Eloisa se encontraba llena de tristeza mirando el cielo rojo que se pintaba con el atardecer, en su mente las imagines de su madre se hacían presente, recordaba con dolor la traición del hombre que le juro amor eterno, sentía que su vida ya no tenía sentido en tan poco tiempo había perdido tanto. No tenía idea por dónde comenzar, mientras caminaba perdida por la arena de la playa, se encontró con un perro, este la siguió por todo la playa, cuando Eloisa estaba apunto de subirse a su auto, el perro le ladro. Ella dejo que el perro entrara a su auto en la parte trasera, cuando llegó a su departamento, acomodo al perro en una esquina del pequeño balcón que tenía, le colocó agua y comida. Desde ese día su vida de Eloisa a cambiaría por completo, descubre que el pequeño perro que adopto es miembro importante de una numerosa familia que llevan semanas buscando al pequeño perro, ya que el dueño es el hijo mayor de la familia quien se encuentra en un viaje.
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cabello verde
En la madrugada Eloisa se levantó con hambre, la cena fue algo ligero, ya que la señora Fabiola tenía una dieta especial, Eloisa para no molestar acepto cenar lo mismo.
Salió de su habitación y llegó a la cocina con la luz de su celular, alumbró su camino, llegó a la cocina pero no encendió la luz, no quería despertar a nadie, tomó todo lo que necesitaba del refrigerador, busco el pan y los aderezos que le gustaban, tomó un plato y comenzó a prepararse un emparedado jamón con queso, le colocó unos pequeños pedazos de tocino y lechuga fresca. Le agrego los aderezos, tomó el plato y lo colocó en la mesa, de pronto la luz de la cocina se encendió.
Eloisa se quedó inmóvil cuando miró a Gonzalo parado en la cocina.
- ¿que carajos haces aquí?, dijo Gonzalo enojado.
- tu mamá y tu hermana me contrataron para que cuidara a tu madre por las noches, dijo sería Eloisa.
Gonzalo se agarró la cabeza y cerraba los ojos.
- ¿te sientes mal?, dijo Eloisa nerviosa.
- Estoy bien solo trabaje demasiado hoy y me duele la cabeza, pero no puedo dormir.
- ¿cenaste algo?
- No tuve tiempo de comer, menos de cenar.
Eloisa tomo su plato y se paró frente a Gonzalo.
- Toma come, está muy bueno.
Gonzalo la miró enojado, pero tomó el plato, se sentó a comer, Eloisa abrió el refrigerador.
- ¿leche o jugo?, le pregunto.
- Jugo por favor, dijo Gonzalo con la boca llena.
Eloisa le sirvió y comenzó a prepararse otro emparedado.
Gonzalo la miraba y sonrió.
Miró su cabello, sabía que ella lo había cambiado, hace días atrás era rojo y ahora verde, no podía creer que su madre hubiera contratado a alguien como ella, para qué la acompañará.
Gonzalo termino su emparedado y Eloisa le ofreció otro.
- No gracias, estuvo bien con uno.
Eloisa le colocó otro en su plato y lo miró enojada.
- Come no quiero tener que trabajar después para cuidarte a ti, eso no iba a aceptarlo, dijo comiendo su emparedado frente a el.
- ¿cuánto te paga mi madre?, dijo Gonzalo serio.
- Nada, lo hice por la paga que me das de rojo.
La verdad es que es mucho para cuidar a un perro.
- Eso cobran en las pensiones, dijo Gonzalo.
- No tenía idea, que caro, decía Eloisa.
- La verdad es qué jamás te contrataría para que me cuidarás, yo no entiendo cómo mi mamá pudo contratar a alguien con el cabello verde, debió de estar desesperada, dijo Gonzalo dejando el plato en la mesa y levantándose.
Gracias por la cena, se retiró.
Eloisa se quedó asombrada de lo que el dijo sobre su cabello, miró el plato y se molestó.
Es un idiota, ni su plato levanto, no soy su sirvienta, pensó. Después recordó que él la había contratado y que al final ella era solo una empleada más.
Levantó todo en la cocina y se marchó a su habitación.
En la mañana miró un sobre que arrojaron bajo su puerta.
Este dinero es por los tres meses que cuidarás de mi madre, decía el sobre.
Cuando Eloisa lo abrió y lo contó se quedó asombrada, era demasiado dinero. Era lo que ella ganaba en un año.
Salió de su habitación y se sentó junto a la señora Eloisa en la mesa.
- Buen día señora Eloisa, dijo Eloisa sonriendo.
- Buen día linda.
- Señora Fabi, Gonzalo me pagó por los meses que estaré aquí acompañándola y yo no quiero aceptar ese dinero, quiero entregárselo a usted
- Hoy Gonzalo me visitó en mi habitación, jamás lo hace, me dijo que iba a pagarte por tus servicios, que cuando regrese Ximena te quiere lejos de esta casa, también me regaño por no pagarte, dijo que tú eres una persona de bajos recursos y que no es justo que abusemos de ti.
El tiene razón te estamos quitando tiempo cariño y debe ser bien pagado.
Eloisa guardo el sobre en su pantalón y sonrió.
- Gracias por el pago. Puedo salir una hora, quiero ir a mi casa a traer algo de ropa.
- si cariño.
Eloisa salió de la mansión en su auto, paso a pintarse el cabello, de dejo solo un tono, no quería verse mal, también fue por ropa más sería, ya que se vestía como una estrella de rock, siempre de negro.
Tomó unos vestidos y los metió a una pequeña bolsa, también tomó algunos zapatos para acompañarlos, tomó algunos libros y paso al banco a depositar el dinero que Gonzalo le entrego.
Regreso a la mansión y continuo con su trabajo, entrenar a rojo, bañarlo y pasar tiempo con la señora Fabiola.
A la hora de la comida Eloisa salió de su habitación con un vestido azul.
La señora Eloisa se quedó asombrada.
- ¿que paso con tu cabello verde?
- Creo que si me van a pagar para ser su cuidadora, debo ser profesional, sonrió.
- Hay hija, tu puedes vestirte como quieras a mí no me molesta, además tú corazón jamás va a cambiar así tengas el cabello de colores.
- Si, pero creo que es hora de mostrar mi verdadero yo, la verdad es que me vestía de negro y pintaba mi cabello como una manera de mostrar mi dolor, mi rencor pero estos días aquí me siento en paz, dijo sonriendo.
En el fondo Eloisa sabía que lo que Gonzalo dijo sobre su cabello la había hecho sentir incómoda, de alguna manera ella no quería que el tuviera una imagen negativa, ya que era la que se encargaba de cuidar a su mamá.
El primer mes Eloisa y la señora Fabiola salían en las noches al cine y a cenar, iban de compras, siempre se llevaban a rojo, en las noches el se quedaba en casa esperando a Gonzalo, aunque Gonzalo había sido claro en qué su perro no podía salir, Eloisa quería de una manera desobedecer su orden por venganza a su comentario sobre el cabello.
La señora Fabiola y Eloisa siempre regresaban antes que Gonzalo para que ellas no tuvieran que darle explicaciones.
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