Nací entre lujos, rodeada de poder, creyendo que el amor sería el único territorio donde nadie podría obligarme.
Me equivoqué.
Mi padre decidió mi destino con una firma.
Mi esposo selló mi condena con su desprecio.
Y yo… yo aprendí demasiado tarde que no todos los cuentos de hadas comienzan con una boda.
y que incluso en jaulas doradas se puede morir lentamente.
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capitulo 12 ecos
No volví a dormir, no después de eso.
El techo sobre mi cabeza parecía demasiado blanco. Demasiado silencioso. Demasiado testigo.
Cerraba los ojos... Y lo veía.
Adrián inclinándose su respiración cerca, pulso suspendido, la espera, la retirada.
“¿Qué te hizo pensar que iba a besarte?”
Apreté los dientes... Ese Maldito, No era el rechazo lo que me hacía enojar, era lo que había revelado, lo había querido... quedé repitiendo la escena en mi cabeza una y otra vez, hasta quedarme dormida.
El desayuno fue insoportablemente normal, como siempre que algo estaba terriblemente mal.
Antonio leía el periódico.
Yo bebía café, la monotonía de siempre.
La distancia entre nosotros ya no era emocional, era estructural.
—Hoy saldré de la ciudad —dijo sin mirarme.
—Qué sorpresa.- dije con ironia
—Reuniones.- contesto tratando de justificarlo como solia hacer
—Por supuesto.
Pasó la página Como si yo no existiera.
—Regresaré en una semana... Yo diría que ocho días.
—No creo que la casa note la diferencia.- dije con despreocupación.
Antonio levantó la vista, sus ojos eran puro hielo.
—Procura comportarte Renata.
Lo miré fijamente.
—¿Temes que deshonre tu impecable reputación marital?
—Temo que olvides cuál es tu papel.
—¡ah el de tu esposa!
Antonio sonrió frío y cruel.
—No exageremos.
El golpe fue limpio, silencioso Pero brutal.
Se levantó sin despedirse como siempre, pero esta vez… Sentí algo distinto.
Alivio.
Adrián apareció media hora después como si midiera perfectamente los tiempos.
Entró en la sala con esa calma irritantemente segura, llevaba camisa blanca con mangas arremangadas y expresión tranquila.
—¿Siempre se marcha así?
—¿Como si huyera de algo que desprecia? ¡si!
Adrián sonrió apenas.
—Antonio nunca huye Renata
—Antonio evita.
Se acercó demasiado atento.
—¿Y tú qué haces, Renata?
—¿Respecto a qué?- le respondí fingiendo inocencia.
—Respecto a él.
Sostuve su mirada.
—Lo tolero...
Sus ojos brillaron.
—Mentira.
—Lo desafías.
Me acerqué lentamente.
—No todos le temen a Antonio... - le afirme
Adrián bajó la voz.
—No es miedo lo que veo en ti.
El aire cambió otra vez, siempre cambiaba con él.
—¿Y qué ves entonces?- le pregunté con cierta intriga.
Se detuvo frente a mí demasiado cerca.
—Orgullo herido.
El golpe fue certero, nuevamente, como lo había estado haciendo desde que nos conocimos.
—Cuidado, Adrián.- le advertí al sentirme amenazada.
—¿Con qué?- respondió despreocupado
—Con creer que me entiendes.
Su mano subió Lentamente Sus dedos rozaron apenas mi cintura un contacto leve, Pero devastador, solo un roce y sentía que me iba a desarmar.
—No necesito entenderte.- respondió con un poco de picardía
Su voz descendió Grave y un poco ronca está vez
—Solo necesito observarte.
Mi respiración se alteró, Otra vez... Que mierda me estaba pasando.
—¿Esto forma parte de tu entretenimiento personal?- le pregunté.
—¿Te divierte?
Sus dedos se deslizaron apenas unos pocos centímetros, mi pulso estalló, tenía que mantener mi cordura.
—No juegues conmigo.- le advertí.
Adrián se inclinó, su boca estaba peligrosamente cerca de mi oído.
—Tú empezaste este juego.- me acuso.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
—Yo no juego... - le contesté algo incómoda.
Se apartó apenas sus ojos ardían con... ¿Deseo?
—Claro que sí lo haces Renata.
—Y lo sabes.
Un Silencio cargado de tensión y una electricidad que nos envolvía se instalaron a nuestro alrededor
—¿Vas a retirarte otra vez? - le pregunté mostrándome segura, aunque estaba a segundo de desvanecer.
La pregunta escapó antes de que pudiera detenerla.
Error, grave error...
Adrián sonrió complacido y su mirada se torno Oscura
—¿Eso esperas?
Su mano ascendió lentamente por mi espalda, mi cuerpo reaccionó traidoramente.
Se inclinó otra vez borrando así la pequeña distancia que nos separaba
—Adrián…
Su nombre fue apenas un susurro en mis labios.
sus labios rozaron casi los míos.
Casi... podía sentir su aliento caliente Y entonces…se detuvo, de nuevo.
Su mirada descendió hacia mi boca y luego volvió a mis ojos.
—Todavía no.- dijo y Se apartó.
Dejándome ardiendo una vez más ...
—¿Por qué haces esto?- dije un poco aturdida.
Su expresión cambió, solo un segundo y algo más oscuro más profundo se instalo en sus ojos.
—Porque si te beso…
Su voz fue baja y grave.
—esto dejará de ser un juego.
Y se fue...
Como si no acabara de incendiarme por dentro.
Pero esta vez…
no fue humillación lo que quedó fue anticipación a lo que estaba por venir