Nunca pude adivinar que Aaron llegaria a mi vida y en una noche lograria tatuarse en mi piel como ningún hombre lo hizo. Llego para confundir a mi corazón, ahora se debate entre el amor de dos hombres. Aaron el hombre que me calienta como fuego abrazador y Mikael mi hombre tierno e incondicional. Quién ganará?
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CAPITULO 12
AARON
Me mantuve por unos cuantos minutos en el salón de eventos, rodeado por el bullicio y las conversaciones sin importancia que parecen desvanecerse en el fondo. Mi madre, Alissa y mi medio hermano Mikael están en una esquina, conversando animadamente sobre trivialidades que no logran captar mi atención. La música ambiental del lugar, elegante pero distante, parece ser el único consuelo en medio de la monotonía. Siento que la noche se arrastra, cada minuto es una carga pesada.
—Vamos, hijo —la voz de mi madre me arranca de mis pensamientos. Su tono es una mezcla de preocupación y exasperación
—¿A dónde? —respondo, devolviendo la pregunta con un tono distraído. La verdad es que no presté mucha atención a lo que estaban discutiendo.
—¡Ay, hermano! Últimamente estás en las nubes! —dice Mikael, rascándose la nuca de manera nerviosa. Si supiera la verdadera razón de mi distracción.
—Baby... —dice Alissa, acercándose y guiñándome un ojo— Le decía a tu madre que sería bueno que vayamos a almorzar juntos. ¿Qué dices?
Los tres me miran a la expectativa, y yo, exhausto de estas tonterías, hago una mueca que todos interpretan muy bien: "No cuenten conmigo".
—Por favor —súplica mi madre con una mirada implorante— Hay un tema pendiente entre los dos.Ese tema tiene un nombre propio: Annie White. El recuerdo de ella hace que mi estómago se retuerza de frustración.
—Hmp —es mi respuesta, un forzado "sí" que indica mi aceptación.
Mikael se ofrece a llevarnos al restaurante. En el trayecto, me cuenta que hay una junta muy importante esperándolo, un negocio entre manos que le exige viajar a París en unos días. Su tono es serio, y el hecho de que tenga que ausentarse por tanto tiempo solo acentúa mi malestar.
DOS HORAS DESPUÉS
Pasé las últimas horas soportando el descarado coqueteo de Alissa. Aunque es una mujer sensual, su interés en mí ya no me importa en lo más mínimo. Las charlas sobre moda y un sinfín de banalidades son como ruido blanco en mi cabeza. No puedo esperar para salir de aquí.
—Debo irme —digo finalmente, levantándome. Mi madre hace lo mismo, entendiendo que es hora de regresar.
—Vamos a casa —me dice mi madre, con un tono que indica que tiene algo más que decir.
—¡Qué bien! Podríamos armar un plan de pelis lo que queda de la tarde —exclama Alissa, sonriendo. Parece no entender que su presencia es una molestia.
—¿No hay nada útil que debas hacer? —frunzo el ceño, claramente fastidiado— O pretendes seguir siendo una molestia el resto del día.
—¡Aaron! —mi madre me da un codazo. No estoy dispuesto a disculparme; decir la verdad no es un pecado.
Alissa parece echar chispas, recoge su bolso y se marcha sin decir una palabra. Finalmente, la tranquilidad regresa a mi vida, aunque sea momentáneamente.
—¿Por qué le dijiste eso? Creí que ustedes dos...
—Ella y yo no somos nada —interrumpo, con una frialdad que se siente cruel— Alissa solo fue un revolcón de varias noches y nada más.
—¡Por Dios, Aaron! —mi madre hace una pose de indignación— No te eduqué para ser un rompecorazones. Se ve que esa pobre muchacha está loca por ti.
—Pues no me interesa —reitero— No es mi tipo.
—¿Y Annie White sí lo es? —pregunta alzando una ceja, y yo, furioso, salgo del restaurante sin mirar atrás.
Annie... otra vez tú, taladrando mi mente. Me enfurece no poder tenerte conmigo.
—Espera, hijo —mi madre me agarra del brazo— Siento lo que dije... sé lo difícil que debe ser... Soy tu madre, estoy aquí para escucharte —me abre sus brazos, como lo hacía cuando era un niño, y la abrazo, encontrando en su contacto la calidez y tranquilidad que tanto necesito.
—Vamos a casa —me susurra, y juntos tomamos un taxi hacia la mansión familiar.
Al llegar, la casa está desierta, completamente vacía. La ausencia de ruido y la soledad del lugar me afectan más de lo que esperaba. Me detengo en medio de la sala, observando los detalles que antes me resultaban acogedores pero que ahora parecen fríos y distantes. Los recuerdos de mi infancia vienen a mí con una claridad abrumadora: mi hermano Mikael y yo corriendo por los pasillos, riendo sin preocupaciones. Me siento como un completo imbécil. Yo, el arrogante que había jurado nunca mezclar sentimientos con mis deseos, ahora me encuentro atrapado en una maraña de emociones que no puedo controlar. "Nunca digas nunca" es un dicho muy sabio... Annie, ¿por qué tenías que ser tan malditamente diferente a las demás?
Entro al que solía ser mi cuarto de pequeño. Mi madre, en la cocina, prepara café. Me acerco a mi vieja guitarra, aún en polvo, y la tomo para afinar sus cuerdas. Me siento en mi antigua cama, y una canción que canté muchas veces sin sentirla realmente viene a mi mente. La toco, las notas resuenan en el cuarto, llenándolo con una melancolía que no puedo ignorar..
🎶Pasa la angustia
tan cerca de mii
cuando de aqui te alejaaas
Se que el insomnio
sigue por ahiii
esperando que intente doormiiir
Me he quedado solo y así
no planeaba vivir
me he quedado solo y sin ti
es tan fácil volverse loco
Estoy tocando fondo
me niego a estar sin ti
te tengo que recuperar
o de una vez dejarte iiir
Estoy tocando fondo
me duele hablar de tii
no quiero disimular el resto de mi vidaaa🎶
Freno en seco... Joder, ¿qué carajos te está pasando, idiota?
-Llevaba mucho tiempo sin escuchar mi hijo en exclusiva —me dice mi madre desde la puerta con el café en la mano.
Suelto un suspiro, pongo la guitarra sobre la cama y me masajeo las sienes. Mi mente está llena de confusión y desasosiego.
—Cuéntame todo, hijo. Aquí estoy. No voy a juzgarte —dice ella, con un tono que desarma completamente mi fachada de frialdad y desinterés. La verdad es que no puedo ocultar más lo que siento. Me siento abrumado.
Comienzo a contarle mi historia: cómo conocí a Annie, lo que ha pasado entre nosotros y cómo me he sentido desde entonces. Cada palabra que pronuncio parece pesar más que la anterior.
—Hijo, qué complicado es todo esto —dice mi madre, poniendo su mano en mi hombro—. Sé que quizás este es el peor consejo que podría darte, pero... si la quieres, ¡lucha por ella!
—¿En serio? —sus palabras me sorprenden. No esperaba que ella me diera este tipo de consejo.
—Te estoy mirando a los ojos, cariño. Me doy cuenta de que sientes mucho más que deseo por esa mujer.
—¡Maldita sea! No sé lo que siento. Solo me hierve la sangre al verla con Mikael y recordar que una vez estuvo entre mis brazos y la hice mía.
—Te prendaste de ella en tan solo una noche —suspira—. Jamás te había visto así por ninguna mujer. Te repito, ¡lucha por ella!
—¿Por qué me dices que luche por ella? ¿Te das cuenta de que será la esposa de mi hermano? —pregunto, tratando de mantener la sensatez para no correr a buscarla—. Pero tú estás diciéndome que lo haga.
—Esa jovencita siente lo mismo por ti —dice mi madre, con firmeza—. Vi cómo te observaba cantar... Solo se mira de esa manera al hombre del que se está enamorada.
—¿Qué hay de Mikael? ¡Joder! —empuño la mano con frustración— ¿Qué pasará con él? ¿Me odiará si se entera de que su propio hermano es su rival?
—Mikael no merece a esa pobre niña —dice mi madre, y mi sorpresa crece.
—¿Por qué dices eso, madre? —pregunto, mi curiosidad al máximo.
—Tu hermano no sabe ser fiel. No lo fue con su exesposa y no lo ha sido nunca. ¿Por qué con ella sería diferente? —respira profundo—. Fui testigo de lo mucho que sufrió Tara por él. Dios me perdone, pero Cristine y mi esposo Richard criaron un perverso.
Mi madre habla con una seguridad que no esperaba. Siempre vi a Mikael como un ejemplo a seguir, pero estaba equivocado. Si pretende hacer lo mismo con Annie, no voy a permitirlo.
Mi teléfono suena, sacándonos un respingo a ambos.
**"LLAMADA ENTRANTE: ALESSANDRO"**
Me retiro de la habitación para responder la llamada.
—Alessandro, ¿qué pasa?
—Mi *caro amico* (querido amigo), ¿cómo va?
—Hmp. De la mierda y tú?
—*Morto vivente* (muerto en vida) por Julia.
—¿Julia?
—Leah *amico* (amigo). Su nombre es Julia. La terminé el día que vinieron al bar. Pero... este dolor en el pecho no quiere irse.
—Pues estás jodido, Alessandro. Igual que yo.
—Acompáñame a buscarla.
—No me metas en tus asuntos.
—No quiero ir solo. Preguntaremos sobre Annie si quieres. ¿Qué dices?
—¡Maldición! Eres un imbécil.
—¿Sí?
—Hmp.
—Pásate por el bar a las 9 pm. *Addio* (adiós).
Quizás logre averiguar el número de Annie. El consejo de mi madre es el que deseaba escuchar. No sé si Annie siente lo mismo, pero me arriesgaré. Voy a luchar por esa mujer.