ya no estoy para usar algo así.
Lourdes le dio unas palmaditas suaves en la mano.
-Tú quédate tranquila. Después habrá más premios.
Si Ximena le daba a la familia un bebé sano, mejor todavía si era niño, sería una alegría enorme.
Ximena vio salir a Lourdes y a Tomás, todavía confundida.
Hasta que de pronto entendió.
¿No sería que, por verla vomitar, pensaban que estaba embarazada?
Bajó la mirada a la pulsera brillante en su muñeca y murmuró:
-Yo dije que no la quería. Si me la dio a la fuerza, luego no puede pedirla de vuelta, ¿verdad?
Cuando Héctor entró a la casa, Lourdes lo jaló hacia un lado. Traía una sonrisa tan grande que parecía iluminada por dentro.
-Hijo, nada más sabes engañar a tu madre.
Héctor la miró sin entender.
-¿Engañarla con qué?
-Cuando te hablé de tener un bebé, dijiste que no había prisa.
Lourdes recordó el rostro pálido de Ximena saliendo del baño, y la alegría le subió otra vez.
-¿Lo hicieron para darme una sorpresa?
-¿Sorpresa?
-Ximena está embarazada.
¿Ximena estaba embarazada?
La mirada de Héctor se oscureció.
¿Qué estaba pasando?
-Hijo tonto, ¿te quedaste mudo de felicidad? Ustedes son jóvenes, tienen buena salud. Es normal que pase pronto. Estoy feliz. Por fin la familia Alcázar va a tener un bebé.
Lourdes dio unos pasos y luego volvió.
-Mañana le diré a Julián que venga a revisarla. Y una cosa más: los primeros tres meses no la toques. Si a mi nieto le pasa algo, no te lo perdono.
Héctor se quedó sin palabras.
Cuando entró al cuarto, Ximena estaba medio dormida.
Tenía tanto sueño que apenas había logrado mantenerse despierta para explicarle el malentendido del embarazo.
-¿Te sientes mal? -preguntó él.
Ximena asintió y luego negó.
-No tanto. Me dio náusea.
-¿Qué es eso de que estás embarazada?
Ximena suspiró, con cara de víctima.
-Solo vomité un rato, y tu mamá creyó que estaba embarazada. Mira, hasta me dio este regalo enorme.
Le levantó la muñeca para mostrarle la pulsera de diamantes.
-Tal vez quiere demasiado un nieto -dijo Héctor.
Ximena torció la boca.
-Está imaginando cosas.
-Darle descendencia a la familia es tu obligación.
Lo dijo con tanta calma que Ximena lo miró como si acabara de decir una barbaridad.
-Héctor, ni siquiera hemos dormido juntos. ¿De dónde va a salir la descendencia? ¿Te golpeaste la cabeza?
Héctor guardó silencio.
¿No habían dormido juntos?
Ximena bostezó. No podía más.
-Lo del embarazo explícaselo tú a tu mamá. No vaya a ser que luego digan que fingí estar embarazada. Esa culpa no la cargo.
Apenas terminó la frase, cayó en sueño profundo.
Durmió tanto que, aunque planeaba llegar a la universidad a las nueve, abrió los ojos hasta las diez.
Ximena se echó la mochila al hombro y bajó corriendo las escaleras. Lourdes casi se levantó del susto.
-¡Mi niña, despacio!
A un lado, Camila le puso los ojos en blanco y soltó un sonido de fastidio.
Ximena no tenía tiempo para escuchar sus comentarios. Saludó a Lourdes y pidió a Tomás que la llevara a la universidad.
Apenas se fue, Camila volvió a descargar su inconformidad.
-Tía, ¿de verdad está embarazada? Yo la vi bajar rapidísimo. Capaz que es mentira.
Lourdes se molestó.
-No digas tonterías. ¿Cómo va a mentir con algo así?
-Claro que se puede. ¿No has visto las novelas?
-Ya no hagas problemas. La vez pasada tu primo se enojó. Ximena también es una niña con una vida dura. Tenemos que tratarla mejor. Tú deja de inventar.
Aunque Camila quisiera hacer olas donde no había agua, Lourdes tomaba demasiado en serio el posible embarazo y no quería arriesgar nada.
Cuando Ximena llegó a la universidad, Renata y Diego ya habían avanzado bastante con el mural.
Ximena les entregó los cafés fríos que había comprado en el camino.
-Perdón. Me quedé dormida.
Renata la miró con picardía.
-Últimamente duermes mucho. ¿No estarás embarazada?
Ximena se cubrió la frente.
-Sí, embarazada...
Renata se quedó tiesa.
-¿Qué?
-Digo, embarazada de puro cansancio. Tómate tu bebida.
Los tres rieron y siguieron platicando mientras bebían.
No muy lejos, Patricia Galván torció la boca con frialdad.
-Ya saben qué hacer, ¿no?
Sus acompañantes asintieron como perros falderos.
-Tú tranquila.
Patricia avanzó al frente, como si abriera paso, y varias muchachas la siguieron con actitud de pelea.
Ximena, Renata y Diego todavía tenían la sonrisa en los labios cuando escucharon el ruido.
Antes de que pudieran reaccionar, las acompañantes levantaron las cubetas y aventaron pintura de todos los colores sobre el mural terminado.
La obra, que había quedado limpia, elegante y viva, se destruyó en segundos.
Ximena, Renata y Diego ni siquiera alcanzaron a gritar.
Varias cubetas más fueron directo contra ellos.
En un instante, también quedaron bañados en pintura.
Patricia y sus acompañantes se echaron a reír, satisfechas.
-Ximena, pareces perra callejera.
La pintura le escurría a Ximena desde las pestañas. La ropa le pesaba, empapada.
-Patricia, ¿estás loca?
-Sí, estoy loca. Y esto es por haberme dejado inconsciente.
Patricia estaba feliz.
Ximena miró a Renata, que estaba igual de cubierta de pintura. Iba a decir algo, pero Renata ya había arrancado a correr.
En un parpadeo se lanzó sobre Patricia y la abrazó con todas sus fuerzas.
Toda la pintura del cuerpo de Renata se embarró en el conjunto caro de Patricia.
Patricia chilló como si la hubieran quemado.
Sus acompañantes trataron de jalar a Renata, pero ella tumbó a varias.
Ximena corrió a ayudarla. Eran muchas contra Renata, y no pensaba dejarla sola.
Diego se unió enseguida.
En el patio, un grupo de personas cubiertas de colores terminó forcejeando, jalándose del pelo y rodando por el piso.
-Ximena, te dije que meterte conmigo no iba a salirte gratis -gritó Patricia-. ¿Sabes por qué te secuestraron? Por mí. Yo les dije a esos tipos por qué camino ibas a alimentar a tus animalitos.
Ximena se quedó quieta en medio del forcejeo.
Siempre se había preguntado cómo pudieron encontrarla en un camino tan escondido, ese lugar donde iba a dejar comida para los gatos y perros.
Así que había sido Patricia.
El odio nuevo se juntó con el viejo.
Ximena quería partirle la cara.
-Patricia, tú sola te buscaste esto. Si no te reviento, no me llamo Ximena.
-A ver quién revienta a quién.
La pelea volvió a estallar.
En la oficina del rector, un grupo de muchachas y un muchacho, todos sucios de pintura y con la ropa hecha un desastre, escuchaban el regaño con la cabeza baja.
-¡Esto es una universidad, no un mercado! ¿Qué creen que están haciendo? ¿Qué creen?
El rector golpeó el escritorio.
-Ximena, Patricia, ¿la sanción anterior les pareció muy ligera? ¿Quieren seguir estudiando o no? ¿Quieren graduarse o no?
Respiró hondo, furioso.
-Les aviso que lo de hoy se va a tratar con toda seriedad. Me tienen harto.
Cuando Héctor llegó, el rector ya llevaba una hora regañándolos.
-Señor Alcázar, llegó usted.
El rector se enderezó de inmediato.
Héctor buscó entre el grupo hasta encontrar a Ximena, que estaba tan cubierta de pintura que apenas se le reconocía.
La jaló hacia él.
-¿Cómo terminaste así?
A Ximena le ardía todavía la rabia. Los ojos se le pusieron rojos.
-Por culpa de Patricia. Se volvió loca y destruyó todo lo que pintamos con tanto trabajo. ¿Dime si no merecía que le pegara?
Héctor le limpió un poco la pintura de la cara con los dedos y luego miró al rector.
-¿Cuál es Patricia Galván?
El asistente del rector sacó a Patricia del grupo sin ninguna paciencia.
-Esta.
Héctor dio un paso hacia ella.
La miró de arriba abajo: el cabello enredado, la ropa rota, el pantalón con un hoyo y un pie sin zapato.
Tampoco había salido ganando.
-La gente trabajó días, de mañana a noche, para pintar ese mural, y tú lo destruiste así. Además, dejaste a otros en ese estado. Creo que tu etapa en esta universidad terminó.
Héctor miró al rector.
-Expúlsenla.
Patricia se quedó helada.
-¿Por qué me van a expulsar solo a mí? Si me expulsan, Ximena también se va.
-¿Ah, sí? ¿Ximena destruyó algo tuyo?
-Me golpeó.
Patricia levantó la barbilla.
-Te salió barato -dijo Héctor-. Qué raro que no te golpeara más.
Todos se quedaron mudos.
Héctor tomó un paquete de pañuelos del escritorio del rector, caminó hacia Ximena y empezó a limpiarle la cara.
-Rector Lozano, me la llevo. Patricia Galván queda expulsada de inmediato.
El rector caminó detrás de ellos, inclinándose con respeto.
-Entendido, entendido.
Ximena, envuelta como tamal para no manchar el coche, se sentó obediente en el asiento del copiloto.
-Te digo que Patricia merecía una golpiza. ¿Sabes qué hizo? Fue ella quien les dijo a los tipos de Darío por dónde iba yo a alimentar a los animalitos. Es mala de verdad.
Héctor la miró de lado.
-¿Desde cuándo tienes problemas con ella para que te ataque en todo?
Al oír eso, Ximena recordó sus primeros días en la universidad.
Cada año, después de que entraban los alumnos nuevos, la universidad organizaba una votación interna para elegir a la alumna más bonita de primer ingreso.
Por casualidad, Ximena y Patricia quedaron nominadas.
La votación era en la plataforma de la escuela. Al principio Ximena ni siquiera llevaba más votos que Patricia. Estaba ocupada intentando entrar al club de arte, así que no le dio importancia.
Después se anunció que Patricia había ganado.
Pero el título no le duró nada. Salió a la luz que había comprado votos.
La universidad canceló su participación.
Ximena terminó ganando la votación y, desde entonces, muchos la llamaron la más guapa de la universidad.
Ahí empezó el pleito.
Después Patricia la buscó una y otra vez. Ximena no quería enemigos ni problemas, así que la evitaba siempre que podía.
Patricia pensó que Ximena le tenía envidia y empezó a levantar rumores.
Y así habían llegado hasta ese día.
-Tal vez simplemente no nos soportamos -dijo Ximena, bajando las pestañas con cansancio.
-Cuando la expulsen, ya no podrá molestarte.
Ximena miró a Héctor.
No era una santa. No iba a suplicarle que le diera otra oportunidad a Patricia.
Solo asintió.
-Ya era hora de que aprendiera.
Ximena pasó dos horas en la tina antes de quitarse toda la pintura del cuerpo.
Sintió que se había tallado hasta perder una capa de piel.
Pelear tenía riesgos. Había que medirle la mano.
Pero Patricia también pagaría lo suyo.
No estaba tan mal.
Al salir del baño, Ximena se secaba el cabello con la cabeza baja cuando vio sobre la mesa lateral una invitación elegante, demasiado lujosa.
La curiosidad pudo más. La tomó y la abrió.
Apenas alcanzó a leer el nombre cuando Héctor habló.
-Es el cumpleaños de Don Mateo.
Ximena hizo un sonido breve y dejó la invitación.
Héctor levantó la vista del libro.
-La invitación es para los dos.
-Ve tú.
Ximena no tenía interés.
-Yo solo soy acompañante.
Ximena soltó una sonrisa fría.
-Ustedes tienen relación de negocios y de familia. Yo soy la acompañante.
Héctor cerró el libro.
-Es hermano menor de tu abuelo materno. Debería tener buena relación con tu familia, ¿no?
-Cuando mi mamá y mi abuelo vivían, sí. Después, cuando murieron, todo se enfrió. A mí me mandaron lejos y no lo volví a ver. Si ahora no estuviera casada contigo, ni se acordaría de que existo.
El mundo era así. Ximena lo entendía.
No sabía qué quería Héctor, así que preguntó:
-¿Tú vas a ir?
-Sí.
Ximena no entendía los asuntos de negocios. Si Héctor iba, seguramente tenía sus razones.
-Ah.
Héctor agregó:
-Vamos juntos.
-No quiero.
Más de diez años sin verlo. Fingir cariño le parecía demasiado incómodo.
-¿No quieres ver a Ernesto? ¿O no quieres ver a tu madrastra y a tu hermana?
Que Héctor conociera tan bien los asuntos de su familia la dejaron sorprendida.
-¿Sabes todo sobre mi casa?
-Eres mi esposa. ¿Crees que no iba a saber nada de ti?
-Esposa, mis ganas -murmuró Ximena.
Héctor frunció un poco el ceño.
-Veo que tienes muchas quejas contra mí.
Ximena no supo cómo contestar.
Pero sí, tenía muchas.
Nunca había disfrutado el trato que una esposa de Héctor Alcázar debería tener. Y con el hombre que tenía enfrente tampoco podía decir que fueran tan cercanos.
En esa casa, su lugar quizá ni siquiera era mejor que el de Tomás.
¿Eso contaba cómo ser esposa?
-Héctor, ¿alguna vez pensaste en divorciarte?
Héctor levantó la mirada y la sostuvo en los ojos.
-¿Tú estás pensando en divorciarte?
-Te pregunté a ti. ¿Has pensado en divorciarte? Al final, nuestro matrimonio fue arreglado. Tienes derecho a decir que no.
-¿Y tú?
-Yo me casé contigo con condiciones y con un objetivo. Para ser honesta, no pensé que ibas a despertar. Si nunca despertabas, podía cuidarte toda la vida. Pero ahora despertaste. Vas a tener tus propios planes, ¿no?
Cada palabra de Ximena traía incertidumbre sobre ese matrimonio.
La mirada de Héctor también se volvió difícil de leer.
Divorciarse, en realidad, no lo había pensado.
Tampoco sentía que Ximena no pudiera ser una buena esposa.
Ahora tanto la empresa como la familia Alcázar tenían demasiados problemas. No quería que su propia casa fuera otra cosa inestable.
-¿Cuenta cómo plan vivir bien juntos?
-Siento que una vida así no tiene chiste.
-Ven aquí -dijo él.
y tampoco que tuvo un aborto?
y esas zorrascaeran por ladronas y puras.🤭😂