Nina reencarna en un mundo mágico con una nueva oportunidad para ser feliz.
*Esta novela es parte de un gran mundo mágico, te invitamos a leer el resto de las historias*
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Biblioteca
Al día siguiente, encontró a Nina sola en la biblioteca, revisando un libro de protocolo real para prepararse para la boda.
Eliah cerró la puerta detrás de él.
Nina levantó la vista, tranquila.
Nina: Buen día, Lord Eliah.
Él caminó hacia ella decidido, con una mezcla de ansiedad y arrogancia.
Eliah: Nina, necesitamos hablar.
Nina suspiró.
Nina: Ya hablamos. Varias veces.
Eliah: No de esto. Sé que aún te sientes atraída por mí.
Nina: ¿Qué…?
Eliah, convencido de su versión, continuó..
Eliah: Fuiste tímida conmigo durante años. Me mirabas como si fuera lo más importante. Yo lo sé. No quiero que te lastimes. Ese interés por el capitán es solo… un impulso. Algo nuevo. Sé que en tu corazón..
Nina: Lord Eliah, no confundas el pasado con el presente.
Eliah: Nina, sé que me sigues queriendo, solo estás confundida.
Y dio un paso más, acercándose demasiado.
Nina retrocedió, levantó una mano para marcar distancia.
Pero él dio otro paso.
Eliah: Déjame demostrarte..
Y entonces intentó besarla.
Rápido.
Impulsivo.
Convencido de que ella “despertaría” al ser besada.
Pero Nina ya no era esa niña. Nina ya no era esa sombra.
El sonido de la bofetada resonó en toda la biblioteca.
Eliah se quedó helado, con la mejilla roja y los ojos muy abiertos.
Nina.. temblando, no de miedo sino de ira.. lo miró directo a los ojos.
Nina: ¡No vuelvas a hacer eso!
Eliah: N-Nina, yo solo..
Nina (furiosa): ¡NO! No tienes derecho. No tienes permiso. No tienes poder sobre mí.
Jamás en su vida la había visto así.. fría, firme, absolutamente inamovible.
Nina: no vuelvas a acercarte a mi!
Eliah palideció.. y sus pensamientos se ordenaron..
[Si Nevin se entera lo destrozaría. Y Roland… Roland no lo dejaría ni respirar.]
Nina: Me faltaste el respeto. Me invadiste. Y me trataste como si fuera tuya. No lo soy. Nunca lo fui. Así que sal de aquí.
Eliah salió rápido arrepentido, pero en silencio.
Después del incidente en la biblioteca, Nina salió como una tormenta silenciosa.
No lloraba.
No temblaba.
Pero su mirada… ardía.
Roland la vio cruzar el pasillo con el ceño fruncido y pasos duros, totalmente distinta a su dulzura habitual. Al instante supo que algo había ocurrido.
Con la calma de un soldado entrenado para notar hasta el mínimo cambio emocional, se acercó con suavidad, pero firmeza.
Roland: Nina… ¿qué pasó?
Nina: Nada. Estoy bien.
Roland la miró fijamente. No la tocó. No la presionó.
Roland: No, no estás bien.
Ella apretó los puños.
Él dio un paso más, bajando la voz.
Roland: Estoy aquí. Dímelo.
Nina exhaló de golpe. Las palabras salieron antes de que pudiera contenerlas.
Nina: ¡Eliah intentó besarme! Lo intenté parar y no hizo caso. ¡Lo intentó igual!
Roland se quedó inmóvil.
No respiró.
No parpadeó.
Sus ojos grises se volvieron fríos. Letales.
Pero su voz… su voz siguió suave, calmada, protectora..
Roland: ¿Estás herida?
Nina: No. Solo… furiosa.
Roland: Como debe ser.
Ella lo miró de reojo, un poco avergonzada de su rabia.
Nina: Voy a usar esta energía para entrenar.
Roland sonrió apenas.
Pero no era una sonrisa dulce.
Era la sonrisa de un depredador que ya había decidido algo.
Roland: Entrenemos, entonces.
Lo hicieron.
Nina descargó la rabia en cada golpe, cada giro, cada paso.
Roland la guiaba, la contenía, la fortalecía.
Y cuando terminó, estaba exhausta… pero más tranquila.
Nina: Gracias, Roland.
Roland: Para eso estoy.
Pero cuando Nina se fue a su habitación, Roland quedó solo en el patio. Su expresión se endureció.
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