A veces los sentimientos llegan cuando menos deberían.
Una noche cualquiera, una convivencia inesperada y una conexión que nunca estuvo en los planes.
Esta no es una historia perfecta, es real, intensa y llena de decisiones que marcan para siempre.
Porque hay amores que no se buscan… simplemente pasan.
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Capítulo 12: Donde el amor no alcanza
El día avanzó lento, pesado, como si el tiempo hubiera decidido arrastrarse solo para verme sufrir un poco más.
Me quedé en la habitación después de que Alejandro se fue, sentada en la cama, mirando el mismo punto fijo en la pared. Todo olía a él. Su perfume seguía ahí, mezclado con el mío, como una burla silenciosa.
Me acosté boca arriba y cerré los ojos.
No llores, me dije.
No ahora.
Pero el cuerpo no siempre obedece a la cabeza.
Las lágrimas salieron sin aviso, silenciosas, empapando la almohada. No eran de rabia. Eran de cansancio. De amar algo que no tenía forma.
Un golpe suave en la puerta me hizo incorporarme de inmediato.
Tía: Mel, ¿puedo pasar?
Me limpié la cara rápido.
Melani: Sí, pasa.
Entró despacio y cerró la puerta tras ella. Se sentó a mi lado.
Tía: Te ves agotada.
Melani: Un poco… Nos es nada grave tía.
Me miró con esa mirada que lo sabe todo aunque no diga nada.
Tía: No tienes que cargar con esto sola.
Tragué saliva.
Melani: Ya lo sé.
Hubo un silencio incómodo.
Tía: La mamá de Alejandro no quiso hacerte sentir mal.
Melani: Lo sé… pero igual duele.
Suspiró.
Tía: A veces los adultos también nos equivocamos tratando de proteger a las personas que amamos sin saber el daño que podemos causar.
Asentí.
Melani: No la culpo… solo me siento fuera de lugar.
Me acarició la espalda.
Tía: Nadie te está echando, Mel.
Pero tampoco me están dejando quedarme, pensé.
No lo dije.
Cuando salió del cuarto, me quedé mirando mis manos. Temblaban un poco. Decidí levantarme, bañarme, intentar funcionar como una persona normal.
El agua caliente cayó sobre mi cuerpo, pero no se llevó nada. Ni el nudo en la garganta ni el peso en el pecho.
...****************...
Horas después, el sonido de la puerta principal anunciando que Alejandro había vuelto, me erizó la piel. No salí. No sabía si podía sostenerlo otra vez sin romperme.
Unos pasos se acercaron. La puerta se abrió lentamente.
Alejandro: ¿Puedo?
Melani: Sí.
Entró y cerró detrás de él.
Alejandro: Te estuve buscando.
Melani: Estaba aquí.
Se acercó.
Alejandro: No comiste nada.
Melani: No tenía hambre.
Me observó con atención.
Alejandro: Estás llorando.
Negué.
Melani: Ya no.
Se sentó frente a mí, apoyando los antebrazos en las rodillas.
Alejandro: Hablé con mi mamá.
Mi corazón dio un salto.
Melani: ¿Y?
Alejandro: No está enojada… está preocupada.
Reí sin humor.
Melani: Todos lo están.
Me tomó la mano.
Alejandro: Yo también.
Bajé la mirada.
Melani: Entonces dime… ¿qué va a pasar ahora?
Se quedó callado.
Ese silencio fue más cruel que cualquier respuesta.
Melani: Alejandro…
Alejandro: No quiero prometerte nada que no pueda cumplir.
Retiré la mano lentamente.
Melani: Siempre dices eso.
Alejandro: Porque es la verdad.
Lo miré con los ojos llenos de lágrimas.
Melani: ¿Y qué pasa con lo que sentimos?
Suspiró profundamente.
Alejandro: Eso no desaparece solo porque no debería existir.
Me levanté de la cama.
Melani: Entonces dime cómo se supone que haga para apagarlo.
Él también se levantó.
Alejandro: No lo sé.
Eso me quebró.
Melani: ¿Sabes lo injusto que es amar a alguien que no sabe qué hacer contigo?
Me miró herido.
Alejandro: ¿Crees que no me duele?
Melani: No lo sé… porque siempre eres tú el que se va primero.
Sus ojos se oscurecieron.
Alejandro: Me voy porque si me quedo, te prometo cosas que no puedo darte.
Melani: Pero quedarte también es una decisión.
Se acercó tanto que tuve que levantar la cabeza para mirarlo.
Alejandro: Mel… si esto sigue así, uno de los dos va a salir destruido.
Melani: Tal vez ya lo estamos.
El aire entre nosotros se volvió denso.
Alejandro: Dime que no te importo tanto.
No pude.
Melani: No puedo mentirte.
Cerró los ojos.
Alejandro: Entonces dime que puedes irte.
Tampoco pude.
Melani: No todavía.
Apoyó su frente en la mía.
Alejandro: Esto nos va a doler más de lo que creemos.
Melani: Ya duele.
Se separó lentamente.
Alejandro: Necesito tiempo.
Mi corazón se apretó.
Melani: ¿Tiempo para qué?
Alejandro: Para pensar… para ordenar… para no lastimarte más.
Asentí, aunque no quería.
Melani: ¿Eso significa que te vas a alejar?
Alejandro: Significa que tengo miedo.
Lo miré fijamente.
Melani: Yo también… pero me estoy quedando.
Eso lo desarmó.
Me abrazó fuerte, con desesperación.
Alejandro: No quiero perderte.
Melani: Entonces no me sueltes tan fácil.
Se quedó en silencio, abrazándome, hasta que escuchamos voces afuera.
Se separó.
Alejandro: Tengo que salir.
Melani: Lo sé.
Antes de irse, me miró por última vez.
Alejandro: Descansa… por favor.
Asentí.
Esa noche no dormí. Pensé en Natali, en sus advertencias. Pensé en Karen, en sus silencios incómodos. Pensé en mi mamá, ajena a todo. Pensé en Alejandro… siempre en él.
Al día siguiente, en el hospital, Natali me observó apenas llegué.
Natali: Estás peor.
Melani: Me siento igual.
Natali: No mientas.
Suspiré.
Melani: No sé cómo soltar algo que aún no terminó.
Natali: A veces no termina… solo deja de ser sano.
Eso me dolió porque era verdad.
...****************...
Durante el día apenas hablé. Cumplí, hice lo que debía, pero por dentro estaba vacía.
Al volver a casa, Alejandro no estaba. Me senté en la cama, abrazando uno de los monos de peluche. Ridículo, pero necesario.
Horas después, un mensaje llegó.
Alejandro: “Mor, llego tarde. No me esperes.”
Lo leí varias veces.
No respondí.
Me dormí abrazando la almohada, entendiendo algo que me negaba a aceptar:
amar no siempre significa quedarse, y a veces, querer no es suficiente.
Y aun así… yo no estaba lista para irme.